Nemanja Nikolić, Panic Book, 2015. Animación

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El arte de escribir

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El secreto de la escritura o, dicho de otro modo, el arte de escribir a fin de suscitar la atención del lector, consiste en conocer la frontera que separa lo que se puede expresar con ayuda de las palabras y lo que no se puede expresar, y en saber detenerse justo en esa frontera.

Junichiro Tanizaki. Tratado de la escritura

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Cuaderno de poemas. Amalia Bautista

He soñado la casa de mi infancia,
la galería, el vértigo del patio,
la escalera gastada, el pasamanos.

Me he visto ahora, con mis hijas,
enseñándoles cómo se podía
vivir en los espacios
que ellas sentían tan extraños.

Cómo cantar o saltar a la comba,
o cómo merendar con los abuelos,
o cómo, en la ventana,
esperar que mi padre volviera del trabajo.

Y allí estaban aquellos, los fantasmas
que antes de serlo fueron esa vida
y mi vida. Se acercan, me preguntan
cómo va todo. Y yo digo que bien,
miento y no les engaño, ellos saben
quién me quiere y quién no. Mis hijas miran
con esos ojos que son mundos plenos.

No entienden casi nada. Yo tampoco.
Salimos del portal, la nube se desgaja,
mis fantasmas siguen allí, sonríen.

Desde lejos me abrigan con su sombra.

amalia-bautista  Amalia Bautista

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Álbum de Bibliotecas en construcción, LXVII

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Biblioteca de Coimbra. Portugal

 

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«Selexyz Dominicanen Bookstore». Maastricht, Raises Bajos

 

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Descarga: Anaïs Nin – Diarios amorosos Incesto (1932-1934) – Fuego (1934-1937)

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Origen: Descarga: Anaïs Nin – Diarios amorosos Incesto (1932-1934) – Fuego (1934-1937)

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Los materiales del escritor

Banville

 

Siento que estoy trabajando en los estertores de una civilización que tenía sus orígenes en los antiguos griegos y que comenzó a destruirse en el siglo XIX. Me da la sensación de que trabajo con ruinas, con los restos de un desastre. Voy andando por un campo de batalla y los pequeños restos que quedan del destrozo general, pequeñas maravillas, las rescato como puedo.

John Banville

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Novelas y poemarios para regalar: para leer incluso dentro de un cuadro

Libros en los que caben siglos de literatura y libros sin palabras. Clásicos como Baroja junto a novelistas recién llegados. Homenajes musicales y un atlas imposible. Sin olvidar tres propuestas poéticas: Pizarnik, Plath y Rimbaud

Origen: Novelas y poemarios para regalar: para leer incluso dentro de un cuadro

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Lectura: «Solo», de August Strindberg

En 1903 August Strindberg publica «Solo», un pequeño relato autobiográfico escrito cuando el autor sueco sobrepasaba ya la cincuentena. De regreso a Estocolmo tras una década de ausencia, Strindberg se reúne con sus viejos amigos solo para darse cuenta de que ya nada le une a ellos. Poco a poco va abandonando su trato hasta quedarse solo, encontrando «un gran placer en oír el silencio y prestar atención a las voces nuevas que en él pueden sentirse».

Pero no debe pensarse que «Solo» es, en consecuencia, un panegírico de la soledad. Más bien puede entenderse como un estudio sobre la misma, en el que Strindberg va desgranando las ideas y sensaciones que una vida voluntariamente solitaria provoca en él.

No pretendo negar que al principio fuera difícil, ni tampoco que el vacío que se hizo en torno a me insistía en ser llenado. Al interrumpir mis contactos con otras personas me sentí, en un primer momento, como si perdiera fuerza. Pero simultáneamente, mi yo comenzó, por así decir, a cristalizar, a condensarse en torno a un núcleo, en el que todas mis vivencias se iban concentrando, dirigiéndose y convirtiéndose en alimento para mi alma.

Strindberg describe su régimen de vida: cómo vive, cómo organiza su día a día, sus pequeñas rutinas y las reflexiones que ocupan sus pensamientos. Cuando se lleva una vida igual, algo monótona, y no hay nadie que venga a alterarla con sus problemas o sus alegrías, poco a poco uno se vuelve hacia adentro, lo que no es malo. Pero también empieza a dedicarse a observar pequeñas minucias a las que tal vez en otras circunstancias no prestaría atención: los ruidos de los vecinos, la instalación de un comercio en la planta baja del edificio donde reside o los desconocidos con los que se cruza en sus paseos diarios.

strindberg-soloQue la soledad, aunque elegida, se va haciendo pesada, se hace patente página tras página. El sentimiento de libertad e independencia que el autor experimenta y describe al principio va dejando lugar a una sensación de pesadez, de aburrimiento e incluso de desesperación.

