Emilio Renzi. Sobre el punto de vista

Hay que estar atento a la percepción del narrador personal (pero ajeno a la trama) que sólo se dedica a contar una historia, aparece en tercera persona pero de pronto se deja ver como una sombra real en medio de la intriga. Por ejemplo, la diferencia entre la voz que narra en Dostoievski: «Pero no hemos de reproducir aquí todo el flujo de sus pensamientos ocultos. No tenemos tiempo ahora de calar en esa alma.» Y la voz que narra –y escribe– en Saul Bellow: «No sé de qué modo se puede escribir esto.» Hay mayor libertad en D. porque rompe la convención narrativa que hace del narrador una figura invisible. D. lo hace aparecer de pronto como un testigo de los hechos: no sabemos quién es ni cómo se llama, pero está ahí para hacer notar el carácter convencional de la historia (alguien la narra). En cambio B. trabaja con un procedimiento más previsible: el que escribe la historia le habla al desconocido lector como si estuviera escribiendo una carta a un amigo. B. usa la primera persona, lo notable en D. es el uso de un narrador en tercera que se convierte de pronto en una figura “personalizada. Arlt usó la técnica en «Los siete locos», pero identificó a ese narrador en tercera que se hace presente en la acción con el nombre del Comentador (que aparece básicamente en las notas al pie).”

Ricardo Piglia

Ricardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi

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