Thomas Wolfe: la construcción de una novela

Faulkner no escatimó elogios: “Thomas Wolfe es el mejor; después estoy yo; después, Hemingway”. Del tiempo y el río no sólo es una de las obras más ambiciosas de la literatura norteamericana, sino también uno de los monumentos novelísticos del siglo XX. Una obra de arte total, a la que nada humano le es ajeno. De una voracidad, desmesura y lirismo sin igual, con un exceso al que debe su irrepetible grandeza y el lugar de honor que ocupa en la literatura mundial. Una obra tan gigantesca plantea de por sí varias preguntas: ¿Qué lleva a un autor a entregarse a un trabajo tan exhaustivo? ¿Cómo hace para que su vida y sus intenciones artísticas no naufraguen en el océano de las palabras en el que desemboca el torrencial fluir de su escritura? ¿Qué sentido tiene escribir –y escribir tanto–, qué le ocurre a un hombre cuando se convierte en un escritor tan apasionadamente unido a su obra? […]

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Lectura: «Tan poca vida», de Hanya Yanagihara

Pocas novelas llegarán, en lo que queda de año, precedidas por tanto ruido como ‘Tan poca vida’, de Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1975). Fue la gran revelación de la narrativa estadounidense en 2015: finalista de todos los premios, cabeza de lista de toda la prensa, tuvo incluso violentos detractores que multiplicaron el estruendo.

El arranque nos propone seguir el desarrollo de la amistad, a lo largo de casi tres décadas, de cuatro hombres que coincidieron por azar, en la universidad: Malcom, arquitecto con pretensiones artísticas; Willem, que pronto pasará de camarero a actor de primerísima fila; Jude, abogado que también alcanza pronto el éxito profesional; JB, artista que pinta cuadros basados en retratos fotográficos de sus tres amigos. Estamos en Nueva York y los personajes usan móviles, pero la historia parece transcurrir en una especie de burbuja carente de concreciones temporales y geográficas.

Tanto el tono como el rumbo aparente de la novela cambian cuando descubrimos que Jude se autolastima con frecuencia y, poco después, sabemos que ese comportamiento tiene su origen en los maltratos sufridos en la infancia. A partir de ahí, JB y Malcom se desdibujan, Willem permanece como comparsa y Jude accede a un primer plano del que se negará a desaparecer. La novela avanza a partir de entonces por medio de flashbacks que nos van revelando los secretos terribles de su pasado. No poder nombrar aquí esos secretos dificulta solo en parte el comentario. De pronto, dejamos de hablar de amistad y crecimiento, de ambiciones y logros, y nos centramos en los abusos o, mejor dicho, en sus dramáticas consecuencias. El texto busca su excelencia como tratado sobre el dolor; contiene párrafos, páginas enteras, que indagan en ese aspecto y, lejos de provocar la previsible repulsión, logran fascinar al lector y vislumbrar incluso la belleza en la aberración.

thanya-yanagihara-tan-poca-vidaLos logros se imponen a ciertas imperfecciones que no podemos dejar de mencionar. Incluso sus principales defensores se vieron obligados a señalar errores gramaticales de cierto calibre y, sobre todo, algunos detalles que restan verosimilitud a la historia: parece imposible que Jude solo encontrara en su infancia seres absolutamente abyectos, sin excepción de ninguna clase; y que, en la edad adulta, viva sólo rodeado de seres angelicales. Se entiende que Yanagihara buscaba en esos extremos un contraluz que resaltara el drama del protagonista, pero la credibilidad de la historia paga un peaje por ello. También provoca cierta desconfianza que los cuatro protagonistas alcancen el éxito casi por obligación. Y podría discutirse el tono axiomático con que Yanagihara presenta la evolución moral de sus personajes: te maltratan, ergo maltratas.

Algunas de esas imperfecciones bastarían para echar por tierra novelas menos meritorias, pero ‘Tan poca vida’ sobrevive a sus errores precisamente porque está viva, porque contiene un nucleo de veracidad, de auténtica indagación literaria, una exploración fascinante de un dolor algo narciso. Acaso por eso la edición española luce en su portada la misma imagen que la americana, una fotografía en la que un hombre exhibe lo que parecería una mueca de dolor, si no fuera porque pertenece a una serie del fotógrafo Peter Hujar sobre el amor y la lujuria y se llama ‘Orgasmic Man’.

