Encuentro con Borges

Sensación de estar frente a la literatura, o mejor, de ver funcionar una maravillosa máquina de hacer literatura. Habla lento, con extraños cortes en el interior de la frase. Absurdamente, yo me sentía tentado a arrimarle las palabras, como si él se detuviera porque no las encontraba. Siempre él traía por fin una palabra distinta a la que yo imaginaba, más bella y más exacta que la mía. Hizo que le tocara la cabeza para notar la cicatriz del accidente que dio lugar a «El sur». No fue posible percibir ninguna marca, pero sentí que el acto era, en algún sentido, un ritual para él. Lo mismo al irme: me retuvo la mano un largo rato y yo temí ser quien estuviera reteniéndosela, pero al fin la apretó más levemente y volvió a sonreír. Es menos alto de lo que yo recordaba y más bello: ojos grises, sonrisa suave. Imposible hacerle decir algo distinto a lo que dice siempre, lo cual no cambia la magia que construye al hablar para decir lo mismo que uno ha leído. Emocionado cada vez que lo escuchaba usar un tono sentencioso y hondo para recitar textos suyos o de otro. (Manos chicas y feas, zapatos absurdamente viejos y una entonación inolvidable al hablar.)

Ricardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formaciónRicardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi

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Sánchez Ferlosio: Pecios II

(En la almoneda) Esto que llamamos España no tiene posible definición ni descripción. Es, como decía categóricamente don Jacinto, una pieza de museo.

Tengo demasiado sentido del ridículo como para querer acordarme de los años de mi juventud.

(Glosa a Max Weber) No hay ser más feroz ni más temible que el que tiene razón. Ya Weber señaló la inmoralidad de la intromisión de la moral en la guerra en uno de sus pasajes más conocidos, donde llega a llamar «abyecto» al «uso de la ética como instrumento para tener razón»

Los que somos llorones sabemos mucho de la extraordinaria superficialidad de las emociones.

(Honda raigambre) ¿De verdad que tiene usted raíces? ¿Y qué se siente? ¿No es desagradable?

(Personal) Me metí un un bosque de coníferas al pie de La Maliciosa y me dio un extrañamiento: ¿qué hago yo aquí, como un animal sin instinto y un hombre sin experiencia?

Sánchez Ferlosio. Campo de retamasRafael Sánchez Ferlosio. Campo de retamas

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El Vieco cortaziano IX

Rayuela: Capítulo 2

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XXXIV

Biblioteca Nacional de Polonia, en Varsovia.

Biblioteca Nacional de Polonia, en Varsovia.

 

Una biblioteca es un hospital para la mente.

Autor desconocido

 

Biblioteca Nacional de Rusia.

Biblioteca Nacional de Rusia.

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Atrévete a saber

«Dimidium facti, qui coepit, habet; sapere aude, incipe» 

(«El que ha comenzado algo, ya ha hecho la mitad; atrévete a saber, empieza»)

Horacio

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Rápida autobiografía (Curriculum?) de Chéjov

Yo, A. P. Chéjov, nací el 17 de enero de 1860 en Taganrog. Primero estudié en la escuela griega próxima a la iglesia del zar Constantino, luego en el instituto de Taganrog. En 1879 ingresé en la Facultad de Medicina de la Universidad de Moscú. En general, en aquella época tenía un concepto vago de las distintas facultades y no recuerdo en qué consideraciones me basé para decantarme por la Medicina, pero no me arrepiento de la elección. Ya en el primer año empecé a publicar en revistas semanales y en periódicos, y a comienzos de la década de 1880 esas ocupaciones literarias adquirieron un carácter permanente y profesional. En 1888 me concedieron el premio Pushkin. En 1890 viajé a la isla de Sajalín y más tarde escribí un libro sobre nuestras colonias penitenciarias y prisiones. Sin contar las reseñas, las recensiones, los artículos, los sueltos y todo lo que he escrito día tras día en los periódicos, y que ahora me sería difícil buscar y reunir, en veinte años de actividad literaria he escrito y publicado más de cinco mil páginas impresas de relatos y cuentos. También he escrito obras de teatro.

