La muerte

Y la muerte, que yo siempre había considerado la magnitud más importante de la vida, oscura, atrayente, no era más que una tubería que revienta, una rama que se rompe con el viento, una chaqueta que cae de la percha al suelo.

(Final de la novela)

Knausgard. La muerte del padre

Karl Ove Knausgård. La muerte del padre, Anagrama

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Escribir

Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos. De eso trata escribir. No de lo que ocurre allí, no de qué clase de actos se realizan allí, sino del allí en sí. Allí, ése es el lugar y la meta de la acción de escribir. ¿Pero cómo llegar hasta ese punto? […]

[…]  Llevaba varios años intentando escribir sobre mi padre, aunque sin lograrlo, seguramente porque ese tema se encontraba demasiado cerca de mi vida, y por eso no se dejaba introducir de una forma distinta, lo que es en sí la condición de literatura. Es su única ley; todo tiene que someterse a la forma. Si alguno de los demás elementos de la literatura, como el estilo, la intriga, la temática, son más fuertes que la forma, o someten a la forma, el resultado será flojo. Por esa razón los escritores con un estilo fuerte escriben a menudo libros flojos. También por esa razón los escritores con una temática fuerte escriben tan a menudo libros flojos. La fuerza de la temática y del estilo ha de ser abatida antes de que pueda surgir la literatura. Es esta desintegración lo que llamamos «escribir». Escribir trata más de destruir que de crear.

Knausgard. La muerte del padreKarl Ove Knausgård. La muerte del padre, Anagrama

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Los ojos de Rembrandt

Rembrandt tardío 1Lo único que no envejece de la cara son los ojos. Son igual de claros el día que nacemos que el día que morimos. Es cierto que sus venas pueden reventar y las retinas se vuelven más mates, pero su luz no cambia nunca. Hay un cuadro que me acerco a ver cada vez que voy a Londres y que me conmueve con la misma fuerza cada vez. Es el autorretrato del Rembrandt tardío. Los cuadros del Rembrandt tardío suelen caracterizarse por una rudeza casi inaudita, en la que todo está subordinado a la expresión de ese determinado momento, como resplandeciente y sagrado, hasta ahora algo inigualado en el arte, con la posible excepción de lo que Hólderlin logra en sus poemas tardíos, por muy incomparable que suene, porque donde la luz de Hólderlin conjurada en el lenguaje es etérea y celestial, la luz de Rembrandt es conjurada en el color: el de la tierra, el del metal y el de la materia; pero este cuadro, que se encuentra en la National Gallery, está pintado de un modo algo más cercano al clasicismo realista, más cerca de la expresión del joven Rembrandt. Pero lo que representa es al viejo Rembrandt. A la vejez. Todos los detalles del rostro son visibles, todas las huellas de la vida están estampadas en él, se dejan seguir. La cara tiene surcos, arrugas, bolsas, está ajada por el tiempo. Pero los ojos son claros, y aunque no son jóvenes, al menos parecen fuera de ese tiempo que por lo demás caracteriza su cara. Es como si otra persona nos mirase desde algún lugar más al fondo de la cara, donde todo es diferente. Más cerca que esto será difícil llegar al alma de otra persona. Rembrant tardio 2Porque todo lo que tiene que ver con la persona de Rembrandt, sus costumbres y vicios, los olores y sonidos de su cuerpo, su voz y su vocabulario, sus pensamientos y opiniones, su manera de comportarse, sus defectos y sus achaques, todo lo que constituye una persona a los ojos de los demás, se ha borrado, el cuadro tiene más de cuatrocientos años, y Rembrandt murió el mismo año en que lo pintó, de modo que lo que está retratado, lo que Rembrandt ha pintado, es la mismísima existencia de este ser humano, esa existencia a la que despertaba cada mañana, y que enseguida se le metía dentro de los pensamientos, pero que no eran pensamientos en sí, aquello que enseguida se le metía en los sentimientos, pero que no eran sentimientos en sí, y aquello que todas las noches lo abandonaba al quedarse dormido, al final para siempre. Es esa parte del ser humano que el tiempo no toca, y aquello de lo que la luz de los ojos procede. La diferencia entre este cuadro y los demás cuadros tardíos pintados por Rembrandt es la diferencia entre ver y ser visto. Es decir, en este cuadro se ve a sí mismo, a la vez que él mismo es visto, y supongo que esto sólo era posible en el barroco, con su gusto por el espejo dentro del espejo, el juego dentro del juego, la puesta en escena y la fe en la conexión de todas las cosas, una época en la que la perfección artesanal alcanzó un nivel nunca logrado por nadie ni antes ni después. Pero existe en nuestro tiempo y observa por nosotros.

