Rodrigo Fresán, autor de ‘Melvill’ (Literatura Random House). Foto: Alfredo Garófano
‘Melvill’ es la nueva filigrana del narrador argentino, un proyecto que ya se mencionaba en su anterior trilogía y que recrea al padre del autor de ‘Moby Dick’
El parto de un escritor, según creo, a diferencia del de un pintor, no presenta alianzas interesantes con sus maestros. En el crecimiento de un escritor, no hay nada comparable a las primeras copias de Jackson Pollock de las pinturas de la capilla Sixtina, con sus interesantes referencias a Thomas Hart Benton. Al escritor podemos verlo aprendiendo torpemente a caminar, a hacerse el nudo de la corbata, a hacer el amor y a comer los guisantes con tenedor. Se presenta más bien solo y determinado a instruirse por su cuenta. Ingenuo, provinciano en mi caso, a veces obtuso y casi siempre torpe, incluso una cuidada selección de sus primeros trabajos será siempre la historia desnuda de su lucha por recibir una educación en economía y en amor.
Anne Sexton, USA (1928-1974) Versión: Isaías Garde Eso no me libra de sentir una terrible necesidad de -tengo que usar esa palabra- religión. Entonces salgo de noche a pintar las estrellas Vincent …
Un profesor tarda muy poco en convertirse en un viejo profesor. No es que el oficio desgaste más que otro, no…, es por oír a tantos padres hablarle de tantos hijos —y, haciéndolo, hablar de ellos mismos— y por escuchar tantos relatos de vidas, tantos divorcios, tantas historias de familia: enfermedades infantiles, adolescentes a los que ya no se domina, hijas queridas cuyo afecto se nos escapa, tantos fracasos llorados, tantos éxitos pregonados, tantas opiniones sobre tantos temas, y sobre la necesidad de leer, en especial, la absoluta necesidad de leer, que consigue la unanimidad. El dogma. Están los que jamás han leído y se avergüenzan de ello, los que ya no tienen tiempo de leer y lo lamentan, los que no leen novelas, sino libros útiles, ensayos, obras técnicas, biografías, libros de historia, están los que leen todo sin fijarse en qué, los que «devoran» y cuyos ojos brillan, están los que sólo leen los clásicos, amigo mío, «porque no hay mejor crítico que el tamiz del tiempo», los que pasan su madurez «releyendo», y los que han leído el último tal y el último cual, porque, amigo mío, hay que estar al día. Pero todos, todos, en nombre de la necesidad de leer. El dogma. Incluido aquel que, si bien ya no lee ahora, afirma que es por haber leído mucho antes, sólo que ahora ya ha terminado su carrera, y tiene la vida «montada», gracias a él, claro (es de los «que no deben nada a nadie»), pero reconoce gustosamente que esos libros, que ahora ya no necesita, le han sido muy útiles…, indispensables, incluso, sí, ¡in-dis-pen-sa-bles! —¡Convendrá, por consiguiente, que el chaval se meta eso en la cabeza! El dogma.
¿Lo que más admiro de un escritor? Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree …
R.: No. Leo los libros que me cautivaron cuando era joven. Vuelvo a ellos como se vuelve a un viejo amigo. El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes… El Quijote lo leo todos los años, igual que otros leen la Biblia. Flaubert, Balzac—que creó un mundo que sigue intacto, una corriente de sangre que fluye por veinte libros-, Dostoievski, Tolstóí, Shakespeare… De vez en cuando leo a Melville y, de los poetas, a Marlowe, Campion, Jonson, Herrick, Donne, Keats y Shelley. También sigo leyendo a Housman. He leído esos libros tantas veces que no siempre empiezo desde el principio. Leo sólo una escena, o busco los pasajes de un personaje, de la misma forma que charlas fugazmente con un amigo cuando te encuentras con él.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)