De la gran novela a las series de TV

No sé si es atrevido decir que a los novelistas de hoy les falta ambición, pero es cierto que los autores más jóvenes ya no creen en la novela total. La ven con escepticismo y consideran que la literatura es más genuina si se repliega en algo más privado. El modelo balzaquiano no está de moda, hoy prima lo kafkiano, lo personal. Existe la sensación de que la novela modelo siglo XIX hoy es el dominio de la televisión. Hay una cierta abdicación frente a la potencia populista de la televisión, que llevaba décadas buscando un género narrativo propio y por fin lo ha encontrado: los seriales, que cumplen ahora la función de la novela decimonónica: llegar al gran público, entretener. La literatura se repliega hacia un mundo menos ambicioso, más intenso que extenso. Con la excepción de los autores de best seller, los escritores no quieren competir con la televisión, reconocen su derrota de entrada. Eso no quiere decir que la gran novela, la novela grande, esté derrotada. De pronto vuelve. Pensemos en Bolaño. Sus dos últimas novelas son muy ambiciosas y han encontrado su público.

Vargas Llosa Mario Vargas Llosa. Babelia

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Cuaderno de poemas. Pedro Salinas

«Mañana». La palabra
iba suelta vacante,
ingrávida, en el aire,
tan sin color ni beso,
que la dejé pasar
por mi lado en mi hoy.
Pero de pronto tú
dijiste: «Yo mañana …»
y todo se pobló
de carne y de banderas.

¡Mañana! qué palabra
toda vibrante, tensa
de alma y carne rosada,
cuerda del arco donde
tu pusiste, agudísima,
arma de veinte años,
la flecha mas segura
cuando dijiste «Yo…»

Pedro Salinas    Pedro Salinas

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Lectura: «Bailando en la oscuridad, de Karl Ove Knausgard

La noticia de la publicación del cuarto volumen autobiográfico del escritor Karl Ove Knausgard significa que hay que hacer espacio como sea a la agenda y procurarse un fin de semana libre donde nada pueda interponerse a la lectura compulsiva. Cada nueva entrega de «Mi lucha» es un fogonazo de verdad, una pieza más que permite ir completando el mapa íntimo y gozosamente inteligible de un hombre, una piedra menos en ese muro que es la búsqueda de sentido a la experiencia humana.

Nada sabíamos del escritor noruego antes de leer la primera entrega, titulada en castellano «La muerte del padre», un libro profundo y doloroso. Desde entonces ha pasado a ser ya un autor de referencia para la autobiografía, ignoro si podrá ser un modelo en el futuro pues la sutileza de su experimento no admite copias sin caer en el fácil estereotipo de su estilo, careciendo de su poder introspectivo. Pero lo mismo se pensaba de Rousseau y la fuerza de «Las confesiones» sigue reverberando.

knausgard-karl-ove-bailando-en-la-oscuridadDe hecho, este libro recuerda mucho al ilustrado francés, pues también Knausgard parece responder al mismo propósito: he aquí la historia de un hombre, pero no la historia pública sino la condensación vibrante de unos sentimientos que lo definen, lo han vertebrado por dentro y lo han hecho, finalmente, como es. Los sentimientos, tan desdeñados siempre —¿cuántas veces hemos leído la estupidez que con buenos sentimientos se hace mala literatura?, como si con los malos pudiera llegarse a algún sitio decente—. Ni Rousseau ni Knausgard, sin embargo, temen enfrentarse a su intensidad, recorriendo a la inversa la extraña forma que dan a nuestra relación con el mundo. Y ahí su historia es la historia de cualquiera de nosotros.

Cada volumen de «Mi lucha» tiene su propio eje temático, sin perder nunca el marco unitario en que se inscribe, siempre el mismo y siempre cambiante. En el primero se trataba del estupor y el duelo por la muerte de un padre frío, maltratador y alcohólico que sembró el desconsuelo a su alrededor; el segundo se volcaba en la experiencia avasalladora de su matrimonio con Linda, su segunda esposa; el tercero en las heridas emocionales fraguadas en la infancia… De modo que en la cuarta entrega todo nos resulta familiar: el paisaje de Kristiansad, los silencios de la madre, la hostilidad paterna, la discreción del hermano, los amigos, las chicas, las cervezas, la intensidad de Knausgard, su pasión por la música…

Sin embargo, en «Bailando en la oscuridad» el epicentro es la conmoción de la adolescencia, esa inmensa suma de imperfecciones, cuando los ideales conviven con las torpezas, el amor y el fracaso van de la mano y donde un muchacho que apenas sabe quién es vive al límite su búsqueda de sentido. La coherencia en relación con el volumen anterior es total: aquel retraimiento cargado de humillación tenía que explotar.