Esa sensación alcanza su culmen cuando el verano llega y la ciudad queda desierta. En el vacío de las calles, en la quietud de su habitación, Strindberg echa de menos las canciones que su vecina tocaba al piano o el sonido del teléfono en el piso contiguo.

Si como ensayo sobre la soledad este breve texto puede resultar interesante, todavía lo será más para cualquier lector interesado en conocer mejor a uno de los creadores más destacados, pero también más polémicos de la literatura universal.

En «Solo», Strindberg se muestra con todas sus luces y sus sombras. Recuerdos sobre su vida (recordemos que es ya un hombre mayor), impresiones sobre su día a día, reflexiones sobre religión, sobre literatura o sobre la sociedad de su tiempo pespuntean toda la obra. En ellas se mezclan su claridad de ideas y la independencia de juicio, pero también las rarezas y la soberbia de un alma extremadamente sensible, hecha sin duda para permanecer aparte del torbellino de la existencia.

De «Solodelibros»


 

Textos

En esto consiste, a fin de cuentas, la soledad: enredarse en la seda de la propia alma, convertirse en capullo y esperar la metamorfosis, que no puede faltar. Durante este tiempo, uno vive de sus vivencias, y vive también, telepáticamente, la vida de otros. Muerte y resurrección: una nueva educación para algo nuevo y desconocido.

Uno acaba siendo el único dueño de sí mismo. Nadie cuyos pensamientos controlen los míos, nadie cuyos gustos o caprichos pesen sobre mí. Es entonces cuando el alma comienza a crecer en su libertad recién adquirida, y se experimenta una inaudita paz interior, una alegría tranquila y un sentimiento de seguridad y de responsabilidad sobre uno mismo.

[…]

Lo primero que uno alcanza en soledad es un compromiso consigo mismo y con el pasado. No es tarea fácil, desde luego, porque el autodominio requiere todo una educación. Pero no hay estudio más agradecido que el autoconocimiento, si es posible tal cosa.

august-strindberg  August Strindberg. Solo. Ed. Mármara

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Cuaderno de poemas. Ilan Sheinfeld

Para dormir en paz necesito arrojar niños muertos de mi cama

Un niño arrugado, de abultado vientre, yace sobre mi cama.
Sus ojos se derraman, lentamente, con una paz indescriptible.
Las moscas devoran la comisura de sus labios pálidos
y aterrizan en sus cabellos: pegoteados, revueltos, salvajes.

No es sencillo dormir junto a un niño muerto.

Un extranjero niño yace en mi cama;
hay acidez en el ambiente y avanzada pudrición.
Su sangre sobre mi colcha coagula en grandes manchas.

Es una pena arrojar a un niño muerto
para que lo devoren en las calles.
Pero ya es tarde, estoy cansado, necesito mi cama
y de ningún modo sería capaz de dormir
con un muerto, niño y extranjero,
en mis brazos.

ilan-sheinfeld  Ilan Sheinfeld

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Elizabeth Bishop, la persona más sola del mundo

Nació en Woscester, Massachusetts, en 1911. Desde ese momento asumió el destino de los poetas, para quienes la poesía es un desierto en el que detenerse para escuchar imperturbable la voz del Ser. Le dijo a Robert Lowell: «Cuando escribas mi epitafio, di que he sido la persona más sola del mundo», pero tuvo la desgracia de sobrevivirle. «Protegé» de Marianne Moore, a quien todos recuerdan en su lugar, demostró una verdadera ley melancólica: para rendir justicia a uno es necesario ser injusto con otro.

Tuvo predisposición a los problemas sentimentales, el abuso del alcohol y los largos viajes. De Brasil, donde paso dieciséis años, describió minuciosamente los infalibles horizontes. Despreciaba la metáfora, cuyo inconveniente es que embellece las cosas, y la elocuencia romántica, que tiene el defecto de ser imprecisa. Hizo como Pedro Garfias: dejar las palabras en suspensión incluso durante años, esperando ocupar ese vacío un día u otro. Los pocos versos que publicó brillan como los minuciosos espejos de Van Eyck.

De vuelta a Boston, para envejecer, observó que los recuerdos de infancia son los horóscopos de un destino ya vivido. En 1979 comparó un arco iris con un pájaro que huye hacia el cielo como el mercurio de un termómetro roto; acabó el poema con la palabra «gay», es decir, lesbiana y feliz, y murió.

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos.

 

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