Knausgard. La muerte del padreKarl Ove Knausgård. La muerte del padre, Anagrama

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Escritura y pensamiento

Siempre empiezo escribiendo pensando en el lugar, en el escenario. Después, me imagino qué gente vive allí, o qué gente sería plausible que viviera allí. Los personajes son casi como las plantas que cercen de la tierra. Yo me paso mucho tiempo pensando en mis libros, y una de las cosas a las que más tiempo dedico es a ésa: ¿quién podría vivir en tal o cual sitio? ¿Cómo sería como niño, como adolescente, como adulto? Así es como el personaje va cobrando forma y va creciendo. Es casi como una forma mística en la que el ser humano crece. Pero crece, sin duda, del suelo, de la tierra, y de la familia, de sus padres. Hay algo místico acerca de las personas, de lo que las hace diferentes, y yo siempre he querido escribir eso.

La mayor parte del tiempo de escritura es, en realidad, tiempo de pensamiento. El acto de escribir viene después de haber pensado. Es muy difícil calcular cuánto tiempo te pasas pensando en tus libros, pero yo estoy segura de que en mi caso es la mayor parte del día.

Joyce Carol OatesJoyce Carol Oates

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Álbum de Librerías incompleto 2

Librerías de Breda, Holanda

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Escribir

Escribo siempre que puedo, con nauseas al comenzar y satisfacción al concluir.

Horacio QuirogaHoracio Quiroga

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Mi forma de amarte

No te amo con el amor convencional, conocido 
o henchido por el fuego de una febril pasión; 
te amo con un amor racional que busca 
en lo profundo aquello que a los dos eleva.

No te amo con ese amor que de tan loco 
se escuda detrás de lo insólito para sobrevivir; 
te amo con un amor tangible con los pies en la tierra
pero el sentimiento elevado a la enésima potencia.

Te amo como una suma de todos los amores, 
te amo infinitamente, sin barreras, ni inclemencias 
y esa es mi forma de amarte, con mi alma entera.

Te amo como se ama lo sublime que celebra; 
el tenor de una caricia que no constriñe, libera.
Te amo porque eres tú, el dueño de mi querencia.

Celeste Luz (Poetisa venezolana)

Amor

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Álbum de bibliotecas en construcción XII

Sala de lectura de la Biblioteca Nacional de París.
Sala de lectura de la Biblioteca Nacional de París.

The Wren Library es la biblioteca del Trinity College, en Cambridge
The Wren Library es la biblioteca del Trinity College, en Cambridge

 

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Los mejores libros del año? Ideas…

La autora de «La abuela civil española» (Seix Barral), Andrea Stefanoni, dice que «todos y cada uno de estos libros tienen las siguientes cualidades: son inolvidables, no se pueden dejar, no se pueden no releer, no se pueden no prestar ni dejar de reclamar. No se saltean ningún café sin ser nombrados. Y quieren entretener sin dejar de hacerte más liviano o más pesado tu camino», y elige: «Intemperie», Jesús Carrasco (Seix Barral); «Tres noches», Austin Wright (Salamandra); «Los cansados», Michele Serra (Alfaguara); «Kassel no invita a la lógica», Enrique Vila-Matas (Seix Barral); «La pregunta de mi madre», Luis Mey (Alfaguara); «El jilguero», Donna Tartt (Lumen); «Nos vemos allá arriba», Pierre Lamaitre (Salamandra); «Lenin y vos», de Bruno Bauer (La parte maldita); «Cazador de Ratas», Marina Tsvietáieva (Paradiso); «La colmena de cristal», Philip Maitland Hubbard (La bestia Equilátera).

Fuente: Infobae.com

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Poeta farsante

El poeta -para qué vamos a negarlo- casi siempre es un farsante que trabaja por impulsos prestados de otros poetas y, sobre todo, por moda; y que dedica el tiempo posterior a su creación a buscar absurdos significados intelectuales a su obra para poder defenderla con ciertas garantías ante el lector amorfo de sus versos mientras infla el pecho y toma esa pose patética de frutero defendiendo ante sus clientes un lote de manzanas podridas.

Luis Felipe Comendador

Luis Felipe Comendador. De ‘La gata sobre el tejado’… inédito de lfc ©

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