Enrique de Hériz. El Periódico


 

Textos

No sé muy bien por dónde empezar. Quizá con unas palabras bonitas aunque también ciertas. Enseguida me caíste bien. Tendrías unos veinticuatro años cuando nos conocimos, lo que indica que yo tenía cuarenta y siete (¡Dios mío!). Vi en ti a un muchacho fuera de lo común; más tarde él me hablaría de tu bondad, pero no era necesario, yo ya sabía que eras bueno. Fue el primer verano que vinisteis todos a casa y resultó un fin de semana extraño, tanto para mí como para él; para mí porque en vosotros cuatro vi quién y cómo podría haber sido Jacob, y para él porque solo me conocía como profesor, y de pronto me veía con pantalones cortos y delantal, sacando las almejas de la parrilla mientras discutía con vosotros sobre un tema y otro. Solo cuando por fin dejé de ver la cara de Jacob en vosotros, fui capaz de disfrutar del fin de semana, en gran medida por lo mucho que disfrutabais. No visteis nada extraño; dabais por sentado que caíais bien a la gente, no por arrogancia sino porque era lo normal y no teníais motivos para pensar que vuestra educación y afabilidad pudieran dejar de ser correspondidas, mientras fuerais educados y afables. Él tenía todos los motivos para no pensar de ese modo, desde luego, pero yo no lo descubriría hasta más adelante. En aquellos días lo observé durante las comidas, advertí cómo se recostaba en la silla durante las discusiones particularmente acaloradas, como si estuviera fuera del cuadrilátero y os analizara a todos; la naturalidad con que me desafiabais sin miedo a provocarme, la despreocupación con que os inclinabais sobre la mesa para serviros más patatas, más calabacines o más bistec; el aplomo con que pedíais y recibíais lo que queríais.

[…]

Jude se sabe imperturbable y cauto, y aunque la imperturbabilidad y la cautela no lo convierten en la persona más interesante, provocativa y brillante de cualquier reunión, hasta ahora lo han protegido, le han permitido llevar su vida de adulto libre de sordidez e inmundicia. Pero a veces se pregunta si se ha aislado tanto que ha descuidado una parte importante de sí mismo y quizá ahora esté preparado para estar con alguien. Tal vez ha pasado suficiente tiempo para que todo sea diferente. Tal vez él esté equivocado y Willem tenga razón cuando le dice que esa experiencia no le ha sido vetada para siempre. Tal vez sea menos repugnante de lo que se piensa. Tal vez sea realmente capaz de hacerlo. Tal vez no le harán daño, después de todo. En ese momento Caleb parece haberse materializado como un yinn, encarnando sus peores temores y sus mayores esperanzas, y ha irrumpido en su vida para ponerlo a prueba: por un lado está todo lo que él conoce, la rutina de una existencia tan regular y prosaica como el constante goteo de un grifo, donde está solo pero a salvo, protegido de todo lo que puede dañarlo. Por el otro están las olas, el tumulto, los temporales, la emoción, todo lo que él no puede controlar, lo que es en potencia horrible y extático, todo lo que ha intentado evitar durante su vida de adulto, todo aquello cuya ausencia le quita color a su vida. La criatura que habita en su interior titubea, sentada sobre sus patas traseras, dando zarpazos al aire como si a tientas buscara respuestas.

[…]

Llegó el día señalado, un lunes de finales de septiembre. La noche anterior había caído en la cuenta de que había transcurrido casi un año desde la paliza, pero no era algo deliberado. Esa tarde salió temprano del trabajo. Había pasado el fin de semana organizando sus proyectos, había escrito un informe para Lucien en el que daba todos los detalles de los casos en los que había estado trabajando. Una vez en casa, colocó las cartas en una hilera encima de la mesa de comedor, junto con una copia del testamento. Había dejado un mensaje al gerente del estudio de Richard diciéndole que el cuarto de baño principal perdía agua y que si podía abrir al fontanero al día siguiente a las nueve —tanto Richard como Willem tenían llaves de su piso— porque él estaría de viaje de negocios. Se quitó la americana y la corbata, los zapatos y el reloj, y se dirigió al cuarto de baño. Se sentó en la ducha con las mangas arremangadas. Tenía una botella de whisky de la que bebía a sorbos para tranquilizarse y un cúter, ya que pensó que sería más fácil de sostener que una cuchilla. Sabía lo que necesitaba hacer: tres cortes rectos y verticales, lo más largos y profundos posible, siguiendo las venas de los dos brazos. Y luego se tumbaría a esperar.

hanya-yanagihara Hanya Yanagihara. Tan poca vida

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Cuaderno de poemas. Phillip Larkin

Sapos

¿Por qué dejar que el sapo trabaje

como un okupa sobre mi vida?

¿No puedo usar mi ingenio de horqueta

y sacarme a la bestia de encima?

 

Mancha seis días semanales

con su veneno repulsivo,

¡sólo para pagar algunas cuentas!

Es un exceso.

