P.: No terminamos de entender por qué considera usted tan importante que un novelista reconozca sus propias obsesiones.
R.: Porque, si no es así, el novelista tiene que depender enteramente de su talento, y el talento, por muy grande que sea, no puede sostenerlo todo, mientras que una pasión dominante, como ya hemos visto, es capaz de conferir a toda una serie de novelas la unidad de un sistema.
P.: ¿Se ve mucho con sus colegas escritores?
R.: No mucho, no son mi materia prima. Unos cuantos son buenos amigos, pero, ya sabe, pasar demasiado tiempo en compañía de otros escritores es prácticamente una forma de onanismo.

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