Joyce, el proceso de la escritura II

Los impulsos emocionales

Creo que un libro no se puede proyectar de antemano: a medida que uno escribe irá tomando forma, sometido a los impulsos emocionales de uno.

Recordar un mundo que se está extinguiendo

Querida tía Josephine: […] He tratado de recopilar mis notas hasta donde me lo permite mi mala vista, y me he topado con los nombres de varias personas relacionadas con la familia que tenían ya cierta edad cuando yo era niño. Si te mando mi cuaderno de ejercicios con esos nombres escritos en la parte superior de las páginas, ¿serías tan amable (si tienes un rato y te viene algo a la memoria) de apuntar a lápiz o con pluma cualquier cosa que valga la pena mencionar? Detalles de su atuendo, sus aficiones, sus defectos, su voz, su aspecto, dónde vivían, cómo murieron, etc. […] Toda esa gente pertenece a un mundo que se está extinguiendo y me da la impresión de que la mayoría de ellos eran tipos curiosos […] Te agradecería de veras que me dieses toda clase de detalles, porque seguramente eres la única que sabe algo de ellos.

Sabatini. Sobre la escritura. JoyceJames Joyce

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Borges dixit

(…) Todo escritor sabe que una genuina obtención estética suele interesar menos al historiador de la literatura y al periodista y a la discusión de los compañeros y al ya literatizado lector, que una exhibición de métodos novedosos, aunque desacertados. Sabe que la imagen fracasada goza de mejor nombre ahora, que es el de audaz. Sabe que los fracasos perseverantes de la expresión, siempre que blasonen misterio, siempre que finja un método su locura, pueden componer nombradía. Ejemplo: Góngora. Ejemplo: todo escritor de nuestro tiempo, en alguna página.

BorgesJorge Luis Borges. La simulación de la imagen

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El arte de la novela

La única obligación que podemos imponer por adelantado a una novela, sin incurrir en la acusación de ser arbitrarios, es que sea interesante.
Una novela es, en su definición más amplia, una impresión personal y directa de la vida: esto, para empezar, constituye su valor, que es mayor o menor según la intensidad de la impresión.
Podemos luego disfrutar, como autores, del más encantador de los placeres: la escritura. Ella pertenece exclusivamente al autor; es lo más personal que tiene y lo medimos por ella. La ventaja, el lujo, tanto como el tormento y la responsabilidad de un novelista, estriba en que no existe límite a lo que él puede intentar como ejecutante de su arte; no hay límite a sus posibles experimentos, esfuerzos, descubrimientos y éxitos.

Henry JamesHenry James, El arte de la novela

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Diez grandes obras de la literatura en cómic

La literatura a través del cómic

Avatar de queleerblogQué Leer

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El proceso – Franz Kafka (Ed. Ediciones Sins Entido, 128 páginas). Escrito a principios del siglo XX, esta obra ha ejercido una influencia incuestionable en la escuela del absurdo, representada entre otros, por autores de la talla de Sartre, Camus o Beckett. En esta historia, que narra la tormentosa situación que atraviesa un hombre acusado en un oscuro proceso, Kafka relata las preocupaciones y ansiedades del siglo que habría de llegar: la soledad del hombre en un mundo cadente de ley superior, en un futuro incomprensible y sin esperanza.

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El contrato social – Jean-Jacques Rousseau (Ed. Herder Editorial, 200 páginas). Publicado en 1762, esta obra de Rousseau afirma el principio de la soberanía popular: desde su aparición, fue un punto de inflexión para la modernidad y se ha convertido, hasta la fecha, en uno de los textos más importantes de filosofía política.

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Así habló Zaratustra – Friedrich…

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Álbum de librerías incompleto, 7

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Libreria «El Túnel», Buenos Aires
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Librería «Jousseaume», en la Galeria Vivienne, París.

 

 

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Emotiva carta del humanista Oliver Sacks

Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló «De mi propia vida«.

“Imagino un rápido deterioro”, escribió. “Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros”.

Oliver Sacks

He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.

Hume continuaba: “Soy… un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones”.

En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.

Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: “Es difícil”, escribió, “sentir más desapego por la vida del que siento ahora”.

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.

Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).

De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.

Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Oliver Sacks

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En defensa de la lectura

[…] Por eso he venido hoy, especialmente, para hacerles un pedido: les quiero pedir a los chicos y a los jóvenes, con la autoridad que me dan los años, que lean. Yo también he leído de chico, y fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida. Quienes sembraron en mi alma lo que luego los años pudieron expandir. Leía cuanto llegaba a aquellas bibliotecas de barrio, donde primero a través de libros de aventuras, y luego, porque un libro lleva, inexorablememte, a otro libro, a través de los más grandes de todos los tiempos, esos que nos entregan los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia.

Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida.

Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso.»

SábatoErnesto Sábato

(Fragmento del discurso pronunciado durante la presentación del Plan Nacional de Lectura en Buenos Aires, el 18 de mayo de 2004).

(A través de Literatura + 1)

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Lectura. Rilke: Carta III

[…] Y aquí sea dicho el ruego: lea lo menos posible cosas de crítica estética; o son opiniones de escuela, petrificadas y escurridas de sentido por un endurecimiento ya sin vida, o hábiles juegos de palabras en los que hoy prevalece esta opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y por nada tan poco abordables como por la crítica. Solamente el amor puede comprenderlas y tratarlas y ser justo con ellas.

Rilke1

[…] Deje que en sus juicios se opere el desarrollo propio, tranquilo, no perturbado que, como todo progreso, tiene que derivar de lo íntimo, sin que pueda ser acelerado o instado por nada. «Todo» es: llegar hasta el término y después dar a luz. Dejar completarse cada impresión y cada germen de sentimiento absolutamente en sí, en lo oscuro, en lo indecible,  en lo inconsciente, en lo inasequible al propio entendimiento, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora del nacimiento de una nueva claridad; solo eso es vivir como artista: en la comprensión como en la creación.

Rilke. Cartas a un joven poetaRainer Maria Rilke. Cartas a un joven poeta

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Un poema es muy poca cosa

Un poema es muy poca cosa
Apenas algo más que un ciclón en las Antillas
Que un tifón en el Mar de la China
Un temblor de tierra en Formosa
Una inundación del Yang Tse Kiang
Que ahoga a cien mil chinos de golpe
Zas
No eso no da siquiera tema para un poema
Es muy poca cosa

Nos divertimos mucho en nuestro pequeño pueblo
Vamos a edificar una nueva escuela
Vamos a elegir nuevo alcalde y cambiar los días de mercado
Estamos en el centro del mundo ahora estamos cerca del río
océano que corroe el horizonte

Un poema es muy poca cosa.

Raymond Queneau. Para un arte poético 1

(A través de «Libros del Zorro Rojo)

Queneau diverso?

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Carta de Max Aub a su hija Elena

Querida Elena:

Max Aub con su hija Elena

Max Aub y su hija Elena

Me escriben los abuelitos que fuiste por tu “tableau d’honeur”. Me alegra como no tienes idea. Tan lejos de ti, Chatita, es el mejor regalo que le podías hacer a tu papá. Ya sabés que espero mucho de ti y que tengo la seguridad de que serás una estudiante muy aprovechada y que harás honor a tus padres. El estudio es lo más bonito que hay. Lo que sucede es que a veces los maestros no saben explicar bien las cosas y a veces los caminos para llegar a saber parecen muy difíciles, pero cuando se llega a saberlos ¡qué regalo! Ten en cuenta que cuanto más cosas sepas más cosas son como si fuesen tuyas. ¿Te acuerdas cómo le gustaban a Mimin las historias de griegos y romanos? Fíjate: si tu – o Mimin sabe historia – o geografía, o matemáticas – es como si esa parte del mundo fuese tuya y los que no lo saben se quedan sin ello. Los tontos dirán que eso no son pasteles, o sortijas, o casas o panquemados; bueno, allá ellos: pero no importa el saber para tener también panquemados, y aún más fácilmente. Es igual que los idiomas. Si tu vienes a Francia y sabes francés ¿verdad que verás más cosas, te enterarás mejor de cuanto hay, que no el que no lo sabe y necesita ir a remolque de otro que todo se lo traduzca? Pues así es un poco toda la vida. Cuando más se sabe menos intermediarios se necesitan y mejor se aprecian y gozan las cosas. El c’est tout, mon chou. (mira que llamarte col!) Y ya que me he ido por las ramas sea esta carta también para Mimin, que me ha prometido una, explicando su fin de curso que esperaba junto con la de la mamá pero que no he visto. Entre las dos le vais a dar cuatro besos muy grandes grandes, a Carmen, de mi parte. En el café moro donde estoy dan un té con menta que es buenísimo. Parece hierbaluisa, o poleo, con mucho azúcar. Muchísimos besos para las dos mis muy preciosas de vuestro

Papá.

Carta de Aub

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