 

Mucha gente vive en su sano juicio:

conferencistas, tartamudos,

desgarbados, patanes, perdedores,

y no terminan pobres;

 

mucha gente vive en los cerros

hacen fuego en un tambor,

comen a la suerte de la olla, latas de jurel

y pareciera gustarles.

 

Sus niños andan a pata pelada,

sus esposas indescriptibles

son flacas como galgos, y no obstante

nadie se muere de hambre.

 

Ah, si tuviera tanto arrojo

para gritar, ¡me cago en tu pensión!

pero sé, demasiado bien, que es esa

la materia de nuestros sueños:

 

porque algo muy parecido a un sapo

también habita en mí;

sus ancas son pesadas como la mala suerte

y frías como la nieve,

 

y nunca admitirá que adule

mi forma de lograr

la fama y el dinero y la muchacha

de un solo golpe.

 

No digo que uno calce en la verdad

espiritual del otro;

digo lo duro que es perder cualquiera,

en caso que tuvieras ambas.

Larkin  Phillip Larkin

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La pizarra de Alejandra Pizarnik

Alejandra trabajaba en la pizarra sus poemas con la mecánica de un escultor. Necesitaba, en la primera fase del poema, aquel formato enorme sobre el que escribía frases y más frases, océanos de verbos y sustantivos, que luego desmontaba lentamente hasta alcanzar la desnudez total del verso, la sequía. En ese momento, el núcleo que sobrevivía a la destrucción se copiaba, transparente y sutil, a cuadernos. Su mecánica estaba profundamente influida por el psicoanálisis, lo que la llevaba a reducir el poema al máximo, hasta alcanzar «lo mínimo». A menudo recitaba el verso de Michaux que definía el procedimiento literario: «El hombre, su ser esencial, solo es un punto». Fue Cortázar, en una noche de París, el que mejor desentrañó sus versos.

juan-tallon Juan Tallón. Fin de poema

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El abecedario de Vila-Matas.

El escritor catalán está a punto de publicar «Mac y su contratiempo», en Seix Barral

Casi nada es casual en la vida y obra de este catalán inclasificable, culto, suave, lúcido, audaz, […]

Origen: Artes: El abecedario de Vila-Matas. Noticias de Reportajes

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Del destino del escritor

Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado; la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como yo. En el fondo no puedes comunicarte. Todavía no lo ha conseguido nadie…Lo que escribo nunca corresponde a lo que he imaginado. Los libros deprimen menos, porque uno se imagina que el lector pone más fantasía y a lo mejor consigue que el texto cobre vida.

Thomas Bernhard2  Thomas Bernhard

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Eduardo Galeano. Vivir sin miedo

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Un poema

Siempre que me pregunto qué sea la poesía acabo recordando las palabras de San Juan de la Cruz: «y dé­jame muriendo / un no sé qué que quedan balbuciendo». Esa estela de cometa, esa «pequeña muerte» que viene del no sé qué, esa indefinición me acercan al concepto de poema. Un poema es una posibilidad y un balbuceo, un desconocimiento y, al fin, una inexperiencia. Escribimos lo que no sabemos, lo que desconocemos, su peligro y su bondad. Así creamos: desde la inexistencia, desde la ausencia del lenguaje, desde la inexperiencia. Desde el no existir y el no saber, el lenguaje cr­­­­ea, inaugura el mundo. El poema no describe la experiencia del mundo: es un mundo propio recogido en ámbar, un microcosmos, un nuevo borde de lo real. No haber sabido es la primera de las condiciones para saber. Nos atrevemos a saber, nos atrevemos a decir qué es manzana como por primera y única vez. Con los ojos abiertos, con las palabras abiertas de esta inexperiencia esencial se abre —desde el poema— la realidad.

andres-garcia-cerdan Andrés García Cerdán

Artículo completo en: Oculta | La poesía del desconocimiento: hacia un cántico cuántico

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Piglia, II. Las lecciones del maestro

Escritores de diversas generaciones le rinden este homenaje coral al autor de «Respiración artificial».

Origen: Las lecciones del maestro

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Nacimiento del poema

Considero que el poema nace en la vida, en la experiencia, sin que ello signifique que me deban meter en la escuela de la experiencia. Es un poco absurdo hablar de la escuela de la experiencia, porque la escuela de la experiencia es todo. Todos escribimos a raíz de unas determinadas experiencias. Y sí, el poema nace de la vida, del hecho de estar vivos, […] la poesía, el arte, la arquitectura, la escultura, la pintura, la música…, todo surge de la experiencia biográfica y de la vida; de los pulmones que respiran, de los ojos que miran y de las manos que acarician. Surge, en fin, de los sentidos.

Luis Alberto de Cuenca   Luis Alberto de Cuenca

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