Álbum de Bibliotecas en construcción. CCLXIII

Biblioteca Montserrat Abelló. Barcelona

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Columna de Leila Guerriero

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Lectura: «No me acuerdo de nada». Nora Ephron

Nora Ephron es un género literario en sí misma. Famosa por su mordaz ingenio, por sus acertados y cómicos análisis de la experiencia femenina y por su capacidad para detectar los absurdos de la vida moderna, es una de las escritoras y guionistas neoyorquinas más singulares e influyentes de las últimas décadas.

En este libro, el último que publicó, Ephron hace un divertido repaso de su pasado, de sus mayores fracasos y alegrías, y se lamenta con humor de las vicisitudes cotidianas. Nos habla –entre otras cosas– de lo que recordamos, olvidamos o inventamos al llegar a cierta edad; de su historia de amor con el periodismo; de cómo sobrevivir a un divorcio; de su preocupante relación con la bandeja de entrada de su correo electrónico; de intimidades, pequeñas manías, recetas favoritas, fiestas desastrosas; y de muchas cuestiones que todas las mujeres se preguntan al llegar a una cierta edad pero que raramente se atreven a confesar.

La autora sintetiza lo mejor de su literatura –sinceridad, humor y una sencillez deslumbrante– en No me acuerdo de nada, sin duda una de sus mejores obras.

«Nora Ephron nos dejó en 2012 y, aunque lo intento, no he encontrado a nadie que la reemplace en mis lecturas con dosis similares de lucidez, inteligencia y gracia.»

(Contraportada)


Textos

Vivo en los tiempos de Google, eso es incuestionable. Y tiene sus ventajas. Si te olvidas de algo, puedes sacar el teléfono rápidamente y buscarlo en Google. El momento del lapsus mental ha dado paso al momento Google, y suena mucho más amable, moderno, juvenil y contemporáneo, ¿verdad? Si le pillas el truco al mecanismo de búsqueda casi puedes demostrar que estás al día. Puedes engañarte pensando que ninguna de las personas sentadas a la mesa te considera una abuela. Y encontrar el fragmento que falta es muy rápido. Se acabó la pesadilla del momento del lapsus mental: la larga búsqueda de la respuesta, las conjeturas, las recriminaciones a uno mismo, la perplejidad que te obliga a pellizcarte, chasquear los dedos de frustración. Simplemente vas a Google y lo recuperas.


No puedes recuperar tu vida (a menos que estés en Wikipedia; en ese caso, puedes recuperar una versión inexacta de tu vida).


Mi madre se volvió alcohólica cuando yo tenía quince años. Fue extraño. No era alcohólico, y de la noche a la mañana se había vuelto una borracha perdida. Se bebía una botella de whisky todas las noches. Alrededor de medianoche salía de su dormitorio dando voces y portazos, y nos aterrorizaba a todos. Mi padre también bebía, pero él era un bebedor blando y sentimental, y de cierto modo, su alcoholismo parecía más benigno.


Casi todos los libros de memorias se concibieron inicialmente como novelas, hasta que el agente o el editor dijo: Esto funcionaría mejor como unas memorias.


Mi mayor fracaso fue una obra de teatro que escribí. Recibió lo que se conoce como críticas dispares: es decir, tuvo algunas buenas críticas pero no en el New York Times. Resistió malamente un par de meses y se acabó. Se perdió todo lo invertido. La experiencia me resultó especialmente dolorosa porque era lo mejor que había escrito nunca. Si me paro un momento a pensarlo, me echo a llorar.


Pero un día te cae la rodilla, el hombro, la espalda, la cadera. Se acaban los sofocos; todo se cae. Te salen manchas. El canalillo parece un hueso de melocotón. Si los codos estuvieran colocados hacia delante, te suicidarías. Ha encogido cinco centímetros. Pesas cinco kilos más y no conseguirías perder uno ni aunque te fuera la vida en ello. Las manos ya no funcionan tan bien como antes y no eres capaz de abrir botellas, tarros, envoltorios, sobre todos esos envases que son un molde de plástico rígido. Si te vieras varada en una isla desierta y la comida estuviera envasada en uno de esos moldes de plástico, te morirías de hambre. Tomas tantas pastillas por la mañana que no te queda hueco para desayunar.

