Agustín Fernández Mallo: «Soy escritor para estar en mi casa escribiendo, no para estar por ahí animando fiestas, bodas y bautizos»
En los trece años que han pasado desde que la editorial Candaya publicó Nocilla Dream, una novela que le inyectó una buena dosis de adrenalina al corazón adormecido de la literatura española, Agustín Fernández Mallo se ha convertido en un narrador y poeta con lectores en todo el mundo, que publica e
Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere. Comprende la maravilla y la razón de las acciones humanas. El lenguaje simbólico del inconsciente… porque las personas se comunican por símbolos, ¿te has dado cuenta?, como si hablaran un idioma extraño, chino o algo así, cuando hablan de cosas importantes, como si hablaran un idioma que luego hay que traducir al idioma de la realidad. No saben nada de sí mismas. Sólo hablan de sus deseos, y tratan desesperada e inconscientemente de esconder, de disimular. La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad… Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte. Pero entonces tampoco esto duele ya. Krisztina me engañó, ¡Qué frase más estúpida!… Y me engañó precisamente contigo, ¡qué rebeldía más miserable! Sí, es así, no me mires tan sorprendido: de verdad me da lástima.
El tercer milenio antes de Cristo fue una época convulsa en Mesopotamia. El norte y el ser se unieron por primera vez en la historia bajo el mandato de Sargón el Grande, que convirtió la ciudad de Acadia, una de las más grandes del mundo, en la capital de su imperio. […]
Quien sabe escribir es aquel que sabe ver claramente sus sueños ( y es así) o ver la vida en sueños, ver la vida inmaterialmente, haciéndole fotografías con la máquina del devaneo, sobre la cual no actúan los rayos de lo sesudo, lo útil y lo circunscrito, velando el negativo espiritual.
Escribo muchos borradores a mano. No copio de un borrador a otro, sino que escribo un fragmento y lo meto en un cajón, lo vuelvo a escribir y de nuevo lo meto en el cajón, y escribo otras versiones de la misma escena. Cuando hay cuatro, cinco, a veces hasta diez versiones en el cajón, las saco todas, las coloco en una larga fila sobre la mesa y extraigo algo de cada una, y puede que esa sea la versión buena, de la que tecleo con dos dedos en este ordenador que tengo aquí.
Solo la literatura nos permite ponernos de verdad en la piel de otra persona, profundizar
Olga Tokarczuk
Hubiera preferido cantar blues en cualquier pequeñositio lleno de humo en vez de pasarme las noches de mi vida escarbando en el lenguaje como una loca.
Alejandra Pizarnik
La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.
Jorge Luis Borges
Un libro es un objeto contundente y es un bloque de eternidad.
Lee aquí algunos de los poemas y textos breves de ‘Exhibición’ una libreta del escritor fechada en febrero de 1978 cuyo contenido Alfaguara pone a disposición de los lectores, por tiempo limitado.
Y ese rumor que hace el lápiz es el del fluir de las palabras en el pensamiento, las palabras que tienen algo de sonido aunque no se pronuncien, murmuradas separando apenas los labios. Escribiendo a lápiz estoy más cerca del silencio que busco. Lo que escribo parece que brota no de mi inteligencia ni de mi voluntad sino de la mina misma del lápiz, el venero negro del grafito en el que estaban las palabras como el mineral de carbón en sus galerías bajo la tierra. No me confieso escribiendo, no me afirmo en ninguna clase de opinión o creencia o propósito. Más bien me disgrego y me dejo ir. Sigo la veta y el caudal subterráneo de las palabras que vienen. Escribo de oído. Cuando afilo el lápiz las palabras tienen perfiles demasiado nítidos. Pero al cabo de unas líneas se ha amortiguado ese exceso de precisión, esa delgadez tan frágil que puede romper el hilo de lo escrito al mismo tiempo que se quiebra la punta del lápiz. Sin darme cuenta me acerco algo, poco, a una de las cosas que más envidio, el oficio del dibujo.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)