Robert Walser: El ángel

Un ángel así hace bien al aguardar a que le digan que necesitan de él. Esto tarda a veces más de lo que él sospecha, pero el caso es que también deberá moderarse, no ha de pensar que es insustituible. No me gustaría ser aquél a quien he convertido en ángel. Lo endiosé para no encontrármelo más en ningún sitio, para que permanezca inmutable como una imagen y yo pueda dirigirle siempre la mirada, según mis necesidades y deseos, cobrando ánimos al verlo. Me da casi lástima, creyó que yo tendría curiosidad y me iría tras él, mientras que prácticamente lo tengo en el bolsillo, o como una cinta en la frente. Yo ya no voy hacia él, su valor me circunda, me veo bañado en su luz. Quien ha sido capaz de dar, también ha sabido recibir. Ambas cosas hay que practicarlas. Él surgió de la compasión, pero puede ocurrir que yo, el suplicante, juegue con él. Duda y tiene miedo. A ratos soy creyente, y a ratos incrédulo, y él debe aguantarlo, el muy querido.

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Robert Walser

(A través de «Zoopat»)

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Los diez libros imprescindibles de Philip Roth

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Origen: Los diez libros imprescindibles de Philip Roth – ABC.es

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La poesía como consuelo

Siempre he dicho que la poesía tiene un elemento curativo, lenitivo. Te consuela de todo lo que detestas, se convierte en una forma de defensa contra las ofensas de la vida, te permite hacer frente a aquello que menosprecias. La verdad es que cuando escribo en contra de algo, después de hacer un poema ya sea satírico o de crítica moral, me siento mejor. Es como si hubiera descansado de una exacerbación, de un deseo de contar algo que no me podía callar.

Caballero Bonald  José Manuel Caballero Bonald

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Mil y un modos de no escribir

Hace pocos días Pedro Mairal contó en una entrevista que para escribir «La uruguaya», su última novela, había tenido que desactivar el wifi y combatir a la “mafia interna” que lo conminaba a enchufarse para encontrar o confirmar tal o cual dato en Internet. Contra los don corleones de la conectividad, el autor utilizó la primitiva técnica del papel y lápiz y fue anotando a un costado todas las inquietudes que pedían ser resueltas ipso facto, decidido a ocuparse de ellas más tarde, cuando la novela no necesitara ya de toda su atención.

El escritor de Chicago Jonathan Franzen contó hace un tiempo que trabaja en una oficina despojada de distracciones (a excepción, quizás, de una cafetera), y que usa una Dell portátil y obsoleta a la que le borró los juegos que venían por default, como el Solitario y el Buscaminas. A modo de un doctor Frankenstein de la cibernética, procedió no solo a quitarle a la máquina la tarjeta incorporada para conexiones inalámbricas, sino que bloqueó de forma permanente su puerto Ethernet conectándole el cable correspondiente con pegamento extrafuerte y luego “serruchándole la cabecita”.

Pero las distracciones no son solo digitales ni una novedad de los tiempos que vivimos. Se dice que Sidonie-Gabrielle Colette dilataba la página en blanco aplicándose día tras día a sacarle pulgas a su bulldog Souci. Victor Hugo, al parecer, escribía nada más que con un chal encima y guardaba su ropa formal lejos y bajo llave para que no le fuese tan fácil dejar de trabajar y escapar calle abajo. Para cumplir con un contrato con Viking, Dorothy Parker creyó que era buena idea huir de las diversiones de Nueva York instalándose en la noctámbula París de los años 30. Y por estos días Claudia Piñeiro, autora de «Las viudas de los jueves», aplica una técnica de aires decimonónicos para eludir el mundo de afuera: “Me quedo trabajando hasta el mediodía en mi cuarto. Me levanto temprano pero en lugar de aparecer en la casa me llevo el café sin que nadie lo note y sigo allí como si no me hubiera despertado”, cuenta.

Douglas Adams, autor de la «Guía del autoestopista galáctico» y de la saga detectivesca «Dirk Gently», elevó la procrastinación a una forma de arte. Cuando él mismo no exigía a sus editores que lo atormentaran con suficientes llamados como para que se le hiciera más insufrible no entregar sus novelas que seguirlas postergando, eran los editores los que lo enviaban lejos de las distracciones de Londres, no siempre con éxito. “Me encantan los plazos de entrega”, dijo una vez Adams. “Me encanta el sonido sibilante que hacen cuando pasan de largo”. Cuando murió repentinamente en 2001, hacía 10 años que estaba trabajando en un libro del que no pudo mostrar ni un borrador.

