Nació en Oriol en 1895 y murió en Moscú en 1975, oliendo a maestro de semiótica y a incurable fumador. En 1929, recluido por razones políticas en una desolada prisión de Kazajistán, acabó por quedarse sin los papelillos que utilizaba para liar el tabaco y hacerse los cigarrillos, por lo que, en primer lugar, tuvo que fumarse una Biblia y después, desesperado o feliz, reducir a humo todos sus cuadernos con los apuntes para su magistral ensayo sobre Dostoievski.

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos