Paradoja de el escritor

Vila-MatasHe admirado siempre a los escritores que cada día emprenden un viaje hacia lo desconocido y sin embargo están todo el tiempo sentados en una habitación. Las puertas de sus cuartos están cerradas, nunca se mueven, y sin embargo el confinamiento les proporciona una absoluta libertad para ser quienes deseen ser, para ir donde les lleven sus pensamientos.

Enrique Vila-Matas

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Lectura: «El libro de las despedidas» de Anne Wiazemsky

Anne Wiazemsky. El libro de las despedidasDespués del desastre de Baïgora, en que muere Aditchka, y que Wiazemsky narra en El libro de los destinos los Belgorodsky se ven obligados a trasladarse a Yalta, en tiempos un lugar de veraneo para las familias adineradas de toda Rusia. Allí, entre sus cuñadas Xénia y Olga, los hijos de ellas y su hermana Tatiana revivirán los mejores días de vacaciones donde todavía hay lugar para el lujo y la comida no escasea. Sin embargo, el triunfo de la Revolución no tardará en suceder y una vez más la familia se verá obligada a huir.

«Con sobriedad y elegancia, Wiazemsky nos hace partícipes de una pavorosa tragedia sin caer jamás en el maniqueísmo ni en la nostalgia, describiendo con mano maestra toda suerte de encontrados sentimientos. Una novela absolutamente recomendable.»

Jorge de Cominges, «Qué leer»

La autora

Anne WiazemskyAnne Wiazemsky (Berlín, 1947) es escritora, directora de cine y actriz. Estuvo casada con Jean-Luc Godard (1967-1979) y es nieta de François Mauriac. Su carrera cinematográfica comenzó en 1966 con el papel principal en Al azar, Baltasar de Robert Bresson. Durante su juventud actuó en numerosas películas de Godard y de otros cineastas franceses e italianos. Ha escrito once novelas, entre las que destacan Canines (Premio Goncourt des Lycéens, 1993), El libro de las despedidas (Gran Premio RTL-Lire, 1996) y El libro de los destinos (Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Renaudot des Ly­céens, 1998). También es autora de libros infantiles y de un libro de relatos. Un año ajetreado, galardonada con el Premio Saint-Simon 2012 y el Premio Duménil 2012, es su última novela.


Textos

Una felicidad absurda, animal, invadió a Olga, y le hizo olvidar las dificultades y los padecimientos de los últimos meses. Ya no contaba nada, excepto el deseo de encontrarse lo antes posible de nuevo con sus niños, de precipitarse en el mar y de nadar todo el tiempo que fuera posible. Todo su cuerpo reclamaba, de repente, el agua salada, el sol, el aire delicioso de Crimea. Lanzó un rugido de triunfo como cuando era una niña pequeña, y después una jovencita, hasta que se lo prohibieron con el pretexto de que aquello no era adecuado. La puerta de su habitación se abrió entonces y tres niños descontrolados se arrojaron sobre ella, gritando, chillando, peleándose por cogerse a sus manos y su cuello. En el vano de la puerta, voluntariamente apartada, esperaba la niñera junto al último, el más pequeño. Éste parecía dudar de que aquella guapa señora con camisón y el pelo espeso y castaño que le llegaba hasta la cintura fuera la mamá cuya llegada tanto le prometían desde hacía unos días. Su aire arisco trastornó a Olga y fue a él a quien tomó el primero entre sus brazos.

–Mi pequeñín, mi niñito –no cesaba de decir, y le cubría de besos, mientras los otros tres se agarraban a su camisón.

