Antología de textos: Adolfo Bioy Casares

Como la persona que sorprende, en esas noches de inconcebible arquitectura y en esas vastas madrugadas que siguen a la muerte de alguien, el pensamiento, en medio de la fiel congoja, ya distraído, ya olvidado, así Gauna se preguntó ¿qué es esto? Quiso volver al dolor, a la soleda


Atribuyó el origen de la desgracia a manifiestos errores de su conducta, pero también sospechó que la culpa de todo la tendrían, de una manera oscura y profunda, actos que, en apariencia, no podían vincularse a la voluntad de Clara; por ejemplo, haber cantado el tango «Adiós muchachos»; o haberse atado, a la mañana, el zapato izquierdo antes que el derecho; o haber sumido su alma, a la tarde, en el infortunio que se desprendía de la película «El amor nunca muere».


Caminaba como sonámbulo, no veía nada, o involuntariamente concentraba la atención en un objeto; por ejemplo, cuando miró con insistencia de pintor, en la avenida Forest, en una desnuda vereda, ese árbol corpulento y retorcido, cuyo ramaje, de una tonalidad azul verdosa, parecía doblegarse en una lluvia de hojas sutiles, y se preguntó por qué no lo habrían derribado.

Adolfo Bioy Casares


De «El sueño de los héroes». A través de Isaias Garde

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