Happy New Year

 

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Cortázar 2Julio Cortázar

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Conciliar el sueño

Lo que ocurre, doctor, es que en mi caso, los sueños vienen por ciclos temáticos. Hubo una época en la que soñaba con inundaciones. De pronto los ríos se desbordaban y anegaban los campos, las calles, las casas y hasta mi propia cama. Fíjense que en mis sueños aprendía a nadar y gracias a eso sobreviví a las catástrofes naturales. Lamentablemente, esa habilidad tuvo una vigencia sólo onírica, ya que un tiempo después pretendí ejercerla, totalmente despierto, en la piscina de un hotel y estuve a punto de ahogarme.
Luego vino un periodo en que soñé con aviones. Más bien, con un solo avión, porque siempre era el mismo. La azafata era feúcha y me trataba mal. A todos les daba champan, menos a mí. Le pregunté por qué y ella me miró con un rencor largamente prolongado y me contestó: «Vos sabés bien por qué». Me sorprendió tanto aquel tuteo que casi me despierto. Además, no imaginaba a qué podía referirse. En esa duda estaba cuando el avión cayó en un pozo de aire y la azafata feúcha se desparramó en el pasillo, de tal manera que la minifalda se le subió y pude comprobar que abajo no llevaba nada. Fue precisamente ahí cuando me desperté, y, para mi sorpresa, no estaba en mi cama de siempre sino en un avión, fila 7 asiento D, y una azafata con rostro de Gioconda me ofrecía en inglés básico una copa de champán. Como ve, doctor, a veces los sueños son mejores que la realidad y también viceversa. ¿Recuerda lo que dijo Kant? «El sueño es un arte poético involuntario.»

En otra etapa soñé reiteradamente con hijos. Hijos que eran míos. Yo que soy soltero y no los tengo ni siquiera naturales. Con el mundo como está. Me parece un acto irresponsable concebir nuevos seres. ¿Usted tiene hijos? ¿Cinco? Excuse me. A veces digo cada pavada.
Los niños de mis sueños eran bastante pequeños. Algunos gateaban y otros se pasaban la vida en el baño. Al parecer, eran huérfanos de madre, ya que ella jamás aparecía y los niños no habían aprendido a decir mamá. En realidad, tampoco me decían papá, sino que en su media lengua me decían «turco». Tan luego a mí, que vengo de abuelos coruñeses y bisabuelos lucenses. «Turco vení», «Turco, quero la papa», «Turco, me hice pipí». En uno de esos sueños, bajaba yo por una escalera medio rota, y zas, me caí. Entonces el mayorcito de mis nenes me miró sin piedad y dijo: «Turco, jodete». Ya era demasiado, así que desperté de apuro a mi realidad sin angelitos.

En un ciclo posterior de fútbol soñado, siempre jugué de guardameta o golero o portero o goalkeeper o arquero. Cuántos nombres para una sola calamidad. Siempre había llovido antes del partido, así que las canchas estaban húmedas y era inevitable que frente a la portería se formara un laguito. Entonces aparecía algún delantero que me fusilaba con ganas y en primera instancia yo atajaba, pero en segunda instancia la pelota mojada se escabullía de mis guantes y pasaba muy oronda la línea de gol. A esa altura del partido (nunca mejor dicho), yo anhelaba con fervor despertarme, pero todavía me faltaba escuchar cómo la tribuna a mis espaldas me gritaba unánimemente: traidor, vendido, cuánto te pagaron y otras menudencias.


En los últimos tiempos mis aventuras nocturnas han siso invadidas por el cine. No por el cine de ahora, tan venido a menos, sino por el de antes, aquél que nos conmovía y se afincaba en nuestras vidas con rostros y actitudes que eran paradigmas. Yo me dedico a soñar con actrices. 

Y qué actrices: digamos Marilyn Monroe, Claudia Cardinale, Harriet Anderson, Sonia Braga, Catherine Deneuve, Anouk Aimée, Liv Ullmann, Glenda Jackson y otras maravillas. (A los actores, mi Morfeo no les otorga visa.) Como ve, doctor, la mayoría son veteranas o ya no están, pero yo las sueño como aparecían en las películas de entonces. Verbigracia, cuando le digo a Claudia Cardinale, no se trata de la de ahora (que no está mal) sino la de La ragazza con la valiglia, cuando tenía 21. Marilyn, por ejemplo, se me acerca y me dice en un tono tiernamente confidencial: «I don’t love Kennedy. I love you. Only you». Sepa usted que en mis sueños las actrices hablan a veces en versión subtitulada y otras veces dobladas al castellano. Yo prefiero los subtítulos, ya que una voz como la de Glenda Jackson o la de Catherine Deneuve son insustituibles. Bueno, en realidad vine a consultarle porque anoche soñé con Anouk Aimée, no la de ahora (que tampoco está mal) sino la de Montparnasse 19, cuando tenía unos fabulosos 26 años. No piense mal. No la toqué ni me tocó. Simplemente se asomó por una ventana de mi estudio y sólo dijo (versión doblada): «Mañana de noche vendré a verte, pero no a tu estudio sino a tu cama. No lo olvides». Como voy a olvidarlo. Lo que yo quisiera saber, doctor, es si los preservativos que compro en la farmacia me servirán en sueños. Porque ¿sabe? no quisiera dejarla embarazada.

