DOCUMENTAL SOBRE ROBERTO BOLAÑO: ‘Escribir no es normal’ sigue los pasos del autor en Catalunya y muestra el impacto de su obra en el presente literario
El periodista chileno Tomás Achurra, de 33 años, dirige la película, que muestra los aspectos ‘vitalistas y luminosos’ del escritor, ‘al amigo y al amante’
El rostro humano es, sobre todo, un compuesto de órganos receptores. La mano es acción: coge, crea y, a veces, se diría que piensa. En reposo, no es un utensilio sin alma, abandonado encima de una mesa o colgando a lo largo del cuerpo: la costumbre, el instinto y la voluntad de la acción meditan en ella, y no hace falta reflexionar mucho para el gesto que van a hacer.
Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrir que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas.
En 1945, Raymond Chandler recibió el encargo de escribir el guión de la película «La dalia azul».
Víctima de su inseguridad, Chandler colapsó cuando sólo faltaba el desenlace. Para intentar revertir la crisis creativa, los directivos de Paramount le ofrecieron una bonificación económica si cumplía con los plazos.
Chandler les planteó una idea mejor: terminar el guión bajo el efecto del alcohol. Raymond consideraba el alcohol una condición indispensable para superar su bloqueo escritor. Escribiría borracho, apenas comería, y un médico le inyectaría suero para evitar que se deshidratara.
A su vez, la Paramount debía asegurarse que dos secretarias se hallasen siempre a su disposición. Chandler, empezaría a dictarles al haber alcanzado el grado etílico que diese rienda suelta a su creatividad.
La estrategia funcionó, y la película le valió a Chandler una nominación al Oscar como mejor guión original.
En 1946, regresa a Irlanda y durante ese viaje experimenta aquella convulsión que modificó radicalmente su manera de enfocar la escritura y su concepción del relato. – Esta toma de conciencia…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)