Se ha comentado que Los detectives salvajes podría leerse como un conjunto de cuentos autónomos. De hecho, de ahí ha vuelto a surgir un nuevo relato independiente: Amuleto. Y que la tuya sería, por…
Creo que la novela está muy viva como forma literaria. No hay duda de que cada época tiene sus formas, y la novela, en la actualidad, no puede parecerse a la del siglo diecinueve. En este campo están justificados todos los experimentos, y es mejor escribir algo nuevo torpemente que repetir lo antiguo brillantemente. En el siglo diecinueve las novelas trataban del destino de una persona o de una familia; tenían que ver con la vida en esa época. En nuestra época los destinos de las personas están entrelazados. Lo reconozcamos o no, nuestro destino está mucho más vinculado al de otras personas que antes. Esto modifica la arquitectura de la novela, en la que, como en el cine, hay una sucesión de primeros planos y de planos panorámicos. He tratado de abordarla novela de formas distintas, abandonando la antigua obsesión por construir un personaje en la que se basan las novelas tradicionales
El poeta austríaco Rainer Maria Rilke (1875-1926)PHOTO 12 (UNIVERSAL IMAGES GROUP / GETTY)
Di paso a los diversos onces de septiembre que iban entrando en mi memoria: golpe de Estado en 1973 contra Allende; el derrumbe de las torres gemelas; la muerte de Javier Marías…
Sucede también que un escritor del siglo XX se siente a veces apresado en su tiempo y que la lectura de los grandes novelistas del XIX -Balzac, Dickens, Tolstoi, Dostoievski- le infunde cierta nostalgia. En aquella época el tiempo fluía de forma más lenta que hoy, y esa lentitud estaba más a tono con el trabajo del novelista porque podía concentrar mejor la energía y la atención. Luego, el tiempo se aceleró y avanza a trompicones, lo que explica la diferencia entre los recios macizos novelísticos del pasado, con arquitectura de catedral, y las obras discontinuas y fragmentadas de hoy en día. Desde esa perspectiva, pertenezco a una generación intermedia y siento curiosidad por saber cómo las generaciones siguientes, que nacieron con Internet, móvil, correos electrónicos y tuits, expresarán mediante la literatura el mundo al que todos están permanentemente “conectados” y en el que las “redes sociales” menoscaban esa porción de intimidad y secreto que era aún, hasta hace poco, un bien que nos pertenecía, ese secreto que daba hondura a las personas y podía ser un gran tema novelesco. Pero no quiero dejar de ser optimista en lo referido al porvenir de la literatura y estoy convencido de que los escritores del futuro garantizarán el porvenir tal y como lo han venido haciendo todas las generaciones desde Homero.
Desconfío de los escritores que no empezaron haciendo versos. Leopoldo Marechal solía recordar que, para Aristóteles, todos los géneros de la literatura son géneros de la poesía, y Ray Bradbury aconseja leer todos los días un poema antes de ponerse a escribir un cuento o una novela. Todo escritor verdadero es esencialmente un poeta. Ser poeta no significa escribir en verso, ni el puro acto mecánico de versificar garantiza la poesía. Cuando uno dice «poeta» piensa en Góngora, en Machado, en Lorca, en Neruda, en Vallejo. Son, digamos, poetas en estado puro. Pero hay otro tipo de escritor que llega a los versos a través de la prosa, como Borges, como Quevedo, incluso como Poe. Y hay todavía un tercer tipo, el gran prosista, que no puede escribir versos, aunque seguramente empezó haciéndolo en su adolescencia. William Faulkner le confesaba a Jean Steen: «Soy un poeta malogrado. Quizás todo novelista quiere escribir primero poesía y descubre que no puede, y entonces intenta escribir cuentos, que es la forma más exigente después de la poesía, y, al fracasar, sólo entonces se dedica a escribir novelas.
La poesía no es una manera de escribir, es más bien un modo de vivir, de percibir el mundo.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)