 

DIARIO DE XÉNIA

27 de octubre de 1917

Tres días seguidos de registros han puesto patas arriba el orden de nuestra casa. Los marineros enviados por el soviet de Yalta buscaban armas, supuestamente. A pesar de mis protestas, cogieron cartas y documentos relativos a la buena marcha de la propiedad. Olga se puso frenética, y le dijo a aquel que se decía jefe de todos ellos: «Vosotros sois la prueba de la debilidad del Gobierno provisional de Kerensky, ¡no le obedecéis a él, sino al soviet de Petrogrado! ¡A los bolcheviques!». Tuvimos miedo de que la detuvieran por la insolencia, pero se contentaron con burlarse de ella. ¿Cómo hacerle comprender que debe ser más prudente? Los niños que se hallaban presentes no tuvieron miedo: consideraron aquella «visita» como un juego. Con la perspectiva de nuestra partida, empiezo ya a preparar los equipajes. Dejo Baïtovo a Oleg con toda confianza. Ninguna novedad de Micha.

 

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La verticalidad no define a un poema

Antonio ColinasHay que distinguir la poesía de la prosa cortada en trozos. La verticalidad no define a un poema. Un poema tiene que tener un ritmo, y un sentido órfico, y tiene que decir en muy pocas palabras lo que el narrador dice en muchas, tiene que tener ese voltaje, esa intensidad. Si no, es lirismo pobre, sentimental, y poco más. Si uno abre un libro de poesía verdadera, la poesía está por todas partes, en cada estrofa, incluso en cada verso.

Antonio Colinas

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Edgar Degas, escritor de sonetos

Ahora les diré algo del pintor Edgar Degas, a quien conocí mucho, y que puede situarse con toda naturalidad junto a Huysmans y Mallarmé. Ustedes conocen bien la obra de Degas, hoy está en los museos. El hombre tenía la personalidad más entera, más viva, a veces la más incómoda; hombre de ingenio, si hubo uno alguna vez, y de una inteligencia singular. Cuando yo le conocí, Degas vivía en una casa de la rue Victor-Massé, hoy demolida, en la que ocupaba tres pisos. En el primero tenía su museo particular. Había acumulado allí obras de pintores que amaba. Tenía Corots, Delacroix, Ingres…, bellísimos. Encima estaba su vivienda, una de las casas más dudosamente barridas y fregadas que haya visto en mi vida. No había allí más que polvo y maravillas, cubrían las paredes sus esbozos preferidos. En el tercero estaba el taller. Allí estaba la bañera, el barreño y las esponjas que tan a menudo hicieron servir sus modelos y que aparecen en tantos cuadros suyos. Pero no quería yo hablarles del pintor ni del crítico admirable que fue. Les hablaré de un Degas menos conocido, del Degas hombre de letras y poeta. Había en él un escritor latente, y, antes de nada, un hombre de ingenio, cuyos dichos y frases son tan conocidos que no los repetiré. También había un DegasDegas poeta, un Degas que, desde ese punto de vista, ocupa perfectamente un lugar en estos recuerdos literarios que hoy les relató a ustedes. No me referiré a él como a un poeta aficionado. Degas, inteligencia exacta, no podía soportar quedarse en el estado larvario del aficionado. Tenía una curiosidad inmediata e infinita sobre todo eso que en las artes constituye el oficio, lo que hoy se llama técnica. Hacía, pues, versos con la conciencia de un oficio que no tenía; los hacía además con enorme trabajo, como debe ser, pues quien hace versos sin tener que esforzarse no hace versos. Cuando se encontraba más desconcentrado, cuando al artista le faltaba la musa o al artista a la musa, pedía consejo; iba a quejarse sobre el hombro de las gentes de aquel otro arte. Unas veces recurría a Heredia, otras a Stéphane Mallarmé; les exponía sus desdichas, sus deseos, sus impotencias; les decía:
“He estado trabajando todo el día con este maldito soneto. He perdido todo un día, alejado de la pintura, en hacer estos versos y no consigo hacer lo que quería. Me duele la cabeza.”
Un día que le contaba esto mismo a Mallarmé, acabó por decirle:
“No me explico porqué no consigo terminar mi poemita, cuando estoy lleno de ideas.”
Y Mallarmé le contestó:
“Pero, Degas, los poemas no se hacen con ideas, se hacen con palabras.”
He aquí una gran lección.

