[…] empezaba a comprender que sólo el débil necesita contar historias (el fuerte se limita a protagonizarlas), pero que en esa debilidad se esconde un inmenso logro. Nadie sabría del fuerte si sus éxitos permanecieran inéditos. Todo poder, incluso el más feroz y en apariencia indestructible, tiene necesidad de un escriba. Por eso la escritura, en el fondo, no es otra cosa que acta notarial, archivo y documento.
