Lectura. “Los errantes”. Olga Tokarczuk

Harold Bloom acaba de dejarnos, pero nos ha legado una enseñanza fundamental: el crítico literario debe ser honesto. Y, honestamente, yo debo reconocer que hasta ahora no había leído nada de Olga Tokarczuk (1962), la escritora polaca a la que la Academia Sueca ha honrado con el Nobel de 2018. Los errantes es el primer título que llega a mis manos de una obra compuesta por relatos, novelas, ensayos y poemas. Comencé el libro sin grandes expectativas, pues el Nobel es un premio que muchas veces obedece a criterios de oportunidad y no de excelencia. Sólo necesité unas páginas para admitir que me había adentrado en un territorio donde el humor, el ingenio y las inquietudes más profundas habían arraigado […]

Origen: Los errantes | El Cultural


Textos

Esta tarde es un confín del mundo, lo he tocado por casualidad, mientras jugaba, sin querer. Lo he descubierto porque me han dejado un rato sola en casa, sin vigilar. Sin duda he caído en una trampa. Tengo pocos años, estoy sentada en el alféizar mirando el frío patio. Han apagado las luces de la cocina del colegio, todo el mundo se ha marchado. Las losas de cemento del patio han empapado la oscuridad y desaparecido. Puertas cerradas, celosías y persianas bajadas. Me gustaría salir, pero no tengo adónde ir. Solo mi presencia adopta contornos nítidos que tiemblan, ondean, y eso duele. Enseguida descubro la verdad: ya no hay nada que hacer, existo, aquí estoy.


Contonéate, muévete, no dejes de moverte. Solo así lo despistarás. Quien rige los destinos del mundo no tiene poder sobre el movimiento y sabe que nuestro cuerpo al moverse es sagrado, solo escaparás de él mientras te estés moviendo. Ejerce su poder sobre lo inmóvil y petrificado, sobre lo inerte y quieto. Así que muévete, contonéate, balancéate, camina, corre, huye, en cuanto te despistes y pares te atraparán sus enormes manos, te convertirán en un monigote, te envolverá en su fétido aliento que apesta a humo y a gas de tubo de escape y a gran vertedero como esos que hay a las afueras de la ciudad. Achatará y empequeñecerá tu alma que perderá todo su colorido, apenas quedará en un recorte de papel de periódico, y te amenazará con fuego, guerra y enfermedad, te atemorizará hasta hacerte perder toda paz y no puedas ya dormir. Te marcará e inscribirá tu nombre en sus registros, certificará tu caída. Llenará tu cabeza de pensamientos inútiles, qué comprar, qué vender, dónde es más barato y dónde más caro. A partir de ese momento, te preocuparás por bagatelas como el precio de la gasolina y cómo este afectará a los pagos del crédito. Convivirás a diario con el dolor, como si tu vida fuera un castigo, pero nunca llegarás a conocer el crimen, ni quién lo ha cometido ni cuándo.


INTENTOS DE ESTEREOMETRÍA DE VIAJE

A bordo de un enorme avión intercontinental un hombre despierta de un sueño desapacible y acerca la cara a la ventanilla. Abajo divisa una tierra inmensa y oscura, solo de cuando en cuando emergen de esa oscuridad tenues grupos de luces: son las grandes ciudades. Por el mapa que muestra la pantalla sabe que es Rusia, algún lugar de la Siberia central. Se arrebuja en la manta y se vuelve a dormir. Abajo, en una de esas manchas oscuras, otro hombre sale de una casa de madera y levanta la vista hacia el cielo a fin de prever el tiempo del día siguiente. Si trazásemos desde el centro de la Tierra una hipotética línea recta, resultaría que durante una fracción de segundo esos dos hombres serían sendos puntos de ella, y quién sabe si sus respectivas miradas no se fundirían una sobre otra. Por un instante son vecinos en vertical, al fin y al cabo ¿qué son once mil metros? Apenas un poco más de diez kilómetros. Para el hombre que está en tierra mucho menos que la distancia al asentamiento más próximo, menor que la que separa algunos barrios de una gran ciudad.


Asistimos a la aparición en la Tierra de nuevos seres que ya han conquistado todos los continentes y la mayoría de los nichos ecológicos. Son gregarios y anemófilos, superan sin dificultad grandes distancias. Los veo por la ventanilla del autobús, anémonas aerotransportadas, rebaños enteros, cual nómadas por el desierto. Individuos solitarios que se agitan ruidosamente aferrados a las escasas y esmirriadas plantas desérticas: a lo mejor es su modo de comunicarse. Los especialistas sostienen que las bolsas de plástico constituyen un nuevo capítulo de la existencia, que trastocan los sempiternos hábitos de la naturaleza, pues se componen únicamente de superficie, por dentro están vacías, y que esa renuncia histórica a contener les reporta pingües beneficios evolutivos. Son rápidas y livianas; sus prensiles orejas les permiten agarrarse a objetos u órganos de otros seres ampliando así su espacio vital. Empezaron por los suburbios de las grandes ciudades y los vertederos de basura y han tardado un par de estaciones ventosas en llegar a provincias y descampados remotos. Se han apoderado de vastas extensiones de la Tierra: desde grandes cruces de autopistas hasta tortuosas playas, desde el espacio de delante de un centro comercial que acaba de cerrar hasta las óseas laderas del Himalaya. A primera vista parecen frágiles, débiles, pero no es más que una ilusión: son longevas, casi indestructibles; sus etéreos cuerpos tardarán unos trescientos años en descomponerse.

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2 respuestas a Lectura. “Los errantes”. Olga Tokarczuk

  1. Àngels Orad dijo:

    Lo estoy leyendo ahora. Y me está gustando mucho. Yo sí había leído de ella Sobre los huesos de los muertos de la Editorial Siriela y te lo recomiendo, también he leído algún cuento como el de La mujer más fea del mundo. Siempre tan cercana, tan… magnífica Olga Tokarczuk
    ¡Saludos!

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