Pessoa y sus heterónimos

Fernando Pessoa solía pasear por las calles de Lisboa enfundado en una humilde gabardina de color gris, mientras fumaba y expulsaba de su boca el humo de los cigarrillos consumidos y los versos inconclusos que su mente no paraba de producir. En uno de esos días de paseo, Pessoa pasó frente a un escaparate en el cual había un espejo, de reojo vislumbró un reflejo, siguió caminando y unos metros después, se percató de que el reflejo que había visto en el espejo no era el suyo, sino el de otra persona. Pensó que no había sido más que una ilusión óptica, pero su curiosidad le obligó a retroceder y volver frente al espejo. Al mirarse de nuevo en el mismo espejo, Fernando Pessoa observó que el hombre que tenía frente a él, no era él mismo, es decir Fernando Pessoa, sino que era otro; éste otro era un poco más bajo y tenía la piel más morena. Pessoa se movió juguetonamente, pero su reflejo de otra persona, no respondió a ese movimiento con otro similar. El reflejo permaneció quieto. Entonces Fernando Pessoa, mirando fijamente a los ojos de aquella otra persona sin lugar más allá del reflejo de la figura del propio Pessoa, dijo: “Me llamo Ricardo Reis”. El reflejo sonrió y desapareció. Pessoa se mantuvo frente al espejo vacio, esperando el retorno de Ricardo Reis, pero, momentos después, apareció otra imagen en el espejo. Inmediatamente Pessoa le saludó y dijo: “Me llamo Alberto Caeiro”. Esta nueva aparición no sonrió, su rostro, frio como la noche, desapareció. Volvióse a quedar Pessoa solo ante el espejo esperando y, como no hay dos sin tres, segundos después apareció una nueva figura; era un hombre exuberante y con los aires propios de esa grandeza anglosajona. Fernando dijo: “Me llamo Álvaro de Campos”, esta vez, asustado de que el proceso tuviera infinitas concatenaciones, fue el propio Fernando Pessoa el que desapareció del espejo, cansado de haber sido tantos en tan poco tiempo. Esa misma noche, ya de madrugada, Pessoa se despertó pensando si Álvaro de Campos se habría quedado atrapado en el espejo. Se levantó, fue al lavabo y se miró al espejo. Lo que allí encontró fue su propia cara. Dijo entonces: “Me llamo Bernardo Soares”, y se volvió a meter en la cama.

Saramago1 José Saramago

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Literatura comprometida

columnistas-redondos_manuelrivas-440x330La literatura no puede ser un reflejo de lo que está ocurriendo, pero tampoco puede descoserse. De hecho tiene que aportar esa mirada de lo que no se ve. Y ahí puedo compartir esa sensación, la de que falta un riesgo. Tal vez deberíamos apostar más. 

Manuel Rivas

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Clarice Lispector: El vuelo de la esfinge

Clarice Lispector procedía de un misterio, el de sus oscuros orígenes ucranianos, y se adentró en otro en el que profundizaban su porte enigmático y la naturaleza hermética de muchos de sus mejores textos. La mujer que se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf es objeto de una exhaustiva mirada crítica en la biografía de Benjamin Moser que se publica próximamenteen español […]

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El oficio de escritor

El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesterton dijo: «only one thing is needful, everything» (sólo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita amor, y será amado y amante, y consigue su parte. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida.

jorge-luis-borgesJorge Luis Borges

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10 cualidades que debes tener para ser un buen lector según Nabokov

Leer es un acto reflexivo, así como una actividad intelectual, creativa y terapéutica. Los beneficios de leer han sido estudiados, confirmados y difundidos por todo el mundo, sin embargo, aún es un…

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Colección de citas literarias XV

Oscar Wilde

 

En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.

Oscar Wilde

 

 

borges

 

Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca.

Jorge Luis Borges

 

 

George R. R. Martin

 

 

Un lector vive cientos de vidas antes de morir. El hombre que no lee vive solo una.

George R. R. Martin

 

 

 

Amélie Nothomb

 

Solo dejé de escribir un domingo por la mañana. Fue el peor día de mi vida.

Amélie Nothom

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Kafka. Texto (Cuento breve)

Ante la ley

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

  -Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

  La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

  -Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

  El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

  Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

  -Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

 Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

 -¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

  -Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

 El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

  -Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Kafka Franz Kafka

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Utilidad del arte

Cercas

El deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia, a fin de volvernos más complejos, en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo.

Javier Cercas

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Una literatura del desconcierto

Ishiguro entiende la escritura a la vieja usanza, con textos para ser leídos, con miles de lectores, traducido hasta la saciedad y respetado en la sociedad literaria

Origen: Una literatura del desconcierto | Cultura | EL PAÍS

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Álbum de librerías incompleto, 77

Librería Calders, Barcelona

Librería La Calders, Barcelona. 4

Librería La Calders, Barcelona. 3

Librería La Calders, Barcelona. 2

Librería La Calders, Barcelona. 1

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