En efecto. Y lo repito: casi es posible definir al judío como aquel que siempre lee lápiz en mano porque está convencido de ser capaz de escribir un libro mejor que el que está leyendo. Es una de l…
p,; ¿Qué ocurrió entre La paga de los soldados y Sartoris para que empezara con la saga de Yoknapatawpha?
R.: Con La paga de los soldados descubrí que escribir era una actividad muy grata. Pero después me percaté de que no basta con que cada libro tenga un carácter determinado, sino que la obra completa de un autor también debe tener una marca distintiva. La paga de los soldados y Mosquitos los escribí por el placer de escribir, porque me resultaba divertido. Pero cuando empecé con Sartoris comprendí que mi pequeño sello personal, el sello de mi tierra nativa, era digno de constituir un tema literario, y que nunca viviría lo bastante para agotarlo. Descubrí que sublimando lo real en lo apócrifo tendría libertad absoluta para aprovechar al máximo el talento que tuviera. Había abierto una mina de oro con nuevos personajes, de modo que creé mi propio cosmos particular. Podía mover a esos personajes como si fuera Dios, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. El hecho de que haya movido a mis personajes en el tiempo con éxito, al menos desde mi punto de vista, demuestra mi teoría de que el tiempo es un elemento fluido que no existe más que en los avatares circunstanciales de cada individuo. No hay tal cosa como fue, sólo hay es. Si hubiera un fue, no habría dolor y pena. Me gusta pensar en el mundo como una especie de piedra angular en el universo; una piedra angular que, por pequeña que sea, si la retiras colapsa el universo. Mi último libro será el libro del Juicio Final, el libro dorado del condado de Yoknapatawpha. Entonces romperé el lápiz y dejaré de escribir.
Ella está sumergida en su ventana contemplando las brasas del anochecer, posible todavía. Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora como el mar en un cuadro, y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales procesiones. . Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste; allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada, y alguien en cualquier parte levantará su casa sobre el polvo y el humo de otra casa. Inhóspito este mundo. . Aspero este lugar de nunca más. Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche. -¿O acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo? Pero nadie lo ha visto, nadie sabe, ni el que va creyendo que los lazos rotos nacen preciosas alas, los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura, aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos prometidos. Ella oyó en cada paso la condena. Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana, la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel, como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós, hubieran sido el verdadero límite, el abismo final entre una mujer y un hombre.
De izquierda a derecha y de arriba abajo, Chus Visor (Visor), Ignacio F. Garmendia (Vandalia), Jesús Munárriz (Hiperión), Pepo Paz (Bartleby), Raúl Alonso (Cántico) y Manuel Borrás (Pre-Textos)
La poesía mantiene una línea regular y es ajena a los grandes cambios del mercado. Los editores de Pre-Textos, Hiperión, Visor, Bartleby, Vandalia y Cántico toman el pulso al momento actual
En este texto no publicado en español y con evidentes paralelismos con la actualidad, la gran escritora estadounidense se ocupa del papel de los literatos en tiempos de guerra
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)