Lectura: «Qué vas a hacer con el resto de tu vida», Laura Ferrero

El lector disfrutará bastante con esta novela porque posee muchos de los ingredientes para gustar: es intimista, tiene una voz narrativa personal, un personaje interesante en su protagonista, Laura, quien cuenta en primera persona una tragedia familiar ocurrida en unos escenarios atractivos para casi todos, Ibiza y Nueva York, y con un toque culto construido a partir de referencias a otros escritores. Están David Foster Wallace y Clarice Lispector, pero no deja de estar Mario Benedetti. Podría decirse que la temática quiere tomar de los primeros el curso de una ambición, que queda sepultada, sin embargo, por un tono melodramático que quizá mantenga más deuda con el uruguayo que con los primeros. Considero que «Qué vas a hacer con el resto de tu vida» es la primera novela de una buena escritora, a la que se nota mucho ser primera novela.

Laura Ferrero. Qué vas a hacer con el resto de tu vidaTiene momentos magníficos tanto en inventiva como en desarrollo. Lo mejor es el punto de partida, y la ideación de la metonimia de la familia como conjunto de islotes incomunicados, figura que consigue ser muy creíble a partir del padre, Román, un personaje muy rico, lleno de aristas que van creciendo conforme la novela avanza. También la relación de Laura con su padre esta llena de matices y sutilezas, en los que anidan reflexiones maduras sobre la condición de los afectos, los miedos y los silencios.

Melodrama

Y uno que ha entrado en la novela celebrando todo esto, se pregunta que habría sido de ella si no hubiese optado por ir añadiendo ingredientes que sobre todo la hacen derivar hacia un melodramatismo aumentado por varios golpes efectistas que van despegando al lector culto, si bien ganará otros muchos lectores educados en intimismos pérfidos. El caso es que el lector no deja de apreciar que Laura Ferrero seguramente llegará a ser buen escritora, porque tiene muchas dotes para ello. Entre otras las reflexivas, lo que se ve en algunas páginas de densidad menos común; por ejemplo, las nacidas a propósito del tema del exilio.

Pero no es una dicha que surjan en la Universidad de Columbia, ante un personaje de trazo bastante desvaído como Gael, y con una visión de Manhattan que suena al lector a «dèja vu». Esas notas de consumismo culturalista algo facilón dificultan bastante la simpatía que despierta una novela que antes de haber entrado en la trama neoyorquina, había tenido doscientas páginas de desarrollo notable en las que alienta un buen oído para la frase rítmica, también una imaginería en comparaciones bastante originales, con imágenes bien nutridas por las citas literarias incluidas.

Aunque la traza última de la intriga y ciertas atmósferas de su desarrollo final pueden tender a novela de consumo (lo que es muy legítimo), es una obra que contiene varios planos y un planteamiento inicial que me ha parecido inteligente y por momentos brillante. Tiene este crítico la impresión de que en una primera novela se tiende a meter todo el mundo en una botella, siendo así que menos asuntos y truculencias le habrían hecho ganar en densidad e interés.

José María Pozuelo Yvancos. ABC Cultural


 

Textos

La disputa acerca de lo que era o no una isla duró muchos años y hoy sigue siendo un debate irresuelto. Sospecho que, aunque el tiempo le quitara la razón, mi padre nunca dejó de creer que el mundo se equivocaba. Y que tras esa discusión, a mi juicio inútil e infructuosa, había otra cuestión un poco más compleja. Algo sobre lo que mi padre nunca escribió pero que definió su vida: la materialidad de los límites. La línea que marca la diferencia entre lo que es y lo que no. Entre una isla y un continente. El horizonte y el mar. Lo que era una familia y lo que dejaba de serlo. Nosotros éramos una familia compuesta por cuatro islas encerrada dentro de otra isla: Ibiza.

Era imposible ver una isla y no pensar en mi padre, en su deseo de querer atrapar un horizonte en constante movimiento; las islas no se movían, pero la ilusión de encontrarlas a todas, de ponerles un número, un nombre, sí. Su oficio era una pasión desmedida, como la que había profesado a su mujer. Mi madre. Los mapas no muestran la realidad, sino una interpretación de ella. Como las historias que nos contamos. Como la mía, la que yo empecé a contarme en ese avión. La historia de cómo se pudre una familia.