Paul Valéry   Paul Valéry. Recuerdos literarios

(A través de «Calle del Orco»)

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Poema de amor

Estoy aquí, mi amor, estoy aquí,
velando tus naufragios en las noches
en que nadie responde, en las heladas
madrugadas vacías, en las tardes
de desesperación y de locura.
Pon en duda, si quieres, que la Tierra
gire en el desolado precipicio
del espacio infinito alrededor
del Sol, o que los astros sean fuego,
o que el amargo río de la vida
desemboque en la muerte. Pero nunca
dudes de que, en la fiebre del fracaso
o en la sed de la angustia, en el abismo
de la ansiedad y del desasosiego,
estoy aquí, amor mío, estoy aquí.
Aunque tú no me creas ni me oigas

Luis Alberto de Cuenca       Luis Alberto de Cuenca

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Inicios V

Svetlana Alexievich. Voces de chernóbil

 

 

No sé de qué hablar…¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?

Svetlana Aleixievich. Voces de Chernóbil

 

 

Don DeLillo. La Estrella de Ratner

 

El pequeño Billy Twillig se subió a bordo de un 747 con rumbo a una tierra lejana. Esto se sabe a ciencia cierta. El hecho de que se subió al avión. El avión era un Sony 747, etiquetado  como tal y programado para llegar a su punto de destino un número exacto de horas después del despegue. Todo esto es susceptible de verificación, marcado con guijarros (khalix, calculus), tan real como el número uno.

Don DeLillo. La Estrella de Ratner

 

 

Carson McCullers. El corazón es un cazador solitario

 

 

 

En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos.

Carson McCullers. El corazón es un cazador solitario

 

 

 

Borges. Las Ruinas Circulares

 

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.

Jorge Luis Borges. Las Ruinas Circulares

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XLIX

Biblioteca Arma de instrucción masiva, en Buenos Aires

Biblioteca «Arma de instrucción masiva». Buenos Aires

BIBLIOTECA DE LA ABADIA DE METTEN – ALEMANIA

Biblioteca de la Abadía de Metten. Alemania

 

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La mujer que fascinó a Nietzsche, Freud y Rilke.. – Cultura Inquieta

Lou Andreas Salomé

Origen: La mujer que fascinó a Nietzsche, Freud y Rilke.. – Cultura Inquieta

Lou Andreas-Salomé, Paul Rée y Nietzsche

Lou Andreas-Salomé, Paul Rée y Nietzche

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Joseph Conrad

…Pero, de pronto, cuando luchábamos para cruzar un recodo, podíamos vislumbrar unos muros de juncos, techos de hierba puntiagudos, un estallido de gritos, un revuelo de músculos negros, una multitud de manos que palmoteaban, de pies que pateaban, de cuerpos en movimiento, de ojos furtivos, bajo la sombra de pesados e inmóviles follajes. El vapor se movía lenta y dificultosamente al borde de un negro e incomprensible frenesí. ¿Nos maldecía, nos imprecaba, nos daba la bienvenida el hombre prehistórico? ¿Quién podría decirlo? Estábamos incapacitados para comprender todo lo que nos rodeaba; nos deslizábamos como fantasmas, asombrados y con un pavor secreto, como pueden hacerlo los hombres cuerdos ante un estallido de entusiasmo en una casa de orates. No podíamos entender porque nos hallábamos muy lejos, y no podíamos recordar porque viajábamos en la noche de los primeros tiempos, de esas épocas ya desaparecidas, que dejan con dificultades alguna huella… pero ningún recuerdo.

Joseph Conrad  Joseph Conrad. En la noche de los primeros tiempos

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Proceso de creación

García MárquezLo que más me importa en este mundo es el proceso de creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?

Gabriel García Márquez

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