El escritor Enrique Vila-Matas / ANTONIO NAVARRO WIJKMARK (SEIX BARRAL)
El escritor barcelonés, que regresa a las librerías con ‘Montevideo’, su última novela, explica su obsesión por los misterios de la escritura y desvela algunos secretos sobre los límites de la ficción
Flaubert no creía que el «yo» del autor debía invadir la escritura. Sin embargo, luego de escribir la escena en la que Emma Bovary se envenena, Flaubert vomita. La literatura tiene por objetivo la ambigüedad, decía. Toda la literatura cabe en la tensión vital del «sin embargo”.
1. El escritor es siempre un exiliado, siempre busca un espacio extra-local para pensar su tradición. Lo difícil a veces es hacerse invisible, porque vivimos en una sociedad […] de la exhibición pública y de la opinión estereotipada. pic.twitter.com/15CTBkppky
Que un poema haya o no haya sido escrito por un gran poeta sólo es importante para los historiadores de la literatura. Supongamos, por seguir el razonamiento, que he escrito un hermoso verso; considerémoslo una hipótesis de trabajo. Una vez que lo he escrito, ese verso no hace que yo sea bueno, pues, como acabo de decir, ese verso lo he recibido del Espíritu Santo, del yo subliminal, o puede que de algún otro escritor. A menudo descubro que sólo estoy citando algo que leí hace tiempo, y entonces la lectura se convierte en un redescubrimiento. Quizá sea mejor que el poeta no tenga nombre.
Zagajewski, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo, mira con melancolía los momentos de su vida para encontrar en la memoria un poco de consuelo, un poco de sentido, y también un poco de belleza
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.
Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
Después del enorme éxito de ‘La uruguaya’, con su adaptación cinematográfica circulando por festivales, se edita en España ‘El año del desierto’, una novela distópica que publicó en Argentina en 2005
Tengo un cuaderno donde voy enumerando y tomando notas de cuentos que se me ocurren. Ya tengo unos sesenta y me imagino que llegaré a cien. Lo que es curioso es el proceso de elaboración interna. El cuento surge de «una frase o de un episodio» o se me ocurre completo en una fracción de segundos o no se me ocurre. Voy a contarte una anécdota para que te des cuenta por qué misteriosos caminos llega al cuento. En Barcelona, una noche, había gente en casa, y se fue la luz. Como el daño era local, llamamos a un electricista. Mientras él arreglaba el desperfecto, yo lo alumbraba con una vela, le pregunto: «¿Cómo, diablos, es ese daño de la luz?». «La luz es como el agua», -me dijo-, «se abre un grifo, sale y al pasar marca un contador.» En esa fracción de segundos, se me ocurrió completito este cuento: «La luz es como el agua»…’
Gabriel García Márquez
«Entrevista de Rita Guibert a Gabriel García Márquez»
Entre los fragmentos del poeta Arquíloco, hay un verso que reza: «Muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola y grande». Los estudiosos han discrepado acerca de la correcta interpretaci…
La poesía moderna es demasiado difícil para la mayoría de la gente. Es inútil quejarse; una poesía tan pura como ésta tiene que ser difícil. Pero tampoco los poetas deben quejarse de que no se les lea. Si el arte de leer poesía requiere un talento casi tan excelso como el arte de escribirla, sus lectores no pueden ser mucho más numerosos que los poetas. Si alguien compone una pieza para violín que sólo uno de cada mil intérpretes es capaz de tocar, es inútil que se queje de que su audición sea infrecuente. Esta comparación con la música es cada vez más oportuna. Dado el carácter de la poesía moderna, los cognoscenti que la explican pueden leer una misma obra de maneras extremadamente distintas. Ya no podemos considerar que, de todas esas lecturas, sólo una es «correcta», ni que todas son «incorrectas». Es evidente que el poema es como una partitura y las lecturas como otras tantas interpretaciones de ella. Pueden admitirse diferentes versiones de una misma obra. Lo importante no es cuál es la «correcta» sino cuál es la mejor. Quienes explican la poesía se parecen más a los directores de una orquesta que a las personas que acuden a escucharla.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)