Me enamoré de la literatura porque se parecía mucho a la realidad, tanto que podía confundirse con ella. Pero la literatura me proporcionaba más respuestas que la vida. En ella, los círculos se cerraban, todo encajaba, uno llegaba al final y suspiraba: ah, era esto. Siempre tuve predilección por el género de las memorias, por la capacidad de hacer que todo cuadrara. Porque al mirar atrás todos tendíamos a hacer lo mismo: a encadenar un suceso con otro. Sin embargo, esa concatenación solo existe en la mente del que lo cuenta. En los libros habitan historias cerradas, y existen unos porqués que permiten entender las acciones de los personajes. Nada está puesto por azar, y los elementos de la narración están perfectamente calibrados. Quiero decir que si en determinado momento se cuela un mechero amarillo en la historia es porque probablemente ese mechero jugará un rol importante más tarde. Ya lo decía Chéjov: si aparece una pistola en el relato es porque alguien va a dispararla. Eso me reconforta. Porque luego, lo cierto es que la vida real está llena de pistolas sin disparar, de mecheros no solo amarillos sino de todos los colores, y nadie sabe qué hacer con ellos. Se quedan desparejados en la narración, sin sentido, sin nadie que los recoja del suelo.

Los océanos cubren el 70 % de la Tierra o, dicho de otra manera, una superficie equivalente a la suma de dos veces la superficie de Marte y la Luna juntos. Sin embargo, sabemos más cosas de la Luna o de Marte que de nuestros océanos. De la misma manera, sabemos igual de poco de nuestras propias profundidades. También preferimos ir a Marte. Habitamos ese 30 % conocido, nuestra tierra firme. Mientras que la verdadera vida ocurre dentro de nosotros, en ese terreno vasto, insondable y desconocido. No queremos saber nada de nuestros abismos. Quizá porque, como dijo Nietzsche, cuando miras mucho tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

Laura Ferrero

Laura Ferrero. Qué vas a hacer el resto de tu vida

 

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Clara Janés y Jenaro Talens: «La verdad en un poema siempre sale a la luz, lo quieras o no. Un poema no miente jamás»

Fotografía: Begoña Rivas

A Clara Janés y Jenaro Talens, podríamos describirlos, recordando aquel inolvidable clásico de Hollywood, como «la extraña pareja» de la poesía contemporánea española. Dos nombres de referencia, tanto en su trayectoria profesional como en su obra poética, Clara es académica

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Colección de citas literarias. XXVI

Joan Margarit

La poesía es un cobijo para mí. Un cobijo contra las agresiones morales que sufre el hombre.

Joan Margarit

 

 

William Faulkner

 

 

Porque el que puede actuar, actúa. Y el que no puede y sufre profundamente por no poder actuar, ése escribe.

W. Faulkner

 

 

 

Ricardo Piglia

Nunca sé sobre qué voy a escribir, y a veces esa incertidumbre se convierte en estilo.

Ricardo Piglia

 

 

Mircea Cartarescu

 

Un libro es el espectáculo de una mente.

Mircea Cartarescu

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Descargas: «Divina Comedia» de Dante Alighieri

Origen: «Divina Comedia» de Dante Alighieri, para descargar gratis – EL CLUB DE LOS LIBROS PERDIDOS

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Erri de Luca , proceso creativo

Cuando una historia me entra en la cabeza, para mí es un momento festivo, porque empiezo a vivir esa historia. No tengo muy claro cómo va a ser esa historia, va surgiendo a medida que la escribo, y ese es un momento de gran fiesta. Por eso cuando la termino siento que me falta algo. Entonces la reescribo, porque me da ganas de seguir habitándola.