El joven Knausgard, como el niño del libro anterior, vive a merced de una sensibilidad fuera de lo común que le impulsa ahora en todas direcciones, desesperadamente. Alcohol, borracheras hasta perder el conocimiento, escarceos sexuales que acaban en frustración y más retraimiento, mala conciencia y todo aquello, en fin, con lo que carga el inconsciente de un joven ansioso por beberse la vida a largos tragos, por conocer sus caminos, sus secretos, su meta.

Una historia que hemos leído muchas veces pero nunca así, con una libido tan verdadera, con un sentimiento tan agudo del dolor marcado por la inexperiencia. Solo el narrador adulto, consciente de que aquella inmensa magnitud de los sentidos adolescentes ha ido reduciéndose con la edad hasta hacerse manejable, tal vez mezquina, puede volver a ella como diciéndose que ya es hora de que aquella oscuridad efervescente se abra paso hacia la luz.

Anna Caballé. Babelia


Textos

En esa época, en el verano del año en el que cumplí dieciséis años, sólo deseaba tres cosas. La primera era tener novia. La segunda era poder acostarme con alguien. La tercera era emborracharme.

O, para ser sincero, sólo tenía dos deseos: acostarme con alguien y emborracharme. Hice muchas otras cosas, lleno de ambiciones de todo tipo, me gustaba leer, escuchar música, tocar la guitarra, ir al cine, jugar al fútbol, bañarme y bucear con tubo, viajar al extranjero, tener dinero y comprar cosas, pero todo eso trataba en el fondo de sentirse bien, de hacer pasar el tiempo de la manera mejor posible, y eso estaba genial, pero, después de todo, sólo había dos cosas que deseara «de verdad».

No. «En el fondo» y después de todo sólo había una cosa.

Quería acostarme con una chica.

Era lo único que deseaba.

Ese deseo ardía dentro de mí y era un fuego que no se apagaba nunca. Se inflamaba incluso mientras dormía, bastaba con una fugaz visión de un pecho en el sueño para que me corriera acostado en la cama de mi cuarto.

[…]

Esto sólo podría haberlo escrito un hombre de cuarenta años. Yo tengo ahora cuarenta, la misma edad que mi padre tenía entonces, estoy sentado en nuestro piso de Malmö, en las habitaciones contiguas duerme mi familia. Linda y Vanja en nuestro dormitorio, Heidi y John en el cuarto de los niños. Ingrid, la abuela materna de mis hijos, en una cama en el salón. Estamos a 25 de noviembre de 2009. Los mediados de los ochenta resultan tan lejanos ahora como los cincuenta entonces. Pero casi todos los seres de esta historia están todavía por ahí. Hanne está por ahí, Jan Vidar está por ahí, Jøgge está por ahí. Mi madre y mi hermano Yngve –con el que he hablado hace apenas dos horas, porque estamos planificando un viaje a Córcega este verano, él con sus hijos, Linda y yo con los nuestros– están por ahí. Pero mi padre está muerto, mi abuela paterna está muerta y mi abuelo paterno está muerto.

Entre las cosas que mi padre dejó al morir había tres cuadernos de notas y un diario. Durante tres años estuvo anotando los nombres de todas las personas con las que se relacionaba en el transcurso del día, de todas las que lo llamaban, las veces que hacía el amor con Unni, y cuánto bebía. De vez en cuando un breve informe sobre el suceso, pero por regla general nada.

«K. O. de visita», pone a menudo.

Se refería a mí.

A veces pone «K. O. de buen humor» cuando había estado allí.

A veces «una conversación acertada».

A veces «ambiente aceptable».

A veces nada.

Puedo entender que anotara a las personas con las que se había relacionado y charlado en el transcurso del día, que registrara todas las peleas y reconciliaciones, pero no entiendo por qué anotaba lo mucho que bebía. Es como si llevara la cuenta de su perdición.

[…]

Hacía tiempo que había decidido no seguir estudiando, lo que aprendíamos no eran más que bobadas, en el fondo todo consistía en vivir y vivir como uno quería, es decir, disfrutar la vida. Algunos disfrutaban más trabajando. Vale, yo entendía que necesitaba dinero, lo que a su vez significaba que tendría que trabajar, pero no todo el tiempo, y no en algo que me empleara todas las fuerzas y me comiera el alma, para acabar como esos tontos de mediana edad que cuidaban de sus setos y miraban hacia el vecino para ver si tenía más signos de opulencia que él.

Yo no quería ser así.

Pero el dinero era un problema.