BenedettiMario Benedetti

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Reflexiones de un poeta sobre la poesía

La poesía es demasiado difícil.

El poeta quiere seducir al lector para hacerle entrar en el mundo del poema, y este mundo tiene que ofrecer ritmo distinto del que hay en el exterior. Es una forma gentil de elegancia.

Los poemas pueden ser reflexivos o invitar a la reflexión, pero también pueden ser simples y ligeros, pueden ser algo grato para el oído, una música verbal que no tiene  por qué tener sentido. Nos olvidamos que un poema es en primer lugar y sobre todo una experiencia, no necesariamente un vehículo para el significado. ¡En la vida experimentamos tantas cosas que no entendemos! Se puede rechazar o aceptar esa experiencia sin un conocimiento de qué es exactamente lo que hemos experimentado.

Es casi imposible no decir nada cuando uno usa el lenguaje.

Mark Strand 1Mark Strand

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Ambigüedad de la novela

Quiero que en mis novelas haya la misma ambigüedad que en el mundo. Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida.

Javier MaríasJavier Marías

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Los libros más esperados del 2015

Avatar de queleerblogQué Leer

El 2015 promete ser un año agitado en el plano editorial. Mario Vargas Llosa, Haruki Murakami y Jonathan Franzen son, por ejemplo, algunos de los gigantes literarios que lanzarán nuevos libros en el año venidero que contará, además, con otras sorpresas como los inéditos de mitos como Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.

A continuación un repaso por los libros más esperados del 2015:

1. «LOS CUENTOS DE LA PESTE» DE MARIO VARGAS LLOSA
Se trata de una reinterpretación teatral del «Decamerón» de Giovanni Boccaccio en la que el Premio Nobel peruano juega con «la lujuria y la sensualidad exacerbadas por la sensación de crisis, de abismo abierto, de fin del mundo», según adelantó la editorial Alfaguara.

Estos son 10 de los libros más esperados del 2015

2. POEMAS INÉDITOS DE PABLO NERUDA
Una veintena de poemas de madurez del chileno Pablo Neruda hasta ahora desconocidos y encontrados en una caja de manuscritos serán publicados por Seix Barral, que anunció el material, considerado…

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Álbum de bibliotecas en construcción XI

Bibliotecarios en la Mezquita El Azhar, El Cairo, 1950
Bibliotecarios en la Mezquita El Azhar, El Cairo, 1950
Biblioteca – Museo de la Ópera, en el Palacio Garnier, en París
Biblioteca – Museo de la Ópera, en el Palacio Garnier, en París

 

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Decálogo para el aprendiz de escritor

1. Trabaja en una sola cosa hasta que la termines.

2. No te pongas nervioso. Trabaja de forma tranquila, alegre y alocada en lo que sea que tengas a mano.

3. Trabaja según el horario planeado y no según tu estado de ánimo. ¡Para en el momento acordado!

4. Cuando no puedes crear, sí puedes trabajar.

5. Cementa un poco cada día, en lugar de echar nuevos fertilizantes.

6. ¡Mantente humano! Queda con gente, visita sitios, bebe si te apetece.

7. No seas un caballo de tiro. Trabaja solo con placer.

8. Pasa del horario cuando sientas que debes hacerlo, pero asegúrate de volver a él el día siguiente. Concéntrate. Restringe. Excluye.

9. Olvida los libros que quieres escribir. Céntrate únicamente en el libro que estás escribiendo.

10. Escribe siempre y como primera cosa. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo eso viene después.

Henry MillerHenry Miller

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El pulóver azul

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo.

CortázarJulio Cortázar. No se culpe a nadie

(A través de Biblioteca Ignoria)

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Navidad y libros

Arbol de navida con libros

Belén de libros

 

 

 

 

 

 

Arbol de navidad 2

Arbol de navidad de libros

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El tets de la 69

El test de la página 69 lo utilizaba hace ya muchos años el atrabiliario Marshall McLuhan. El profesor recomendaba su método para lidiar con los demasiados libros: después de echar un vistazo a los paratextos y una ojeada al interior, ir a la página 69 y leerla cuidadosamente. [En esa página está la clave de si el libro te interesa o no. Eso dicen…]

Manuel Rodríguez Rivero (Babelia)

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