Acantilado y Anagrama se unen para dar continuidad a la publicación de las obras del escritor belga. Autor excesivo, considerado uno de los grandes novelistas del siglo XX, nunca ha encontrado, sin embargo, un público amplio en español
Hay un tema que yo he dicho en muchos casos y que puede sonar provocativo en una feria del libro, pero les voy a explicar desde mi punto de vista cómo yo elijo un libro. Ustedes lo toman como quieran, pero yo les voy a decir qué condiciones tiene que tener un libro para que yo lo elija.
Primero y principal no tiene que ser un libro gordo. Un libro gordo me parece un abuso de confianza del autor hacia mi tiempo. Es como si aparece alguien y me dice: ‘Quisiera hablar con vos, tenés dos semanas libres…’. ¿Cuál es el lazo de confianza que me une a ese escritor para que durante dos meses yo me vaya a la cama con él y su libro?
Segundo, y lo va a comprender la gente que ya tiene cierta edad, y no es por la madurez: tiene que tener letra grande. Hay escritores que escribían con letra muy chiquita, y ya a esta altura del campeonato ese esfuerzo es excesivo.
Otra cosa: tiene que tener espacios en blanco. Si abro un libro y veo un masacote negro, como si fuera un amontonamiento de hormigas, yo digo: ‘¿Por dónde entro al texto?’.
Otra alternativa: fíjense en capítulos cortos. Ustedes mismos se van a dar cuenta de la sabiduría del cuerpo humano: usted está leyendo un libro y de repente observa que sin darse cuenta su mano derecha va buscando las páginas hasta llegar a un capítulo.
Otra cosa que me interesa también es que tenga diálogos, porque a mí me gusta escuchar a los protagonistas. Antes pasaba en algunos diarios, porque ahora el género del reportaje es mucho más fluido, que hacían un reportaje y decían: ‘Estuvimos en la casa del afamado escultor fulano de tal, y nos dijo que está pensando en hacer una escultura que representa a un caballo comiendo una codorniz’.
Yo digo: dejalo hablar al escritor, qué te metés en el medio. A mí con los libros me pasa eso. Y si están bien escritos mejor, pero siempre préstenle atención a esas consideraciones.
Escribir es una tarea de tiempo completo. Es meterse dentro de un montón de palabras que van y vienen. Algunas se borran, otras quedan. Escribir es un ensayo del alma en el mundo tangible que se convierte, luego, en un libro que algunos comprarán. Es sentir el intenso color violeta de la muerte. Es danza. Es fuego. Es soledad.Escribir, es ese recurso que utilizamos las personas que necesitamos reafirmar nuestros pensamientos mediante la palabra escrita o leída. Es, el sentido último de mi vida y mi respiración.
Cristóbal Serna, de La Luna Nueva (Jerez de la Frontera, Cádiz), debuta en ‘Las Librerías Recomiendan’ con esta lectura de «Animal de bosque» (Visor) de Joan Margarit
No tomes muy en serio lo que te dice la memoria. A lo mejor no hubo esa tarde. Quizá todo fue autoengaño. La gran pasión sólo existió en tu deseo. Quién te dice que no te está contando ficciones para alargar la prórroga del fin y sugerir que todo esto tuvo al menos algún sentido.
Muñoz Molina, un viaje al pasado pensando en el futuro
Su nueva novela, ‘Volver a dónde’ (Seix Barral) es un viaje en el tiempo hacia un pasado de valores y esfuerzos no prescritos, una vuelta a las raíces personales y colectivas
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)