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Crítica: «Nexus». Yuval Noah Harari

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Encuentro con Ezra Pound. Allen Ginsberg

Encontré a Ezra Pound sentado en la placita de enfrente de su pensión, un Pound silencioso, exasperado, más bien taciturno. No conseguí más respuestas a mis preguntas que el incansable movimiento de sus manos. Intenté con mucho cuidado quebrar aquel silencio mortal abrazándole; sí, lo confieso, besándole respetuosamente la frente, mientras le decía:

«Para mí, como para muchísimos jóvenes poetas, usted ha sido un estímulo inestimable, no solo por su obra sino también por su concepción de la poesía según la cual sin cosas no existirían ideas. El estilo de sus poemas ha influido directamente y con gran precisión sobre mi propia concepción de la escritura.

Todo esto que le cuento, ¿tiene algún interés para usted?»

Un gran silencio, seguido de un murmullo muy entrecortado, una voz maltrecha por la edad…

Ezra Pound: Sí, pero mis poemas, por su parte, carecen de cualquier interés. A los 70 años me he dado cuenta de que mi vida no ha sido una quimera, sino una imbecilidad.

Allen Ginsberg: Eso no quita que su obra, ese conjunto artístico de palabras y frases, me ha proporcionado el impulso necesario para mi propia evolución.

Ezra Pound: Puro revoltijo.

Allen Ginsberg: ¿A qué se refiere, a usted, a sus Cantos o a mí?

Ezra Pound: A mi obra. Estúpida y pedante de cabo a rabo. Pero mi mayor error fue mi antisemitismo, ese estúpido prejuicio pequeño burgués.

Allen Ginsberg: Me alegra oírle decir esto. En cualquier caso, usted nos ha enseñado el camino. Cuanto más leo, más me convenzo de que sus poemas son la mayor obra lírica de nuestros tiempos. Y respecto a sus declaraciones sobre política y economía, usted tenía razón. Cada día se ve más claro en Vietnam. Usted fue el primero que nos enseñó a quién beneficia la guerra.

¿Me permite que le bendiga y que le lea un poema?

Ezra Pound: Sí.

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Tres visiones sobre la traducción. Ariana Harwicz

Tres visiones sobre la traducción: Creyentes, agnósticos y ateos. Los creyentes piensan que si lees a Tolstoï en francés estás leyendo a Tolstoï. Los agnósticos creen que en francés es y no es Tolstoï. Los ateos piensan que si no lees en ruso, morirás sin haber leído a Tolstoï.

Ariana Harwicz
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Miedo de escribir. Clarice Lispector

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Los 25 libros más esperados de enero de 2025 | Babelia

De la historia global del azúcar a la sucia realidad de los vertederos y de las esperadas novelas de Rosa Montero, Virginia Feito o Juan Gabriel Vásquez a ficciones trasgresoras sobre la adolescencia y la primera juventud. Una selección de los títulos que llegarán a las librerías este mes

Origen: Los 25 libros más esperados de enero de 2025 | Babelia | EL PAÍS

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Sobre la escritura. Amelie Nothomb

Dentro de mí está el infierno, hay un demonio que quiere destruirme. Mi diálogo interno es una violenta discusión a gritos. Estoy continuamente respondiendo al diablo, intentando explicarle que no soy tan mala como dice. Mientras mantengo mi disciplina de escritura puedo llevar una vida agradable, hacer cosas que me gustan. Mire, nunca he asesinado a nadie, pero muchas veces he sentido la pulsión de hacerlo. Y he comprobado que no se asesina a alguien que nos es indiferente, sino a alguien que nos inspira sentimientos, quizá el amor, con frecuencia el amor carnal.

Amelie Nothomb

(A través de Casa de las Letras)

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Tú no buscas dominar, Hélène Cixous

Tú no buscas dominar. Demostrar, explicar, captar. Y entonces enjaular. Embolsar una parte de la riqueza del mundo. Sino transmitir: hacer amar haciendo conocer. A tu turno quieres afectar, quieres…

Origen: Tú no buscas dominar, Hélène Cixous – Calle del Orco

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