Álbum de Bibliotecas en construcción. CV

Biblioteca Casanatense (Roma, Italia)

Biblioteca Casanatense. Roma

 

Biblioteca del Museo Británico (Londres)

Biblioteca del Museo Británico. Londres

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Bolaño o los escritores de antes, Enrique Vila-Matas

Le conocí a Bolaño justo cuando salía de esa etapa de infinitos domingos en los que se había ido forjando su salvaje ánimo, le conocí al final de ese prodigioso año donde algunas cosas acababan jus…

Origen: Bolaño o los escritores de antes, Enrique Vila-Matas – Calle del Orco

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El secreto de Faulkner

Faulkner cuenta como si los lectores formaran parte de la historia que narra, nunca narra nada que los personajes ya conozcan. Por eso el aire de abstracta incomprensión y de magia que tienen los acontecimientos en sus libros.

Ricardo Piglia

Ricardo Piglia

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Hace falta ocultarse

Escribo ahora en la biblioteca de un hotel de Lisboa, a salvo de ruidos insidiosos los titulares del periódico y el guirigay neurótico de las redes

Origen: Hace falta ocultarse | Babelia | EL PAÍS

Antonio Muñoz Molina

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Max Jacob. Consejos a un joven poeta, 17

Desconfíe de su personal expresión en la prosa y utilice todo el diccionario, sin preferencia. Sus personajes no deben parecérsele o deben parecérsele lo menos posible. Es a ellos mismos a quienes se parecen. Así pues, sus palabras no han de ser «usted», sino «ellos». Análogamente, no deben ser los objetos que usted ame los que describa, sino los que ellos mismos amen, y los paisajes adecuados a la situación que es la de ellos. Y si sus palabras describen lo que hay en usted y no lo que hay en ellos, ¡ponga mucha atención!

El arte no es más que un efecto a producir, y es necesario preguntarse por él. No hable de terciopelos si quiere describir la miseria de los barrios de Paris, a menos que busque un contraste.

Escoja, pues, los detalles característicos. A este propósito, estudie las novelas rusas. Le recomiendo las «Almas muertas», de Gogol. Verá cómo se pinta un carácter por el aspecto de una casa o un mobiliario.

Tenga caracteres en la cabeza. Piense en ellos, generalícelos en un «tipo», porque solo tiene interés lo general. Es necesario que cada uno se reconozca, o reconozca a su prójimo, en los personajes que le ofrezca.

Modo de graduar el interés, de cautivar al lector…

No lo sé… Estudie a Balzac, es el maestro de un tipo de novela apasionante; y más aún, Dostoievski.

Lea mucho, lea atentamente, tome notas.

Max Jacob 2 Max Jacob. Consejos a un joven poeta

 

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Cuaderno de poemas. Wallace Stevens

 Trece maneras de contemplar a un mirlo

I

Entre veinte montañas nevadas,
La única cosa en movimiento
Era el ojo del mirlo.

II

Yo era de tres opiniones,
Como un árbol
Sobre el cual hay tres mirlos.

III

El mirlo giraba en el viento de otoño.
Era una parte pequeña de la pantomima.

IV

Un hombre y una mujer
Son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
Son uno.

V

Yo no sé qué prefiero,
Si la belleza de las inflexiones
O la belleza de las insinuaciones,
Si al mirlo silbando
O después.

VI

Los carámbanos cubrían la gran ventana
Con bárbaros cristales.
La sombra del mirlo
La cruzaba de un lado a otro.
El estado de ánimo
Le adjudicaba a esa sombra
Una causa indescifrable.

VII

Oh, esbeltos hombres de Haddam,
¿Por qué imaginan pájaros de oro?
¿No ven cómo camina el mirlo
entre los pies
De las mujeres cercanas?

VIII

Sé de nobles énfasis
Y de ritmos inexorables, lúcidos;
Y sé también
Que el mirlo está implicado
En lo que sé.

IX

Cuando el mirlo se perdió de vista,
Señaló el borde
De uno de muchos círculos.

X

A la vista de los mirlos
Que vuelan en la luz verdosa,
Incluso los alcahuetes de la eufonía
Gritarían con nitidez.

XI

Conducía a lo largo de Connecticut
En un coche de vidrio.
En un momento, el miedo lo punzó,
Al confundir
La sombra de su equipaje
Con mirlos.

XII

Se mueve el río.
El mirlo debe estar volando.

XIII

Fue noche toda la tarde.
Nevaba.
Iba a seguir nevando.
El mirlo se posó
En la rama del cedro.

Wallace Stevens

Wallace Stevens

Versión: Isaías Garde

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La inmolación por la belleza, Marco Denevi

El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.
Una vez alguien encontró una esfera híspida, ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo -como aconsejan los libros de zoología-, tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, o quizá falsas, cascabeles, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, flores de nácar y de terciopelo, mariposas artificiales, un coral, una pluma y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo, hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso.
Todos acudieron a contemplarlo. Según quién lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro Roc o, si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bucentauro, o, si lo miraba algún envidioso, un bufón.
El erizo escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos, había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso.

Marco Denevi

Marco Denevi

(A través de «Patricia Damiano»)

 

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Entrevista con Eloy Tizón

«La literatura es un veneno que se te va metiendo poco a poco, va ocupando más terreno y así surge el germen de una vocación literaria»

El cuentista español Eloy Tizón (Madrid, 1964) habla con Jaqueline Pérez-Guevara sobre su trayectoria y su apuesta por la literatura.

Origen: Eloy Tizón: «La literatura es un veneno que se te va metiendo poco a poco, va ocupando más terreno y así surge el germen de una vocación literaria»

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El Vieco cortaziano. XXXVIII

Para empezar, un escritor juega con las palabras pero juega en serio; juega en la medida en que se tiene a su disposición las posibilidades interminables e infinitas de un idioma y le es dado estructurar, elegir, seleccionar, rechazar y finalmente combinar elementos idiomáticos para que lo que quiere expresar y está buscando comunicar se dé de la manera que le parezca más precisa, más fecunda, con una mayor proyección en la mente del lector.

Cortazar 6

 

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Leonardo da Vinci: la necesidad de crear

Los griegos de la antigüedad llamaban EGREGOR (de egregori = velar) al alma colectiva o espíritu común que se genera en un grupo humano en el que la sinergia de pensamientos crea un ente diferente de las propias mentes del grupo y al que todos ceden parte de su voluntad o […]

Origen: – Leonardo da Vinci: la necesidad de crear

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