Crítica: «Los armarios vacíos». Maria Judite de Carvalho

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Lea los poemas que le gusten. Dylan Thomas

Lea los poemas que le gusten. No lo preocupe el que sean importantes o perdurables. Después de todo, ¿qué importa lo que la poesía es? Si quiere una definición de poesía, diga: «Poesía es lo que me hace reír o llorar o bostezar, lo que hace vibrar las uñas de mis pies, lo que me hace desear hacer esto, aquello o nada» y conténtese con eso. Lo que importa con respecto a la poesía es el placer que proporciona, por trágico que sea. Lo que importa es el movimiento eterno que está detrás de ella, la vasta corriente subterránea de dolor, locura, pretensión, exaltación o ignorancia por modesta que sea la intención del poema.

Dylan Thomas, de «Manifiesto poético»-

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Entrevista a Joyce Carol Oates | Letras Libres

Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) es una de las escritoras más emblemáticas de la literatura estadounidense de las últimas décadas. En 1963 apareció By the north gate, su primer volumen de relatos, que abrió paso a una obra sustancial y polémicamente prolífica. Publica con fruición artículos, reseñas, relatos, ensayos, memorias y, ante todo, novelas que exploran los más diversos géneros. Ha escrito microrrelatos, cuentos, novelas históricas, sagas familiares, historias de horror gótico e incluso –bajo los pseudónimos Rosamond Smith y Lauren Kelly– elegantes y violentas novelas policiacas.Sus primeros libros tuvieron escasa repercusión en español, pero en la segunda mitad de los noventa Oates empezó a ser más conocida después de la publicación de Qué fue de los Mulvaney, La hija del sepulturero, Mamá, Blonde o Niágara; pronto seguirían, a manera de resurrección, las ediciones de bolsillo de algunas de sus primeras obras: Un jardín de placeres terrenales, Puro fuego o la aclamada Bellefleur, novela con la que incursionó por primera vez en el gótico posmoderno, que, por su plétora de vertientes narrativas y personajes pertenecientes todos a la misma familia, ha sido comparada con Cien años de soledad.Mágico, sombrío, impenetrable (Alfaguara, 2016), su libro más reciente, es una perturbadora colección de relatos en la que aborda temas que lo mismo fascinan y repulsan simultáneamente al lector –la obsesión y objetivación sexual de un animal, la irrupción en la vida doméstica de la misoginia y la misandria, el miedo aparentemente irracional de perder al ser amado o la compleja y pasional vida oculta de un escritor (en este caso el poeta Robert Frost)–, con una prosa envolvente y una sorprendente capacidad para los diálogos.Oates es una mujer alta, esbelta, de voz pausada y aspecto delicado, pero con una mente astuta y en constante movimiento; sus intereses van desde el boxeo (en el que es una autoridad), los gatos, el senderismo (afición que adquirió por su segundo esposo, el neurocientífico Charles Gross) hasta la televisión (ve Downton Abbey y The leftovers). “Muchas veces la literatura se hace también con el pulso de la vida cotidiana, no solo con literatura”, me dijo. Me reuní con ella durante la duodécima edición del Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende para hablar de su forma de trabajo, la importancia de los géneros y las obsesiones que dan forma a su obra.

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Lectura: ‘La historia universal’, de Ali Smith

La escritora escocesa Ali Smith.

Crítica de ‘La historia universal’, de Ali Smith

La escritora escocesa Ali Smith ofrece en ‘La historia universal’ una ejemplar colección de relatos

Origen: Crítica de ‘La historia universal’, de Ali Smith


Textos

Os lo cuento. Me enamoré de un árbol. Era inevitable. Estaba en flor. […]

Te sientas frente a mí a la mesa de la cocina y me dices que te has enamorado. Cuando te pido que me digas de quién, me diriges una expresión de reproche.
No es alguien, dices.
Y entonces me cuentas que te has enamorado de un árbol
.


Teníamos un hombre que robaba libros y que los devolvía después de leerlos: los colocaba discretamente en su estante y se llevaba otros. Lo llamábamos el Maniocléptico. Teníamos un hombre que se dormía apoyándose en las estanterías. Lo llamábamos el Narcoléptico. Teníamos una mujer que en cuanto entraba cogía lo que hubiese en la mesa de novedades y lo hojeaba muy rápido, como si lo fotografiase con los ojos. La llamábamos la Crítica. A las dos ancianas que siempre asistían a cualquier acto de la tienda para beber vino gratis las llamábamos Gabardina y Señora Bastón.


