¿Cómo aceptar hablar de este amigo? Ni para alabanza ni en interés de alguna verdad. Los rasgos de su carácter, las formas de su existencia, los episodios de su vida, incluso de acuerdo con la búsq…
Pero la defensa de la poesía no es la defensa de cierta profesión, de los libros, de las librerías, de los bibliófilos, de los lectores exaltados, de las veladas poéticas ante veinte personas; no es ni siquiera la defensa de los poetas, pues los poetas están tan lejos de la poesía como casi los juristas del derecho o los guías de montaña de las nubes. La defensa de la poesía es la defensa de algo que alienta en el hombre, la capacidad fundamental de experimentar el milagro del mundo, de descubrir la divinidad en el cosmos y en otro hombre, en una lagartija y en las hojas de los castaños, de asombrarse y de quedar sumido durante un largo instante en ese asombro. Si esta capacidad se marchita, la especie humana seguirá existiendo, pero empeorada, debilitada, de manera distinta a la que ha existido durante milenios, cuando no había civilización que no pusiera la poesía -en una u otra forma- en el centro mismo de los trabajos humanos.
Tu no ser es mi estar sentando en esta tumba, en una siesta de abril, bajo un sol tierno, y en un lugar al que le dicen el mundo -el gran en sí descubierto, a pleno cielo, sin la luz que titila adentro, y en el que esta otra luz, de lo que está sentado y, provisoriamente, nombra y te nombra, va pasando, indecisa y lenta, para que todo, para todos, por fin, o para nadie, mejor, entero, resplandezca. Hasta aquí se llega por muchos caminos.
Con frecuencia se interroga a los autores sobre cuáles son sus hábitos de escritura: qué horas prefieren, si la mañana o la noche, o si trabajan en el ordenador o en cuadernos manuscritos, o qué manías relativas al silencio o la música prefieren o…
Los hombres son imbéciles e ignorantes. De ahí les viene su miseria, se creen lo que les cuentan…Eligen jefes y amos sin juzgarlos, con un gusto funesto por la esclavitud. Es lo que hace posible los ejercitos y las guerras.Mueren víctimas de su estúpida docilidad
No se puede escribir sin la fuerza del cuerpo. Para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe. Es algo curioso, sí. No es sólo la escritura, lo escrito, son también los gritos de las bestias de la noche, los de todos, los vuestros y los míos, los de los perros. Es la vulgaridad masificada, desesperante, de la sociedad. El dolor; también es Cristo y Moisés y los faraones y todos los judíos, y todos los niños judíos, y también lo más violento de la felicidad. Siempre, eso creo.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)