Erri de Luca

Erri de Luca

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Cuaderno de poemas. «Este amor». Jacques Prévert

Este amor

Este amor
Tan violento
Tan frágil
Tan tierno
Tan desesperado
Hermoso como el día
Y malo como el tiempo
Cuando el tiempo es malo
Este amor tan verdadero
Este amor tan hermoso
Tan feliz
Tan alegre
Y tan irrisorio
Tembloroso de miedo como un elefante en la oscuridad
Y tan seguro de sí
Como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que inspiraba temor a los demás
Que los hacía hablar
Que los hacía palidecer
Este amor acechado
Porque nosotros los acechábamos
Acorralado herido pisoteado acabado negado olvidado
Porque nosotros los habíamos acorralado herido
pisoteado acabado negado olvidado
Este amor todo entero
Tan viviente aún
Y radiante de sol
Es el tuyo
Es el mío
El que fue
Ese amor siempre nuevo
Y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
Tan trémulo como un pájaro
Tan cálido tan viviente como el verano
Podemos los dos
Ir y venir
Podemos olvidar
Y luego volver a dormirnos
Despertarnos sufrir envejecer
Dormirnos otra vez
Soñar con la muerte
Despertarnos sonreír y reír
Y rejuvenecer
Nuestro amor está allí
Terco como una mula
Viviente como el deseo
Cruel como la memoria
Tonto como las quejas
Tierno como el recuerdo
Frío como el mármol
Hermoso como el día
Frágil como un niño
Nos mira sonriendo
Y nos habla sin decir nada
Y yo lo escucho temblando
Y le ruego
Ruego por ti
Ruego por mí
Te sulico
Por ti por mí por todos aquellos que se aman
Y que son amados
Sí yo le ruego
Por ti por mí y por todos los otros
A quienes no conozco
Quédate allí
Allí donde estás
Allí donde estabas antes
Quédate allí
No te muevas
No te mueras
Nosotros los amados
Te hemos olvidado
Tú no nos olvides
Sólo a ti te teníamos en la tierra
No dejes que nos pongamos fríos
Mucho más lejos cada vez
Y no importa dónde
Danos señales de vida
Mucho más tarde en el rincón de un bosque
En la selva de la memoria
Aparece de pronto
Tiéndenos la mano
Y sálvanos.

Jacques Prévert

Jacques Prévert

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Mark Strand. Lecciones narrativas sobre la traducción. I

Mi hijo de cuatro años me sorprendió hace unos meses. Estaba limpiándome los zapatos, agachado, cuando alzó la vista  y me dijo:

-Mis traducciones de Palazzeschi van mal.

Retiré al momento el pie.

_¿Tus traducciones? No sabía que supieras traducir.

-Me prestas poca atención últimamente -me dijo-. Lo he pasado mal intentando decidir cómo deben sonar mis traducciones. Cuanto más las analizo, menos seguro estoy de cómo hay que leerlas o entenderlas. Y como no soy más que un poeta principiante, cuanto más se parezcan a mis poemas, menor es la posibilidad de que sean buenas. Trabajo sin descanso, cambiando esto o aquello una y otra vez, con la esperanza de encontrar por milagro una interpretación adecuada, en un inglés que sobrepase mi capacidad de imaginación. ¡Ay, papá, qué mal lo he pasado!

La imagen de mi hijo forcejeando con Palazzeschi hizo que se me saltaran las lágrimas.

-Hijo -le dije-, deberías buscar un poeta inexperto al que traducir, uno de tu edad, cuyos poemas no sean buenos. Entonces, si tus traducciones son malas, no importará.

Mark Strand. Sobre nada y otros escritos Mark Strand 1

Mark Strand. Sobre nada y otros escritos

 

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Video. Camarón de la Isla. «Romance amargo»

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Reflexiones. Gilles Deleuze

Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraria a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene éste uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas.

Gilles Deleuze

Gilles Deleuze

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La bufanda roja de Yves Bonnefoy

Aparece al fin en España el testamento literario de Yves Bonnefoy, su autobiografía La bufanda roja (Sexto Piso), que permite conocer mejor a un poeta de culto cuyos versos se aprenden en las escuelas francesas.

Origen: La bufanda roja de Yves Bonnefoy

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