Hace tanto calor que el suelo está seco bajo sus pies. Nunca está seco aquí abajo. Nunca hace tanto calor. Es la clase de día en que es posible pillar una insolación, y ella se lo está perdiendo. Es cierto que hoy las vistas serán espectaculares. En teoría debería encantarle. Le encanta. No sería escocesa si no le encantase. Supuestamente debe sentirse orgullosa. No sería escocesa si no lo estuviese. Lo grabarán. No serían turistas cabrones si no lo grabasen. Se harán fotos. Quizá si no las hiciesen no sabrían si están vivos; quizá significaría que están muertos, o perdidos, o desnudos, si no lo mirasen todo a través de una cámara.


Apoyo la nariz en tu piel. Hueles a ti. Siempre hueles a ti, aunque sé que hay variaciones en tu aroma; el aroma estival a hojas y sudor, el aroma otoñal a humo, el aroma invernal a fuego y lana usada y limpia, el aroma de la primavera no lo recuerdo exactamente y me muero por volver a descubrirlo.

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Dos tipos de escritores. Juan Carlos Onetti

Los escritores se dividen en dos grandes categorías: los que quieren llegar a ser escritores y los que quieren escribir. A los primeros les aconsejaría que se apuren, porque un boom se caracteriza por su breve duración relativa. Los segundos no necesitan ningún consejo.

Juan Carlos Onetti

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El Vieco cortaziano CI

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La correspondencia de García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Cortázar.

Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, en una cena con más amigos en 1970 /EPE

Un libro gozoso, ‘Las cartas del Boom’, recoge las correspondencias de García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Cortázar

Origen: LIBROS | La correspondencia de García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Cortázar

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El arte no tiene ninguna responsabilidad. John Banville

El arte no tiene ninguna responsabilidad para con nada. Velázquez pintó Las Meninas no para hacer del mundo un lugar mejor, curar el cáncer, que los niños estudiasen mejor. Lo pintó para crear un nuevo objeto que tuviera lugar en el mundo. El arte no tiene ninguna responsabilidad en relación a la política, los códigos morales o cualquier otra cosa. »Solo me importa crear arte. Y eso es lo que hace valiosa la literatura: que no me importa nada más. Un artista debe ser honesto y no pretender que está escribiendo por la sociedad, por su propio compromiso. Eso es basura. Esto si son artistas de verdad, claro.

John Banville

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Me gusta envejecer en el silencio de los libros, Pascal Quignard

Me gustan los libros. Me gusta su mundo. Me gusta estar en la nube que forma cada uno de ellos, que se eleva, que se alarga. Me gusta proseguir la lectura. Me entusiasmo al recuperar ese peso liger…

Origen: Me gusta envejecer en el silencio de los libros, Pascal Quignard – Calle del Orco

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El principal problema de escribir poesía. Robert Lowell

El principal problema de escribir poesía es conectarla con lo que realmente sientes, y para eso hay que maniobrar muchísimo. Puede parecerte más importante el pomo de una puerta que un gran acontecimiento personal, y entonces ese pomo se abrirá para revelarte algo que puedas usar como propio. Hay mucha poesía que me parece muy buena dentro de la tradición pero que no me conmueve mucho porque no tiene alma. Quizá le concedo demasiada importancia a eso, pero para mí es algo valiosísimo: alguna imagen, algún detalle en que te hayas fijado… Empiezas escribiendo sobre una tiendecita rural, simplemente la describes, y de pronto el poema se convierte en un relato existencialista de tu experiencia. Sin embargo, el punto de partida es la tiendecita, aunque no entendieras por qué te parecía tan importante. A menudo lo único que tienes son las imágenes y cierta noción del principio y el final del poema, y entre ambos hay un abismo que debes sortear; eso lo sabes aunque no conozcas los detalles. Y es maravilloso: sientes que el poema va a salir. Es una lucha terrible, porque lo que realmente sientes no tiene forma, no es algo que puedas poner por escrito, y el poema que estás preparado para escribir no trata de nada que te importe mucho ni de lo que tengas gran cosa que decir. Entonces llega ese momento extraordinario en que tus recursos técnicos, tu forma de construir las cosas, eso con lo que puedes hacer un poema, cobran la suficiente fuerza, y al fin logras alcanzar lo que realmente quieres decir. Quizá ni si quiera sabías que necesitabas decirlo.

Robert Lowell

Entrevista con Robert Lowell (“The Paris Review”. 1953-1983)

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