Los libros de 2020, una década de cambios | El Cultural

Almudena Grandes, Bernanrdo Atxaga, Claudio Magris y Bernardine Evaristo

Almudena Grandes, Bernardo Atxaga, Bernardine Evaristo o Claudio Magris lideran un trimestre desigual pero plagado de gemas ocultas que apunta muchas de las claves literarias llamadas a consolidarse en los próximos años

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«Creía que mi padre era dios», cuento de Paul Auster

Durante la Primera Guerra Mundial mi padre estuvo estacionado con el ejército norteamericano en Savenay, una pequeña ciudad del oeste de Francia. Hace pocos años visité Savenay llevando conmigo algunas fotografías que mi padre había sacado allí. Una de ellas mostraba a mi padre acompañado de dos chicas jóvenes en un camino rural. Había una casita al fondo. Siguiendo el camino, no lejos de Savenay, encontré aquella casa, una pequeña cabaña de ladrillo, rodeada por un murete de piedra. Crucé la verja y llamé a la puerta. Una anciana asomó la cabeza por la ventana del piso superior y me preguntó qué deseaba. Le mostré la fotografía y le pregunté en mi mejor francés si la reconocía. Desapareció dentro de la casa y después de una larga discusión en el interior con otra mujer, me abrió la puerta. La anciana me preguntó de dónde había salido aquella foto. Le dije que era de mi padre y que creía que la había tomado desde el camino frente a aquella casa. Sí, por supuesto, me dijo. La fotografía había sido tomada desde el camino y ella y su hermana mayor (la otra mujer que estaba dentro de la casa) eran las dos chicas que aparecían en la imagen. La anciana me dijo que su hermana recordaba el día en que se hizo la foto. Dos soldados pasaban por el camino y se habían acercado para pedir agua. Yo le dije que uno de aquellos soldados era mi padre (o mejor, que se convirtió en mi padre muchos años más tarde). Desgraciadamente, dijo la anciana, su madre no había permitido que les dieran agua a los soldados. Me dijo que su hermana lo había sentido mucho. Le agradecí su amabilidad y me di la vuelta para marcharme. Un instante después la mujer me llamó y dijo: “Mi hermana quiere saber si no querría usted un poco de agua.”

Auster

  Paul Auster

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Reflexiones. Wim Wenders

Cuando el niño era niño, era el momento de las siguientes preguntas. ¿Por qué yo soy y no tú? ¿Por qué estoy aquí y no allí? ¿Cuándo empezó el tiempo y dónde se acaba el espacio? ¿La vida bajo el sol es sólo un sueño? ¿Lo que veo, oigo y huelo es sólo la apariencia de un mundo previo al mundo? ¿Existe realmente el mal y las personas que de verdad son malas? ¿Cómo puede ser que yo, antes de llegar a ser, no fuera? ¿Y que yo, que soy yo, algún día ya no sea más el que soy?

Wim Wenders

Wim Wenders

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Revelar la belleza. Jorge Luis Borges

Creo que uno sólo puede enseñar el amor de algo. Yo he enseñado, no literatura inglesa, sino el amor a esa literatura. O mejor dicho, ya que la literatura es virtualmente infinita, el amor a ciertos libros, a ciertas páginas, quizá de ciertos versos. Yo dicté esa cátedra durante veinte años. Disponía de cincuenta a cuarenta alumnos, y cuatro meses. Lo menos importante eran las fechas y los nombres propios, pero logré enseñarles el amor de algunos autores y de algunos libros. Es decir, lo que hace un profesor es buscar amigos para los estudiantes. El hecho de que sean contemporáneos, de que hayan muerto hace siglos, de que pertenezcan a tal o cual región, eso es lo de menos. Lo importante es revelar belleza y sólo se puede revelar belleza que uno ha sentido.

