Con frecuencia se interroga a los autores sobre cuáles son sus hábitos de escritura: qué horas prefieren, si la mañana o la noche, o si trabajan en el ordenador o en cuadernos manuscritos, o qué manías relativas al silencio o la música prefieren o…
Los hombres son imbéciles e ignorantes. De ahí les viene su miseria, se creen lo que les cuentan…Eligen jefes y amos sin juzgarlos, con un gusto funesto por la esclavitud. Es lo que hace posible los ejercitos y las guerras.Mueren víctimas de su estúpida docilidad
No se puede escribir sin la fuerza del cuerpo. Para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe. Es algo curioso, sí. No es sólo la escritura, lo escrito, son también los gritos de las bestias de la noche, los de todos, los vuestros y los míos, los de los perros. Es la vulgaridad masificada, desesperante, de la sociedad. El dolor; también es Cristo y Moisés y los faraones y todos los judíos, y todos los niños judíos, y también lo más violento de la felicidad. Siempre, eso creo.
Retrato del escritor peruano Gustavo Faverón.EDITORIAL CANDAYA
El escritor peruano se consolida como un novelista fundamental en lengua castellana: ahora reflexiona literariamente sobre la condición ficticia de los acontecimientos
El autor búlgaro más leído hizo caer el telón de acero entre la vida que tenemos y la que llevan nuestros sentimientos con «Las Tempestálidas» y «El jardinero y la muerte»
En una entrevista que le escuché no sé cuándo a decía que Dalí era un hombre de negocios. Pues eso. Pintó a la nieta de Franco montada a caballo como si Josep Pla, fuera el apóstol Santiago en la batalla de Clavijo; diseñó la falla oficial de la plaza del Caudillo en Valencia; halagó a los curas modernizándoles la iconografía de Cristo; y convirtió en clientes suyos a los representantes de la casta que había asesinado a su amigo Lorca y enviado al exilio a toda su promoción. Dijo en la prensa, para regocijo de los franquistas, que la muerte de Lorca había sido un ajuste de cuentas entre maricones. Creo que esto último lo leí en el ABC de los sesenta, el que publicó los diarios psiquiátricos de Enrique Ruano, asesinado por la policía franquista en la comisaría, intentando demostrar que se había suicidado porque tenía tendencias homosexuales. Juré que jamás en mi vida compraría un ejemplar de ese periódico, con los años incumplí la promesa, pero sin perderle la ojeriza.
Si he aceptado el peligroso honor de darles esta conferencia (porque, en el fondo, es esto, y no una clase), se debe a que, (además de pasar un rato agradable con ustedes), después de más de treint…
P.: Podría decirme algo sobre su forma de trabajar? ¿Trabaja todos los días, siete días por semana?
R.: Bueno.., cuando me levanto por la mañana siempre siento el deseo de sentarmea escribir, y la mayoría de los días escribo algo, pero entonces mempieza a sonar el teléfono o tengo que escribir un artículo para el Forward. A veces me piden una reseña o una entrevista, y me interrumpen continuamente. Pero, de alguna forma, me las arreglo para escribir entreuna y otra interrupción. No necesito huir de todo y aislarme.
Hay escritores que sólo pueden escribir en una isla desierta y estarían dispuestos a irse a la luna para que nadie los moleste. Yo en cambio creo que las interrupciones forman parte de la vida y, a veces, pueden ser útiles, porque te dan un respíro de la tarea de escribir, y mientras tienes la atención puesta en otros asuntos, tu perspectiva cambiayel horizonte se ensancha. Lo único que puedo decir es que yo nunca he escrito en paz absoluta, como algunos escritores afirman hacer. Siempre que he tenido algo que decir, lo he seguido diciendo, con interrupciones o sin ellas.
Isaac Bashevis Singer
Entrevista con Isaac Bashevis Singer (“The Paris Review”. 1953-1983)
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)