El escritor colombiano Tomás González / CAMILO ROZO
El escritor colombiano, que huye de la atención mediática tanto como del exceso narrativo, publica en España ‘La luz difícil’, una hermosa novela sobre el amor paternofilial
Los libros de segunda mano son libros salvajes, libros sin hogar; se han reunido en grandes bandadas de plumas variadas y tienen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de la biblioteca.
Ismaíl Kadaré recupera el episodio de la llamada de Stalin a Boris Pasternak, por entonces el mayor poeta soviético, en un libro inclasificable por su variedad temática.
La escritura viene de otra parte, de otra región que no es la de la palabra oral. Es la palabra de otra persona que no habla. Sin embargo, me ocurre también, que usurpo el silencio de la palabra escrita y no me puedo detener, lo cual es siempre un poco inquietante. Después estoy muy mal, triste. Esta palabra se dirige a una sola persona, que nunca he visto, que no conozco, y que conozco, y que lee. Se trata de una experiencia particular muy difícil de comprender.
Del éxito de una editorial dan cuenta factores diversos. Uno de ellos es el número de libros influyentes publicados; otro, el de las generaciones que se formaron leyéndolos. Anagrama lleva muchas décadas ganando en ambos frentes.
A punto de cumplir los 80 años, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) se muestra jovial e inclinado al humor más afinado en la conversación. Hoy será el encargado de inaugurar en Málaga la tercera edición del Festival Escribidores en conversación con Juan Gabriel Vásquez y volverá…
Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen las alacenas, de que se lleven las especias, los fideos. Antes de que se terminen los días felices y las tardes de domingo. Antes de la última de las madrugadas. Antes del final de la angustia. Antes de que se acaben el sexo sin amor y el amor sin sexo. Antes de que la ropa se pudra en los placares. Antes de que descuelguen los cuadros y cubran los sillones con lienzos y cierren las ventanas para siempre. Antes de que quemen las fotos. Antes de que se resequen los felpudos, de que se oxiden las cortinas en sus rieles. Antes de que se terminen la curiosidad, los huesos, el hígado y las córneas. Antes de que se sequen todas las plantas del balcón. Antes de que no haya más nieve, ni colores, ni trópicos. Antes del final de todas las selvas, de todos los mares, de todos los reflejos en el agua. Antes del último poema. Del final de las veredas y las calles. Del fin de todos los paseos. Antes del adiós a todos los aeropuertos y todos los aviones y todas las ciudades y todos los cafés con vidrios empañados. Antes de la cancelación de todas las discusiones, de todos los argumentos, de todas la furias, de todos los desprecios. De todas las metálicas ansiedades. Antes del fin de los gritos, de la desolación y de la culpa. Antes de la última agenda, del último viernes, del último bar, del último baile. Antes de que se apaguen todas las cúpulas y todas las pantallas. Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. ¿Pero cómo? ¿Cómo? “Qué admirable / el que no piensa «la vida huye» / cuando ve un relámpago”, escribió Basho. Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él.
Quizás tendrían que haberle grabado una inscripción, un epitafio como a todas las estatuas: Hay que admitir que si bien aquello no era vivir, era magnífico, para que se convierta en un símbolo: a l…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)