La misma crítica que se encargó de extender el certificado de defunción de Amis tras la publicación de ‘Perro callejero’ se ha apresurado estos días a desembalsamarlo para volver a darle sepultura, esta vez con honores
Creo que la memoria no existe. Sólo existen las narraciones de la memoria, los relatos en los que creemos. En mi opinión, la memoria no contiene verdades, sino que más bien consiste en un continuo trabajo de transformación.
A García Lorca lo mataron hace 85 años por lo que representaba: la posibilidad de una España libre y tolerante, sin “curas, moscas ni militares”, por utilizar una expresión de Pío Baroja
El academicismo es la muerte del saber. Las notas a pie de página y las bibliografías interminables afean los ensayos, restándoles frescura y espontaneidad. Un buen ensayo es literatura, no ciencia. ‘El laberinto de la soledad’, de Octavio Paz, ‘Al sur de Granada’, de Gerald Brenan o ‘Al margen de los clásicos’, de Azorín, no incluyen un aparato crítico. El academicismo solo es uno de los disfraces de la mediocridad. Las referencias eruditas nunca podrán competir con la inteligencia creadora.
Uno de los ejes fundamentales de El Quijote consiste en la tensión entre demencia y cordura. En la primera parte de la novela sus andanzas terminan en desastres, se extravían a cada momento, en cad…
No, nunca me gustó mucho. No saqué gran cosa del Ulises. Es un libro extraordinario, pero gran parte del libro consiste en muestras bastante extensas de cómo no hay que escribir una novela, ¿no les parece? Primero nos enseña todas las formas imaginables en que no debe escribirse una novela, y luego nos enseña la forma en que tal vez habría que escribirla.
Virginia Woolf
Sus libros son muy extraños. Fabulosos, verdad? Pero producen una sensación rara. Woolf tiene una mirada de una clarividencia increíble, pero es como si lo observara todo a través de un cristal. Nunca toca nada. Sus libros adolecen de falta de inmediatez. A mí me resultan desconcertantes.
Aldous Huxley
Entrevista con Aldous Huxley (“The Paris Review”. 1953-1983)
Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo… si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)