[…] Roma, 1919. Benito Mussolini, de 35 años de edad, regresa de la guerra asqueado de la violencia, a la que había admirado en su mocedad. Su mujer, la dulce Clara Petacci, le convence de que se dedique a la causa de la paz mundial. Para ello retoma contacto con sus antiguos camaradas anarquistas y socialistas en Lausana, con quienes discute la cuestión. Ellos le aconsejan que organice la Internacional Pacifista, y le ponen en contacto con la viuda del un célebre relojero. Madame Bontemps se entusiasma con Mussolini, quien tiene la verba fácil y da la impresión de ser inteligente y hombre de gran fuerza de voluntad y buen organizador. Le ofrece una buena mensada para que organice la nueva Internacional, y le promete que, si ésta tiene éxito, le legará su enorme fortuna. […]
Origen: Mario Bunge: Historias imaginarias
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