Estoy convencido de que la práctica de la medicina ha ejercido una profunda influencia en mi actividad literaria, pues ha ampliado notablemente el campo de mis observaciones y me ha proporcionado conocimientos cuyo verdadero valor para un escritor sólo puede comprender un médico; también ha ejercido una influencia orientativa; probablemente, gracias a mi familiaridad con la medicina he evitado muchos errores. El conocimiento de las ciencias naturales, del método científico, siempre me ha tenido en guardia; siempre que me ha sido posible he tratado de atenerme a los datos científicos y, cuando no ha sido posible, he preferido no escribir. En ese sentido me gustaría señalar que en el arte las convenciones no siempre permiten una correspondencia plena con los datos científicos; no se puede representar en el escenario una muerte por envenenamiento como sucede en la realidad. Pero la correspondencia con los datos científicos debe percibirse también en tales circunstancias; es decir, es necesario que el lector o el espectador comprenda que se encuentra ante un escritor experto. No pertenezco a esa clase de escritores que manifiestan una actitud hostil a la ciencia ni me gustaría formar parte de quienes extraen conclusiones sobre cualquier tema con la única ayuda de su cabeza.

En cuanto al ejercicio de la profesión médica, siendo estudiante trabajé en el hospital provincial de Voskresensk (cerca de Nueva Jerusalén), en la sección del renombrado médico provincial P. A. Arjanguelski; más tarde, durante un breve período he trabajado como médico en el hospital de Zvenigorod. En los años del cólera (92-93), dirigí el sector de Mélijovo, en el distrito de Seppujov.

ChéjovAntón Chéjov,  con 39 años

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Sabias palabras…

Las monarquías, las aristocracias y las religiones están todas basadas en ese gran defecto de tu raza: la desconfianza que siente el individuo hacia su vecino, y su deseo, por seguridad o por comodidad, de quedar bien ante él. Estas instituciones perdurarán y siempre florecerán, y siempre os oprimirán, os afrentarán y os degradarán, porque siempre seréis y quedaréis como esclavos de las minorías. Nunca ha habido un país donde la mayoría de la gente fuera leal en lo más recóndito de su corazón a ninguna de estas instituciones.

El forastero misterioso, de Mark TwainPalabras de Satanás en El forastero misterioso, de Mark Twain.

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Joan Margarit: «Nuevas cartas a un joven poeta», 1, (2)

Ser poeta

Que la parte más importante del trabajo de un poeta necesita unas condiciones innatas es una primera señal  que escribir poesía no es un oficio o una profesión. Ser poeta es una manera de ser o de estar en el mundo, como diría Heidegger. Un oficio o una profesión no necesitan de una manera tan rotunda ninguna condición inicial.

Error de juventud

Un poema, o bien es un buen poema o no es nada. De aquí viene como puede ser cruel en la madurez el error de juventud de haberse creído poeta y equivocarse, si uno ha continuado intentándolo.

Perversiones de la poesía

Sólo puede engañar, o llevar a la simulación, algunas obcecaciones ajenas a la poesía: la ambición, la soberbia, la creencia que un cierto sello de poeta puede ayudar en algún tipo de promoción, o cualquier otra perversión de la poesía.

Al futuro poeta

Me dirijo, pues, a alguien que no me ha preguntado si se podría convertir en poeta porque no tiene ninguna duda de que lo es o de que lo será. Alguien que no ha encontrado aún su propia voz, pero que sabe que esta voz le está esperando en algún lugar del futuro.

Dos consejo

Lo primero que le diría es que la prisa por publicar no suele llevar más que a arrepentimientos posteriores.

[…] es un capítulo que el joven poeta debe aprender: hay que sumergirse en la obra de los maestros, pero también hay que saber salir.

Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poetaJoan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta

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A vueltas con la imaginación

En la lucha contra la realidad, el hombre sólo tiene un arma: la imaginación.

Théophile GautierThéophile Gautier

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La pulsión del escritor


Una vez Don Delillo me dijo que cuando uno es un artista de verdad no sabe muy bien qué es lo que quiere hacer, simplemente siente una pulsión y la sigue.

Eduardo LagoEduardo Lago

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