La literatura española…

La literatura española está muy quieta, se mueve muy poco. El realismo lo contamina todo. Las novelas realistas, figurativas, herederas del naturalismo decimonónico, son las que funcionan con éxito. Siempre digo que el «sencillismo» es la excusa de los poco dotados, pero resulta que eso es hoy de lo más meritorio… Pues muy bien, adiós muy buenas, a mí esa literatura no me interesa para nada.

Caballero Bonald  J.M. Caballero Bonald

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Herencias

Imaginemos que usted, improbable lector/a, posee una decente biblioteca personal que ha ido construyendo a lo largo de los años y en la que, como estratos geológicos, los libros indican sus intereses y preferencias (también políticas) a lo largo del tiempo. Tenga usted en cuenta que las bibliotecas nos sobreviven, de modo que, por pura previsión, acuérdese de dejar muy claras instrucciones a sus herederos. Las bibliotecas suelen ser lo primero de lo que se deshacen cuando tienen que vaciar la casa, a menos de que los deudos sean auténticos letraheridos (no se pierdan en la web del Centro Virtual Cervantes la divertida y erudita historia de este catalanismo —»lletraferit»— que ha escrito el académico Pedro Álvarez de Miranda). A lo largo de mi vida he ido comprando en baratillos y librerías de lance docenas de volúmenes que conservaban en las páginas de cortesía amables, sentidas, circunstanciales, agradecidas dedicatorias de sus autores a los (ya fallecidos) propietarios del libro. Una vez adquirí en una librería anticuaria de Boston un par de libros que habían pertenecido al matrimonio Marichal-Salinas. Y en mi biblioteca tengo libros dedicados a importantes escritores de la generación de posguerra y anteriores adquiridos en librerías de lance de aquí y allá. Todo lo anterior viene a cuento de mi última sorpresa al respecto: en el catálogo de la casa de subastas en la que a veces pujo (poco: no me interesan los libros “de bibliófilo”) me fijo en un par de libros (ambos primeras ediciones) regalados a Luis García Berlanga (1921-2010) por sus autores con sendas dedicatorias manuscritas; el primero es «Dos días de setiembre» (Seix Barral, 1962), de mi admirado Caballero Bonald, que incluye una dedicatoria cariñosa y tenía un precio de salida de 30 euros; el segundo es «El Aleph» (Losada, 1949), con “dedicatoria en anteportada” y que, a pesar de algunos defectillos, tenía un precio de salida de 500 euros. Ya ven, la vida.

Manuel Rodríguez Rivero Manuel Rodríguez Rivero. Babelia

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Álbum de librerías incompleto, 73

La librería Moya, en la calle Carretas de Madrid, ostenta el privilegio de ser la más antigua de la ciudad.

Librería Moya, en la calle Carretas de Madrid

Kiosko de libros en el West End de Boston (USA) 1953.

Kiosko de libros en el West End de Boston (USA) 1953

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Cuaderno de poemas. Irene Gruss

Por darnos el fuego,
el buitre te mordió los ojos:
lo hizo más como dádiva
que como un daño. Observa, si puedes,
desde la órbita vacía
qué hemos hecho con el fuego de los dioses.
Mira cómo reprodujimos
sutil y misteriosa consistencia,
las formas variables del fuego.
Mira la guerra: sustancias químicas
penetran los trajes de soldados
mercenarios, víctimas apasionadas.
Mira el calor del hogar: pérdida
de gas, llama viva en el momento
más inoportuno. Pareciera
que los hombres ya
no lo precisáramos.
Hemos ardido tanto y
nunca nos bastó
la leña.
Ahora que estás ciego y helado
en la cumbre de la montaña,
castigados y desaparecidos tu
obstinación, tu tributo,
pregúntale al coro
a quién nos toca entregar
la antorcha,
agradece la piedad del buitre, y
cuida tus llagas
amorosamente.