Mi madre había empezado a hacer trabajos extras para llegar a fin de mes. Además de su puesto de profesora en la escuela de enfermería, hacía guardias en el hospital los fines de semana y en vacaciones. Debía de ser la casa lo que costaba tanto dinero. Le había comprado su parte a mi padre, y tenía un préstamo grande. Yo personalmente no notaba nada, tenía el dinero que ganaba en el periódico, además de la pensión alimenticia que me pasaba mi padre, y si me lo gastaba todo, aún quedaba la posibilidad de sacarle algo extra a mi madre, de modo que todo iba bien. A veces ella criticaba mis prioridades, el que me comprara tres discos nuevos un viernes por la tarde y fuera por ahí con la suela de un zapato completamente suelta. Pero eso es algo material, dije, no es más que una cosa, la música en cambio es algo muy distinto. ¡Eso es espiritual, joder! Y eso es lo que uno realmente necesita, realmente, quiero decir, y hay que darle prioridad. Todo el mundo da prioridad a las cosas. Todos quieren chaquetas nuevas, zapatos nuevos, coches nuevos, casas nuevas, caravanas nuevas, cabañas nuevas y barcos nuevos. Pero yo no. Yo compro libros y discos porque cuentan algo sobre las cosas importantes, sobre lo que significa ser persona en esta tierra. ¿Lo entiendes?

–Sí, sí, supongo que de alguna manera tienes razón. ¿Pero no resulta incómodo ir por ahí con una suela suelta? Tampoco da muy buena impresión.

–¿Qué quieres que haga? No tengo dinero. Esta vez he dado prioridad a la música.

–A mí me sobra un poco de dinero este mes. Te daré para un par de zapatos. Pero tienes que prometerme gastártelo en zapatos y no en otra cosa.

–Lo prometo. Muchas gracias.

Salí de su despacho de la escuela de enfermería y bajé a la ciudad a comprar unas zapatillas de deporte y un LP bien de precio.

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Karl Ove Knausgard. Bailando en la oscuridad. Mi lucha 4

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Anaïs Nin y Henry Miller: La entrega a un mundo pasional

 

Un almuerzo casual en la periferia de París unió a Anaïs Nin y Henry Miller, dos almas que ansiaban hacerse a sí mismas a través de la escritura. Desde ese primer encuentro en 1931, y a pesar de las distancias físicas, no volvieron a separarse jamás, sus palabras los mantenían unidos. […]

Origen: Anaïs Nin y Henry Miller: La entrega a un mundo pasional –

Por Alejandra Muñoz

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La paz y la libertad del poeta

alexander-blokSólo paz y libertad son indispensables para el poeta, porque también le pueden quitar esa paz y esa libertad; y no la libertad común, sino la libertad creadora, la libertad secreta. El poeta se muere cuando comienza a faltarle el aire libre para respirar, porque la vida pierde sentido. Los amables burócratas que observan con indiferencia el dolor del poeta que busca la armonía del alma y del corazón, esa gente merece que se la llame chusma. Y cuídense de no merecer otro apodo.

Alexander Blok

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Reflexiones. Pier Paolo Pasolini

pasolini

Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo: horas y horas de soledad son el único modo para que se forme algo, que es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos.

Pier Paolo Pasolini

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Antonio Colinas. La poesía

Antonio ColinasLa poesía es un medio para afrontar la vida, es un modo de ser y de estar en el mundo. La vida es una lucha continua entre contrarios, pero en el poema se deshace esa dualidad […] es un medio poderoso para desarrollar nuestra psique, conocernos y conocer a los demás.

Antonio Colinas

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Las mejores novelas del año y otras que se quedaron en el camino de serlo

Origen: Las mejores novelas del año y otras que se quedaron en el camino de serlo

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Proceso creativo, ideas

Una situación. Alguien queda detenido en un ascensor en los pisos altos de un edificio. Podemos insistir en las condiciones de la escena (corte de luz, por ejemplo, imposibilidad de hacer saber que está ahí) y tendríamos entonces un relato donde el protagonista sería secundario. Pero si quien sube al ascensor es, por ejemplo, un asesino que viene de matar a alguien en el piso de arriba, desde luego la situación empieza a desarrollarse. En un caso el relato parte del ascensor detenido, en el otro caso partimos del personaje que acaba de matar y huye. Tengo que seguir pensando en esta cuestión.

Otra idea

Un cuento, narrado en futuro, como si el narrador conociera los hechos antes de que sucedan por un mecanismo que no se explica pero que convierte al relato en un texto de ciencia ficción. «Puedo asegurar que él morirá dentro de cinco segundos. Dentro de cinco segundos él se derrumbará por la escalera mecánica con un balazo en la cabeza. Ahora cruza el pasillo y la muerte ya está junto a él, etc.»”

Ricardo Piglia  

Ricardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi. I. Años de formación

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5 libros gratis en PDF para el fin de semana

¿Se viene el fin de semana y no tienes nada para leer? Te presentamos cinco libros gratuitos en formato PDF para acompañar tus días de descanso.

Origen: 5 libros gratis en PDF para el fin de semana | Oye Juanjo!

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