Escribir a máquina supone introducir la lectura fija en el momento de escribir, ya que se separa el acto de teclear palabras con la forma de leer lo que se está escribiendo simultáneamente pero en otro registro y en otra posición del cuerpo, sin necesidad de retirarse del papel o de dejar de escribir (como sucede cuando se escribe a mano). Por otro lado el sonido de las teclas crea un ritmo que uno mismo sostiene o modifica, y se dirige al oído al mismo tiempo que al ojo. Las teclas con las letras dibujadas hacen del lenguaje una partitura, una clave que hay que saber interpretar para que la música del lenguaje se deje oír (pero por supuesto yo escribo a mano en un cuaderno con una lapicera de tinta negra)
