Álbum de Bibliotecas en construcción. CXXV

 

Biblioteca Knihovna. Praga

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Lectura. «Mejor la ausencia». Edurne Portela

El curriculo oficial de Edurne Portela (1974) deja constancia de que fue profesora de Literatura Española y Latinoamericana en universidades americanas, donde participó en trabajos de investigación sobre la violencia y sus representaciones en la cultura contemporánea, y sobre la relación entre memoria y ficción. A esta información agrega un título, «El eco de los disparos» (2016), entre el ensayo y la ficción, lograda y valiente declaración de su propósito de contribuir a la reflexión de que el relato de la violencia vivida en el País Vasco ha de empezar a llenarse con historias que no deben callar. 

Y nada más en su curriculo oficial, ningún dato biográfico, salvo que ahora se dedica de lleno a la escritura, y que ahora presenta su primera apuesta por la ficción narrativa, «Mejor la ausencia». Aquí se le intuye decidida a traspasar los límites de una novela testimonial al arrastrar a un primer plano una acción de una intensidad emocional abrumadora, difícil cuando el empeño persigue encarar silencios y poner voz a vivencias y personajes de un paisaje de infancia. Sin duda, un firme paso al frente, en la misma dirección que otras ficciones de incuestionable interés y admirable factura literaria, como «Los peces de la amargura» y «Patria», de Aramburu, prueba de que necesitamos escuchar y que nos cuenten. 

Edurne Portala. Mejor la ausencia.jpg«Mejor la ausencia» es una primera novela, y sobre ella pesa el hecho de que su esquema narrativo esté al servicio de la tesis que brinda su argumento: una vida que desde la infancia asiste a golpes, insultos, portazos, amenazas, gritos, explicaciones que nunca llegan,… necesita tiempo, distancia y un cauce que permita conducir tanto daño. Contarlo, por ejemplo, es lo que hace Amaia (la menor de cuatro hermanos, Aníbal, Kepa y Aitor) a su regreso al pueblo después de diecisiete años fuera, cubierta de cicatrices reveladoras de las heridas que han determinado la formación de su personalidad y su sensibilidad. Ella narra sin relevos esta historia, en un presente puntual, absorbente desde el primer momento por su tono incisivo y directo. Mantiene buen pulso a la hora de reproducir escenas y diálogos, en sostenido equilibrio con lo narrado, de recrear situaciones de una familia donde la falta de recursos nunca fue el problema, aunque la procedencia del dinero fuera turbia, como lo era la razón de los impulsos violentos del padre, su repentina desaparición y reaparición posterior, el comentario de los vecinos del pueblo (próximo a Bilbao), el inexplicable sometimiento de la madre… Eran los años 80 y primeros 90 en el paisaje inequívoco del País Vasco.

«Mejor la ausencia» es también el testimonio de cómo vivieron ese modo de violencia las mujeres de ese universo familiar, de la necesidad de huida extrema que experimentó cada uno de sus miembros (el alcohol, la droga, la distancia defensiva), y de la búsqueda de un refugio. Es, en suma, una novela generacional sobre el silencio, el miedo y la literatura como arma que ayuda a imaginar y a escrutar en la memoria para ponerle cara y cuerpo a fantasmas del pasado, a culpas nunca nombradas y a intuiciones nunca formuladas. No era fácil reunirlo todo, y ahí está la historia: emocionante y necesaria. Más que digno este paso adelante de una prometedora escritora. 

Pilar Castro. El Cultural


 

Textos

Se acabó octavo. Meto el uniforme en una bolsa. También los calcetines marrones y los zapatos marrones y el jersey marrón. Mierda. Color de mierda. Bajo la bolsa al contenedor de la basura. Se acabó. Colegio de mierda. Monjas de mierda. Ahora a pasar el verano, otra vez en la piscina municipal.

Cojo el teléfono. Aita apenas me saluda y me pide que le pase a ama. No me atrevo a descolgar el de la cocina para escuchar la conversación. Iba a salir a correr, pero me quedo esperando por lo menos media hora a que ama salga del salón. Todavía está llorando.

—¿Qué, ama?

—Nada, hija.

—¿Qué te dice aita?

—Nada… Vete ya, anda, que se te va a hacer de noche.