Irene Gruss Irene Gruss. Prometeo

(A través de «Zoopat»)

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El Vieco cortaziano. XXVIII

Cortázar sobre Borges

…. En principio soy -y creo que lo soy cada vez más- muy severo, muy riguroso frente a las palabras. Lo he dicho, porque es una deuda que no me cansaré nunca de pagar, que eso se lo debo a Borges. Mis lecturas de los cuentos y de los ensayos de Borges, en la época en que publicó «El jardín de senderos que se bifurcan», me mostraron un lenguaje del que yo no tenía idea (…) Lo primero que me sorprendió leyendo los cuentos de Borges fue una impresión de sequedad. Yo me preguntaba: ‘¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho, pero parecería que más que una adición de cosas se trata de una continua sustracción’. Y efectivamente, me di cuenta de que Borges, si podía no poner ningún adjetivo y al mismo tiempo calificar lo que quería, lo iba a hacer. O, en todo caso, iba a poner un adjetivo, el único, pero no iba a caer en ese tipo de enumeración que lleva fácilmente al floripondio…

 

Cortazar y BorgesJulio Cortázar

(A través de «Las cuatro esquinas, una intersección literaria»)

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Verano. Cuatro libros buenos de verdad

Libros

Annie Proulx, Margo Glantz, Monika Zgustova, Francisco Rico, entre las lecturas recomendadas para las vacaciones.

Origen: Verano. Cuatro libros buenos de verdad – Consejos de los expertos Fnac

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Solamente hay una manera de leer

Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente ésos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forme parte de una moda o de un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años, o viceversa. No lea un libro que no sea para usted el momento oportuno.

doris-lessing  Doris Lessing. El cuaderno dorado

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Héctor Aguilar Camín, a Herman Melville

El escritor mexicano Héctor Aguilar Camín rememora la discreta vida del autor de ‘Moby Dick’, Herman Melville,marcada por la muerte de tres de sus hijos.

Origen: Héctor Aguilar Camín, a Herman Melville

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El lector de hoy

Tuve un profesor que me gustaba que solía decir que la tarea de la mejor narrativa era relajar al inquieto e inquietar al relajado. Supongo que buena parte del propósito de la narrativa seria es proporcionar al lector, quien como todos nosotros es una especie de náufrago en su propio cráneo, proporcionarle acceso imaginativo a otros yos. Dado que sufrir forma parte ineludible de tener un yo humano, los humanos se acercan al arte en alguna medida para experimentar sufrimiento, necesariamente como experiencia vicaria, más bien como una especie de «generalización» del sufrimiento. ¿Me explico? En el mundo real, todos sufrimos en soledad; la empatía verdadera es imposible. Pero si una obra de ficción nos permite de forma imaginaria identificarnos con el dolor de los personajes, entonces también podríamos concebir que otros se identificaran con el nuestro. Esto es reconfortante, liberador; hace que nos sintamos menos solos. Podría ser así de simple. Sin embargo observamos que la televisión y el cine popular y la mayoría de los tipos de “baja” cultura -lo cual simplemente quiere decir arte cuyo objetivo fundamental es ganar dinero- son lucrativos precisamente porque asumen que el público prefiere placer al 100 por 100 a una realidad que suele componerse de un 49 por ciento de placer y un 51 por ciento de dolor. En tanto que el arte “serio”, que no se dirige principalmente a sacarte el dinero, tiende a hacer que te sientas incómodo, o te empuja a esforzarte para acceder al disfrute, del mismo modo que en la vida real el placer es consecuencia del esfuerzo y de la incomodidad. Por tanto es difícil que el público, especialmente el joven que ha sido educado para esperar que el arte sea 100 por cien placentero y para recibir ese placer sin esfuerzo, lea y aprecie la narrativa seria. Eso no es bueno. El problema no es que el lector de hoy sea «tonto», no lo creo. Simplemente se trata de que la televisión y la cultura comercial le han enseñado a ser una especie de vago infantil en lo que respecta a sus expectativas. Esto hace que intentar llamar la atención de los lectores de hoy implique una dificultad imaginativa e intelectual sin precedentes.

David Foster Wallace

David Foster Wallace, Entrevista con Larry McCaffery. Review of Contemporary Fiction, 1993

(A través de «Calle del Orco»)

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Reflexiones. Tennesse Wiliams

Tennesse Wiliams

La bestia humana sabe que tiene que morir ¿Y sabes lo que hace? ..Comprar, comprar, comprar. Porque tiene la absurda esperanza de que entre esa montaña de cosas inútiles que compra, se encuentra la vida eterna.

Tennesse Wiliams

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