Razones científicas para leer más de lo que leemos

La lectura, además de mejorar la empatía y la comprensión de los demás, es uno de los mejores ejercicios posibles para mantener en forma el cerebro y las capacidades mentales

Origen: Razones científicas para leer más de lo que leemos | Ciencia | EL PAÍS

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Desgarradura

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Lo que escribimos no da sino una imagen incompleta de lo que somos, debido a que las palabras sólo surgen y se animan cuando estamos en lo más elevado y en lo más bajo de nosotros mismos.

Emil Cioran

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10 libros en PDF de Eduardo Galeano para descargar gratis.

Origen: 10 LIBROS EN PDF DE EDUARDO GALEANO PARA DESCARGAR GRATIS – Ortografía & Literatura

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Lorrie Moore. Proceso de escritura

Lorrie Moore

 

Normalmente imagino un conjunto de circunstancias que podrían dramatizar algo que para mí es interesante e importante. Después me imagino a los personajes, luego la voz narrativa y, por último, la estructura.

Lorrie Moore

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Europa y la novela

Discurso pronunciado en el Parlamento Europeo el 7 de diciembre con motivo de la entrega del Premio al Libro Europeo a Javier Cercas por ‘El impostor’.

Origen: Europa y la novela | Babelia | EL PAÍS

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Philip Roth. Proceso de escritura

Es desgradable comenzar un libro.
Tengo muy claro el personaje y su situación, y un personaje en una situación es lo que tengo para empezar.
Peor que no conocer el tema es no saber como tratarlo, porque lo es todo al final. Mecanografío principios y son horribles, son más una parodia inconsciente de mi libro anterior que el punto y aparte que quiero que sea. Necesito algo que conduzca al centro del libro, un iman que lo atraiga hacia él… eso es lo que busco los primeros meses cuando escribo algo nuevo.

Philip Roth Philip Roth

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Crítica de ‘Diario literario’, de Paul Léautaud

La publicación del impúdico Diario literario de Paul Léautaud es un acontecimiento que desmiente el tópico de que las mejores autobiografías son póstumas

Origen: Crítica de ‘Diario literario’, de Paul Léautaud: El tonel y la torre de marfil | Babelia | EL PAÍS

Carlos Pardo

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Álbum de librerías incompleto, 58

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Librería Acqua Alta, Venecia. 1

 

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Librería Acqua Alta, Venecia. 2

 

 

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Librería Acqua Alta, Venecia. 3

 

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Librería Acqua Alta, Venecia. 4

 

 

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Cărtărescu, personaje de Cărtărescu

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) es uno de los escritores europeos fundamentales de ahora mismo. En España tenemos disponible buena parte de su obra gracias el empeño del editor Enrique Redel que, primero desde Libros del Funambulista y desde hace años desde Impedimenta, […]

Origen: Cărtărescu, personaje de Cărtărescu | Rima interna

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El Vieco cortaziano XXI

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».

Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.

Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.

Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso. ¡Oh, como cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

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Julio Cortázar

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