—Ama…

—Déjalo estar, Amaia. Vete a correr. Se encierra en el baño. La oigo llorar. Me da miedo irme y encontrármela bebiendo al regresar. Lleva sobria un montón de meses, pero cada vez que llama aita me temo lo peor. ¿Qué habrá pasado entre ellos? Parecía que estaban bien. Se pasaban horas hablando, ama se reía, me hablaba de él. Ya no me cuenta nada. Siempre que la llama, acaba llorando o con esa tristeza que le hace cerrarse como un molusco. Se queda anulada. Me da pavor porque la veo comportarse como antes, solo le falta empezar a beber de nuevo. La pregunto qué les pasa y solo niega con la cabeza, llora. Le digo que no coja el teléfono y me mira aterrada. ¿La tiene amenazada? ¿O será que con tal de tenerle en su vida traga lo que haga falta?

Lo único que soy capaz de controlar es el mundo detrás de esta pantalla. No es que lo entienda, pero puedo transformarlo a mi antojo: lo hago crecer según se despiertan algunas memorias, lo cerceno si lo que surge después de unas horas de escritura me desagrada, doy cuerpo a intuiciones que me llevan acechando años. A veces la oscuridad se vuelve insoportable y lo tengo que dejar, pero según bajo la pantalla del portátil sé que el monstruo queda ahí, contenido, controlado. Y con un botón lo puedo hacer desaparecer. Aunque luego resucite. Aquí afuera es mucho más difícil, la realidad se me escapa.

Hace dos días que no me ducho. Cuatro o cinco que no salgo a la calle. He perdido la cuenta, la noción de las horas y los días. Duermo cuando tengo sueño, como cuando me apetece, bebo tal vez un poco más de la cuenta. Tal vez. Y escribo. Escribo. Escribo. No quiero hacer otra cosa. Escribo y sueño con lo que escribo, que no sé si está en mi imaginación o en mi memoria. A veces me despiertan las pesadillas. Vuelvo a pasar miedo por las noches. Escribo escenas intermitentes. Algunas, las más violentas, van surgiendo casi sin esfuerzo. Todo eso que estaba dentro ahora está aquí, delante de mí. No quiero releer, no creo que lo soportara. Solo escribo. El teléfono apagado y la conexión a internet desenchufada. El mundo, ahí afuera. Que se quede fuera. No quiero enterarme de si ya ha llegado o no.

Edurne Portela

Edurne Portela. Mejor la ausencia

 

 

 

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Aquella pregunta. Liliana Bodoc

Aquella pregunta

¿Cómo es posible que siga amaneciendo?, nos preguntamos cuando no volvieron.
En verdad, amanecía como si tal cosa. La gente se alarmaba por sus pequeñas grietas, controlaba que no hubiese agujeros en sus bolsillos, ni ventanas abiertas en sus almas.
Pero el tiempo, que de tonto no tiene un sólo pelo, nos enseñó que era al revés; exactamente al revés de nuestro primer llanto. Fue por ellos, por los que no volvieron que siguió amaneciendo. Y amanece.

Liliana Bodoc 

Liliana Bodoc

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Los libros que tienes que leer esta primavera

La primavera ya está aquí. La estación de las flores, en la que irrumpe el buen tiempo, el periodo en el que, dicen los poetas, estalla el amor. La primavera es también la estación que acoge la celebración del Día del Libro. Fecha marcada en rojo por la industria editorial y a la que precede la publicación de un buen puñado de novedades. Hoy en Librotea seleccionamos los imprescindibles de esta primavera, los títulos que no puedes perderte. La hija de la española, de la periodista Karina Sainz Borgo, salió hace unas semanas, y desde entonces no ha hecho más que confirmar que es uno de los fenómenos editoriales de 2019. Otro libro que está golpeando fuerte y que nadie debería perderse es el valiente Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz. Recién salido del horno está Golpéate el corazón, la nueva obra de Amélie Nothomb. La escritora belga entrega una novela de mujeres, una historia de madres e hijas que no deja indiferente al lector. Tras el éxito de El club de los mentirosos llega a las librerías españolas una nueva entrega de los relatos autobiográficos de Mary Karr. En Iluminada la autora estadounidense narra su descenso a los infiernos y cómo salió del alcoholismo, y lo hace manteniéndose fiel a su estilo, siendo capaz de arrancar una sonrisa hasta cuando describe los episodios más amargos de su vida. Maggie O’Farrell regresa a la estantería de novedades con Sigo aquí, un libro que reúne una serie de textos sobre el dolor. También vuelve Luis Landero con Lluvia fina, y Javier Pérez Andújar publica la novela La noche fenomenal. J.M Coetzee cierra trilogía con La muerte de Jesús, obra que aterrizará en librerías en las próximas semanas. En unos días llega Sal con alguien que no lea, título bajo el que se esconden dos relatos, uno de Charles Warnke y otro de Laura Ferrero. Y ya al alcance de todos Amor de monstruo, novela de Katherine Dunn a la que ya le ha puesto ojitos Tim Burton. El amor y las lecturas de primavera.

