De tanto en cuanto la muerte y yo somos uno,
comemos el pan de la misma rebanada,
bebemos el vino de la misma copa
y compartimos amigablemente las horas
sin decir nada, leyendo el mismo libro.
De tanto en cuanto la muerte, mi muerte,
se me hace presente cuando estoy solo en casa.
Entonces hablamos tranquilamente
de lo que pasa por el mundo y de las chicas
que ya no puedo haber. Tranquilamente
hablamos la muerte y yo de estas cosas.
De tanto en cuanto, sólo de tanto en cuanto,
es la muerte quien escribe mis poemas
y me los lee, mientras yo hago de muerto
y lo escucho en silencio, que es tal como
quiero que escuche la muerte cuando yo leo.
De tanto en cuanto la muerte y yo somos uno,
mi muerte y yo somos uno, y el tiempo
se deshoja lentamente y lo compartimos,
la muerte y yo, sin hacer ascos,
Dignamente, que diríamos para entendernos.
Después las cosas vuelven a su lugar
y cada cual reemprende su camino.

Miquel Martí Pol