Jorge Luis Borges

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Video. Luis García Montero recita a Alberti

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Ventana a YouTube. «Without You». U2. (U2 At The BBC)

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La noche en que retumbó el eco del estalinismo. Mónica Zgustova

Retrato de Anna Ajmátova, de Natham Altman, presente en la exposición del Museo Ruso de Málaga. MUSEO RUSO DE MÁLAGA

Una evocación de la larga velada de confesiones entre la poeta Anna Ajmátova y el filósofo Isaiah Berlin

Origen: La noche en que retumbó el eco del estalinismo | EL PAÍS Semanal

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Álbum de librerías incompleto. 136

Librería «Semillera». Madrid

Librería «Quorum». Cádiz
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Los 21 mejores libros del siglo XXI. Javier Rodríguez Marcos

Un jurado de 84 expertos ha escogido para Babelia los títulos más relevantes de las dos primeras décadas del milenio

Origen: Los 21 mejores libros del siglo XXI | Babelia | EL PAÍS

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Lectura «Lluvia fina». Luis Landero

Luis Landero. Foto: Itziar Guzmán

Lluvia fina. Santos Sanz Villanueva

Llama la atención la insistencia al comienzo de Lluvia fina en la desconfianza con que deben recibirse los relatos, que no son fiables ni inocuos. Las historias y las palabras «no son nunca inocentes», los relatos «no son inofensivos», se enfatiza. […]

Origen: Lluvia fina | El Cultural


Textos

A Aurora no le gusta juzgar, y más que buscar la verdad entera al trasluz de las almas, se conforma con las pequeñas verdades que en su aluvión arrastran consigo las apariencias. Pero siempre ha intuido que los relatos no son inofensivos, y menos aún cuando se entrelazan como en una rebatiña de perros donde todos se disputan a dentelladas los magros huesos de la verdad. Mejor no hablar, mejor no remover las aguas siempre voraginosas del pasado. Por eso le había dicho, le había rogado a Gabriel: «No llames aún. Espérate al menos a mañana». Pero él no la escuchó, ofuscado como estaba por su idea de organizarle una fiesta a mamá, sino que con la mano le impuso silencio, y se aclaró la voz con un carraspeo profesoral.


Hasta que llegó al fin el día en que la madre, después de comer, dijo: «Hemos de hablar». Era domingo. Quitó la mesa, limpió el hule, sacó la carpeta y la puso ante sí y, sin abrirla nunca, pero con una mano sobre ella, como si declarase bajo juramento, en pocas y exactas palabras desglosó los números del presupuesto familiar. Entre la pensión del padre y la mercería, que aún no había consolidado —y tardaría en hacerlo— una clientela fiel, no alcanzaba para vivir. Era necesario, pues, y esa era la única vía de escape, que ella dedicara más tiempo a ejercer de practicante y de callista, y también de corredora a domicilio de artículos de mercería y perfumería… Y cuenta Sonia que en ese momento se le reveló el futuro con una claridad aterradora. Gabriel jugaba en el sofá con el vaquero de plástico y el cochecito rojo. Andrea movía espasmódicamente una pierna, como si siguiera el ritmo de una de sus canciones de rock. Igual pensaba que aquel asunto a ella no le incumbía. Y cuando la madre dijo que en adelante Sonia habría de ocuparse de la mercería y Andrea de las tareas domésticas, Andrea siguió moviendo la pierna y Sonia no alteró en nada la expresión de su rostro. Y es que no acababa de entender. Era demasiada noticia aquella para sus oídos todavía infantiles. ¿Trabajar en la mercería? Luego, poco a poco, fue comprendiendo. Bien, pero ¿cuánto tiempo? «El que haga falta», dijo la madre. Fue uno de esos momentos fantásticos de la vida en que alguien de repente da un salto en el tiempo y si es adolescente se convierte en adulto y cambia en un instante de mentalidad y de carácter.


Se hace un largo silencio. Pero los silencios ya no son los de antes. Antes, lo que las palabras evitaban o se olvidaban de decir lo decían los silencios con el descaro de los niños o los papagayos, pero ahora no, ahora los silencios carecen de vida y no tienen nada que añadir a lo dicho. Son tan brutos y espesos, los silencios, que ni siquiera los tópicos, las frases de relleno, consiguen traspasarlos. En otros tiempos, Aurora le habría preguntado qué tal por el instituto, y tirando de ese cabo habrían hilado una conversación cualquiera, de esas que dicen poco pero que a cambio confirman la continuidad y la dulzura de los hábitos, la vigencia de la normalidad. Pero ella ya no tiene ánimos para preguntar, ni menos aún para escuchar ninguna historia, por breve que sea.

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