Tal vez la tierra flote, no lo sé. Tal vez las estrellas sean figuritas de papel cortadas por una tijera gigante, no lo sé. Tal vez la luna es una lágrima congelada, no lo sé. Tal vez Dios sea una voz profunda que un sordo oye, no lo sé.
Tal vez no soy ninguna. Es cierto, tengo un cuerpo y no puedo escaparme de el. Me encantaría volar lejos de mi cabeza, pero sobre eso no hay discusión. Está escrito en la tabla del destino que permanezca acá, metida en esta forma humana. Siendo ese el asunto, quiero llamar la atención sobre mi problema.
Dentro de mí hay un animal que me agarra el corazón, un enorme cangrejo. Los médicos de Boston metieron mano. Probaron con escalpelos, agujas, gases venenosos y todo eso. El cangrejo persiste. Es un gran peso. Yo trato de olvidarlo, me ocupo de mis cosas, cocino el brócoli, abro libros cerrados, me cepillo los dientes, me ato los zapatos. Probé con la plegaria, pero cuanto más rezo más aprieta el cangrejo y el dolor aumenta.
Una vez soñé, tal vez fue un sueño, que el cangrejo representaba mi ignorancia de Dios. Pero ¿quién soy yo para creer en los sueños?
Las visitas del bibliobús cambian la realidad de pequeños municipios de las zonas más despobladas. Uno de estos equipos lleva casi tres décadas repartiendo lecturas en sus jornadas de trabajo
Una renuncia a participar en el saqueo del mundo, eso es para mí la pobreza. Tal vez no por bondad o por ética o por cualquier elevado ideal, sino por incompetencia a la hora de saquear.
La lucha de Montaigne por conservar la libertad interior, quizá la lucha más consciente y tenaz que jamás ha librado el hombre, no tiene, ni externamente, la más pequeña sombra de tragedia o de he…
En un instante descubrió los arañazos, los verdugones, las mataduras, las úlceras y cicatrices que había dejado en ella más de medio siglo de vida cotidiana, y comprobó que esos estragos no suscitaban en él ni siquiera un sentimiento de piedad. Hizo entonces un último esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le había podrido los afectos, y no pudo encontrarlo.
Los libros son espejos indiscretos y arriesgados: hacen que las ideas más originales salga de tu cabeza, provocan ocurrencias que no sabías que tenías. Cuando no lees, esas ideas se quedan encerradas en tu cabeza. No sirven de nada.
Lo que llevamos de temporada ha sido rico en títulos que celebran aniversarios sonados o que acompañan a premios. He aquí diez sugerencias entre poesía, ensayo y novela
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)