Lecturas: “A través de la noche”, de Stig Soeterbakken

Con una prosa deslumbrante Stig Sæterbakken obliga al lector a sentir profundamente cercanos todos los estados de ánimo que Karl Meyer, el protagonista de esta extraordinaria novela, manifiesta. La sensación de culpa, la pérdida, el amor o el aislamiento, sentimientos tan característicos de las sociedades occidentales, son las experiencias humanas que se nos trasmiten. La peor pesadilla del dentista Karl Meyer se hace realidad cuando su hijo, Ole-Jacob, se quita la vida.

Stig Soeterbakken. A través de la noche

Esta tragedia es el punto de partida para que el narrador, en una especie de genealogía de la culpabilidad, comience a plantear preguntas esenciales sobre la experiencia humana: ¿Qué hacer para mitigar el dolor de una persona?, ¿cómo se puede vivir con el dolor ocasionado por una pérdida insoportable?, ¿hasta cuándo puede un hombre soportar el sufrimiento causado por la muerte de su hijo?

Editorial mármara


 

Textos

Eva estaba de pie en medio del salón, resoplando como si le faltara el aire. Por suerte -o por desgracia- Stine también estaba allí. Como me la encontré llorando agarrándose  las rodillas, no me quedó más remedio que intentar calmarla. Mientras la abrazaba, me vino a la cabeza una de mis quejas más recurrentes durante el transcurso de los años: la cantidad de horas que Eva pasaba delante del televisor. Recordé que esa apatía con frecuencia me había atacado los nervios, una eterna pérdida de tiempo que ella defendía, si la entendía bien, como una desconexión imprescindible para sobrevivir mientras esperaba una nueva faena, como si su trabajo fuera lo único real y el resto del día solo estuviera destinado a reunir fuerzas para ser capaz de volver a él, como si hubiera desistido de ser quien realmente era cuando estaba en casa conmigo, con nosotros, como si se hubiera trasformado en algo que reservaba para la jornada laboral, como si ya no necesitara esforzarse porque la tarea conmigo estaba finalizada, al contrario que la tarea con los demás. Todo esto me venía a veces a la cabeza cuando la veía recostada en el sofá, con la cara bañada en el resplandor de aquella pantalla que todo lo absorbía.

Una vez que había pronunciado las palabras necesarias para exponer mi relación secreta de la manera más concentrada y cruda posible, tuve la sensación de que ya no la conocía. En ese mismo instante, mi mujer se convirtió en una extraña, en una persona de la que no sabía nada, de la que no tenía motivos para esperar ni una cosa ni otra. Pensé: Todo lo que he aprendido de ti durante estos veinte años juntos, se queda corto en un momento como este. Da igual hasta qué punto he llegado a conocerte, porque cuando pasa algo como esto, resulta que no sé nada de ti, ignoro lo que estás pensando, lo que estás sintiendo, la opinión que tienes sobre mí, cómo juzgas lo que he hecho y lo que he dicho, la manera en que lo he expuesto, mi confesión, lo que opinas de ella, lo que piensas de que no te la haya presentado hasta ahora. No, querida, en este momento no sé nada de ti, no tengo ni idea de qué es real y qué no en relación a ti, a partir de ahora seré incapaz de discernir entre lo cierto y lo falso en lo que medidas, no sabré si me odias cuando digas que me odias, si me quieres en el caso de que medidas que me quieres. No sabré qué hacer si me pides que me quede contigo y con los niños. No tendré ni idea de cómo actuar si me mandas al mismo infierno del que he venido.

Había pasado de saberlo todo a no saber nada. No me di cuenta de que mi niño corría peligro, de que había perdido lo que hace falta para seguir adelante. Él había llegado al final y yo no había estado allí para agarrarlo. ¿Lo hizo por eso? ¿Porque yo no sabía nada? ¿Porque yo no tenía ni idea de lo que le pasaba? ¿Habría sido su manera de contarlo, de hacer que el mundo se diera cuenta de que yo no me enteraba de una puta mierda? ¿Había sido su última protesta contra el cabronazo ignorante que tenía de padre?

Stig Soeterbakken  Stig Soeterbakken. A través de la noche

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