El peligroso oficio de lector. Mikita Brottman

Antiguamente llegó a creerse que los libros tenían poderes ocultos, que podían embrujarte. Uno de los primeros tipos de libro fue el grimorio, un volumen mágico de hechizos considerado tan peligroso que aquel que lo leyera en voz alta (y ésta era la única clase de lectura que existía) quedaría enredado en sus palabras como una mosca en una telaraña. Para revertir el hechizo era necesario leer las palabras al revés hasta llegar al lugar donde se hubiese comenzado. Se consideraba que los libros eran depositarios de símbolos mágicos que, al ser recitados de una manera determinada, podían liberar fuerzas ocultas o emplazar a los muertos. Las creencias relativas a la palabra escrita suponen algunas de las supersticiones más comunes y antiguas, y hoy en día gozan de más actualidad que nunca, aunque parecen tener efectos opuestos.

Mikita Brottman

(Mikita Brottman: “Contra la lectura”)

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