Cuando toco tu mano siento el río
de las madres, el agua y sus veneros,
la siembra por hacer y los aperos
de mi labranza muerta en calorfrío.
Cuando toco tu piel, todo el rocío,
la madre tierra, campa por sus fueros,
y en mi sangre los altos aguaceros
domeñan sus furores al estío.
Porque al tocar los surcos de tu mano
siento una voz que llama a la faena
desde la tierra virgen del cortijo.
De hacer feraz la tierra de secano
talando por el tallo la azucena
que adornará la cuna de mi hijo.

Ángel García López
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