La vejez. Edith Wharton

La vejez no existe; sólo existe la pena. Con el paso del tiempo he aprendido que esto, aunque cierto, no es toda la verdad. Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía. Afortunadamente, la vida inconsecuente no es la única alternativa, pues tan ruinoso como la rutina es el capricho. El hábito es necesario; es el hábito de tener hábitos, de convertir una vereda en camino trillado, lo que una debe combatir incesantemente si quiere continuar viva. Pese a la enfermedad, a despecho incluso del enemigo principal que es la pena, una puede continuar viva mucho más allá de la fecha usual de desintegración si no le teme al cambio, si su curiosidad intelectual es insaciable, si se interesa por las grandes cosas y es feliz con las pequeñas. Mientras ordenaba y escribía mis recuerdos, he aprendido que estas ventajas no dependen generalmente de los méritos propios y que es probable que yo deba mi vejez dichosa al antepasado que accidentalmente me dotó de tales cualidades. Otra ventaja (igualmente accidental) es que yo no recuerdo por mucho tiempo mis enfados. Raramente olvido una ofensa a mi espíritu, ¿quién la olvida? Pero la vida la recubre con un rápido bálsamo, y queda registrada en un libro que raras veces abro. 

Edith Wharton

Edith WhartonUna mirada atrás (fragmento)

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«El rey recibe»: la revolución del 68, según Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) – Inés Baucells

La última novela del escritor barcelonés donde revisa movimientos «sesenteros», como el feminismo o el arte pop, resulta fiel a su estilo, y a su sorna, aunque chirría en ciertos aspectos

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Caminos que no llevan a ninguna parte. Roberto Bolaño

Bolaño 2Los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa.

Roberto Bolaño

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Cuaderno de poemas. «El olvido». Silvina Ocampo

El olvido

Desesperado amor, buscas olvido
como buscan la luz las mariposas
en el fulgor entristecido.
Yo siento que al sufrir en mí te posas
como en esos escuálidos jardines
donde canta la voz de una torcaza
perdida en la cornisa de una casa
doliente, en la ciudad, entre jazmines.

Silvina Ocampo  Silvina Ocampo

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Luigi Pirandello, el hombre que amaba a los fantasmas

Uno de ellos, Maria Antonietta Portulano, lo desposó. Al principio tenía un cuerpo que, de hecho, le dio tres indiscutibles hijos, pero después, fulminada por una angustiosa locura, se quedó tan débil que conseguía aparecer sólo en las pesadillas. Aislada en la casa de salud de cierto monasterio romano, cada día se ponía su traje negro de manga larga y puños blancos, se ajustaba en la cabeza un severo sombrerito de viaje, ponía junto a la puerta la maleta hecha y esperaba  a que él viniese a recogerla.

El otro, Marta Abba, fue un sueño demasiado joven para entrar en la noche de un viejo. Cuando la vio recitar y la puso como primera actriz  de su compañía, ella tenía veinticinco años y él cincuenta y ocho. Los vieron juntos por las playa de Castiglioncello, ella con un bikini estampado de leopardo que habría asombrado incluso a un ciego, él oculto bajo el ala de un inmenso sombrero blanco, y se preguntaron si no sería aquello un gran amor basado en lo imposible. ¿Y él? En Como, donde se encontraron en un recital, pasaron una noche que en una carta no dudó en definir como «atroz». Nadie pudo averiguar si aludía al hecho de que la joven diva se había entregado al viejo o si, por el contrario, había rechazado sus reprobables atenciones. Ella, que hubiera podido contarlo, no lo hizo nunca. En 1936, cuando él murió, tras la lectura del testamento ológrafo en el cual le dejaba en herencia una sexta parte de sus posesiones, ella abandonó la escena. Dos años después se casó con un millonario en dólares de Cleveland, a quien abandonó al poco tiempo mediante un suntuoso divorcio.

Sus alumnas de la facultad romana de magisterio también fueron fantasmas, pero hizo una matanza tan platónica que aquí ni siquiera las vamos a contar, como los mexicanos, en el inventario de los caídos.

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos.

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Pessoa sin Pacheco: menos es más

Más de 80 años después de su muerte, continúan desvelándose algunos de los enigmas que rodean su figura: Coelho Pacheco, el más misterioso de sus heterónimos era, en realidad, un poeta de carne y hueso […]

Origen: Pessoa sin Pacheco: menos es más

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El mundo y la metáfora

Wallace Stevens

Algunos objetos son menos susceptibles a la metáfora que otros. El mundo entero es menos susceptible a la metáfora que una taza de té.

Wallace Stevens

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Los cinco consejos de Tolkien para escribir

Los cinco consejos de Tolkien para escribir-

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Video. Entrevista con Muñoz Molina

Muñoz Molina: “He buscado contar el presente a través de los titulares, la publicidad e incluso de la basura”

El escritor charla de Un andar solitario entre la gente , su última obra publicada en Seix Barral

Origen: Muñoz Molina: “He buscado contar el presente a través de los titulares, la publicidad e incluso de la basura” | Opinión | EL PAÍS

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Aparecen los dos cuerpos del rey, Pierre Michon

Año 1961. Más bien otoño, o principios de invierno. Samuel Beckett está sentado. Hace diez años que es rey, algo menos o algo más de diez años: ocho años, porque entonces se estrenó Godot; once año…

Origen: Aparecen los dos cuerpos del rey, Pierre Michon – Calle del Orco

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