Los momentos de revelación son como mojones fronterizos, separados por tramos de unos cientos de metros de tierra de nadie. El poeta siente una revelación al escribir la línea más importante de su nuevo poema. Entre esos instantes de claridad regia se extienden días, semanas o meses de sombra. Y aquí el poeta puede actuar como un historiador y compartir con los lectores no sólo su humanidad extática, sino también su humanidad mate, borrosa, insegura.

Adam Zagajewski