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Querido lector. Billy Collins

Querido lector

Baudelaire te considera su hermano, y Fielding te llama cada pocos párrafos para asegurarse de que no cerraste el libro. Y ahora yo te convoco, fantasma atento, oscura figura silente parada ante la puerta de estas palabras.

billy-collins-2Billy Collins

Versión: Isaías Garde

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La importancia de la lectura

Callarán los bobos tambores eruditos, Juan Marsé

Veo sentada ante mí, en casa, a la joven estudiante de robustas rodillas y nervioso bolígrafo que me visita para anotar en su cuaderno gravísimos datos sobre mis novelas con destino a su tesina; la…

Origen: Callarán los bobos tambores eruditos, Juan Marsé – Calle del Orco

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La lectura. Rosa Montero

Para mí, los libros son verdaderos talismanes. Me parece que, si tengo algo a mano para leer, puedo ser capaz de aguantar casi todo. Son un antidoto para el dolor, un calmante para la desesperación, un excitante contra el aburrimiento. Nunca me siento sola ni existen horas perdidas cuando puedo sumergirme en un texto.

Rosa Montero

Rosa Montero

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Columna: Un navajazo a traición. Domingo Villar

Ha tardado diez años en poner el punto final a su nueva novela negra , una obra que ya no podrá leer su amigo el librero Paco Camarasa

Origen: Columna: Un navajazo a traición | EL PAÍS Semanal

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Henri Michaux en todo su esplendor, a través de dos textos

Me disponía a comer una ostra. Pero resulta que tenía pestañas, largas y rojizas. Desde entonces, para ella fue un juego localizarme, vigilarme sin flaquear, intimidarme y obligarme, dentro de la mayor confusión, a retirarme de esa mesa a la que me había sentado, seguro de mi fuerza, unos minutos antes.

***

Cada noche, como castigo, un arado diminuto labra en mi médula un surco pequeño, muy pequeño, que nunca se llenará, nunca jamás.

El labrado-viviente aún confía. A ratos, la vida le parece hermosa.

Sin embargo, una noche explotó con inmenso estruendo, una gran aglomeración e islas que yo acumulaba en secreto en mi espalda. Hay un minuto de vaivén, un minuto de profundo vuelco de la desgracia, y la noche concluye en un abismo de olvido.

Entonces se dibuja, algo más profundo, el pequeño surco cada vez más profundo.

Henri Michaux

Henri Michaux

(A treavés de «Zoopat»)

 

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Descargas: «Hambre». Knut Hamsun

Knut Hamsun
El protagonista de Hambre no tiene nombre, no tiene edad, no sabemos nada de su origen o de su familia. Es un hombre sin pasado, arrancado, como una planta, de su contexto y lanzado al anonimato y la hostilidad de la gran ciudad. Una ciudad, una sociedad, estas en las que nos movemos, donde el individuo siente con más fuerza su soledad en medio de la multitud, y donde, si queremos comprender a la persona, es preciso prestar atención, como el propio Hamsun decía, a los «secretos movimientos que se realizan inadvertidos en lugares apartados de la mente, de la anarquía imprevisible de las percepciones, de la sutil vida de la fantasía que se esconde bajo la lupa, de esos devaneos sin rumbo que emprenden el pensamiento y el sentimiento, viajes aún no hollados, que se realizan con la mente y el corazón, extrañas actividades nerviosas, murmullos de la sangre, plegarias de huesos, toda la vida interior del inconsciente».
Hambre influyó en escritores de la talla de Thomas Mann, Henry Miller, Herman Hesse, Stefan Zweig, Isaac Singer y otros…, y hoy se nos presenta, sin duda, como un texto de nuestro tiempo y de nuestra sociedad.

Origen: Knut Hamsun – Hambre

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