Sobre el poema y el poeta. Mark Strand

[…] Si sucede a menudo que los poemas no se refieren a ninguna experiencia conocida, ni a nada con lo que quede caracterizado su ser, por lo que no pueden ser entendidos, sino absorbidos, ¿cómo se pueden aplicar unas consideraciones sobre el oficio que se justifican con el argumento de que facilitan la comunicación? Quzá sea esta una de las razones por las que la mayoría de las discusiones sobre el oficio no lleguen ni a rozar los elementos esenciales de la poesía. Puede que el poema sea, en última instancia, la metáfora de algo desconocido, y que trabajarlo (o sea escribir el poema) sea un procedimiento para recuperarlo. A lo mejor, retener el origen ausente resulta necesario para mantener la existencia del poema como artefacto inagotable. (Aunque las palabras pueden representar cosas o acciones, cuando se combinan pueden representar algo más: lo no dicho, la unidad de antemano desconocida de la que el poema es ejemplo). Podríamos decir además que, en la medida en que un poema se explica o se parafrasea, deja de ser un poema. Si no queda nada del poema, se habrá converetido en la paráfrasis de sí mismo, y eso, la paráfrasis, será lo que experimenten los lectores, no el poema. Esta es la razón por la que los poemas no deben existir solo en el lenguaje, sno también más allá de él.

Mark Strand
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