Diez razones para escribir. I No siendo escribir una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las cuales escribo: 1…
P.: ¿Cuáles cree que son las mejores condiciones para escribir?
R.: Nunca he tenido condiciones cómodas para escribir. Esta última vez que vine a Francia tenía cuatrocientas libras, además de montones de deudas pendientes, como gastos escolares, etcéera; llevaba esperando quince años para que este cuarteto de novelas tomara forma y cuajara, y cuando al fin sonó la señal de que todo estaba a punto para ponerse a la tarea, coincidió con el peor período de mi vida: no tenía trabajo y apenas contaba con una insignificante prestación, así que literalmente se me habían acabado las opciones, sospechaba que iban a echarme de Francia y tendría que acogerme al subsidio de paro en dos meses, pero gracias a Dios los estadounidenses y los alemanes me salvaron.
Lawrence Durrell
Entrevista con Lawrence Durrell (“The Paris Review”. 1953-1983)
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho, de la letra sin pulso y el verano de mi primera carta, por los pasillos lentos y el examen, a través de los libros, de las tardes de fútbol, de la flor que no quiso convertirse en almohada, más allá del muchacho obligado a la luna, por debajo de todo lo que amé, yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles, de las hojas pisadas y de las obras públicas y de los comentarios de la gente, por encima de todo lo que soy, de algunos restaurantes a los que ya no vamos, con más prisa que el tiempo que me huye, más cerca de la luz y de la tierra, yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño, todavía palabra de amor ante el silencio, cuando la piel se apague, el amor se abrace con la muerte y se pongan más serias nuestras fotografías, sobre el acantilado del recuerdo, después que mi memoria se convierta en arena, por detrás de la última mentira, yo seguiré esperando.
Escribir es sustraerse de la vida. Pero para escribir, hay que vivir. Me doy cuenta ahora hasta qué punto primero hay que lanzarse a la vida, olvidando la escritura, para después lanzarse a escribir, olvidando la vida. Escribir es ante todo una operación temporal. Como la música.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)