Es poco probable que a Douglas Adams lo ayudara la técnica empleada por Zadie Smith, que escribió su novela NW gracias a dos aplicaciones que tienen los ominosos nombres de «Freedom»(“Libertad”) y «SelfControl» (“Autocontrol”). La primera bloquea el acceso a sitios web durante tiempos establecidos y se desactiva solo si se reinicia la máquina. La segunda, «SelfControl», es más brutal ya que es indiferente al reinicio: si el autor bloqueó Twitter por siete horas, tendrá que esperar esas siete horas para poder chequearlo de nuevo.

Cada oficio debe tener su propia manera de ser postergado, pero la propensión a la demora que padecen quienes escriben es especialmente virulenta y, según ciertos estudios sobre la procrastinación creativa, tiene que ver más con el miedo al fracaso o a ser tildado de mediocre que con la “atención dividida” o irresistibles gadgets tecnológicos. Por lo demás, se trata de un padecimiento longevo: la “mafia interna” de la conectividad que Mairal intenta mantener a raya tiene mucho en común con las pulgas del bulldog de Colette y con los martinis parisinos que Dorothy Parker se preparaba antes de tomar la pluma. Cada uno escribe como puede.

Ana Prieto. Clarín

 

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Max Jacob. Consejos a un joven poeta, 6. El estilo

No entiendo por estilo la baratija de los «azules angélicos», «las umbrías», etc…,sino la colaboración del sentimiento.

Para evitar el estilo de la descripción científica, varíe cuidadosamente la sintaxis de una frase a otra. Yo hacía antaño colección de fórmulas sintácticas: nunca se dispone de todas las que hacen falta. En ellas estriba la belleza del estilo, su naturalidad, su interés, su atractivo.

Cuando tenga una buena colección de fórmulas sintácticas, recopila también todas las palabras usuales, y si conoce bien la gramática, será un buen escritor. Esto supone mucho, pues hay pocos escritores que escriban.

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Lo que está escrito permanece

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Lo que no está escrito permanece si aporta novedad, permeabilidad -es sinónimo-, invención.

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[…] ¡Estilo poético!. Es un estilo en el que las vocales tienen su número y los diptongos están medidos y las consonantes se repiten o no se repiten. La propiedad de los términos tiene menor importancia que su eufonía.

En poesía, el valor preciso de la palabra solo tiene importancia si esta precisión es exagerada.

max-jacob-2 Max Jacobs. Consejos a un joven poeta

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Cuaderno de poemas. Ángel González

Otras veces

Quisiera estar en otra parte,

mejor en otra piel,

y averiguar si desde allí la vida,

por las ventanas de otros ojos,

se ve así de grotesca algunas tardes.

 

Me gustaría mucho conocer

el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,

comprobar si el pasado

impregna los tejidos del mismo zumo acre,

si todos los recuerdos en todas las memorias

desprenden este olor

a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

 

Desearía mirarme

con las pupilas duras de aquel que más me odia,

para que así el desprecio

destruya los despojos

de todo lo que nunca enterrará el olvido.

 

angel-gonzalez-2  Ángel González

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Luis de Góngora y Argote, poeta oscuro

Nació en Córdoba en 15611, hijo de Francisco, cuidador de los bienes confiscados a los herejes de la Inquisición. Su vida, nacer para morir, podría haber sido una simple línea recta, pero el tiempo no es igual para todos los hombres, y a él le tocó una llena de ángulos y curvas.

En 1588, acusado por el obispo Pacheco de amar a las mujeres y los toros, de frecuentar timbas y teatros, de cotorrear como una chiquilla durante las funciones religiosas e incluso de escribir versos, tuvo que enmendarse pagando una multa muy elevada. Sin embargo, es evidente que para el último de sus pecados, el más frívolo y el más recurrente, no había multa que sirviese. Fue el poeta más oscuro y deslumbrante que se recuerde. Considerándolo algo misterioso, deformó el mundo, que era plano, hasta hacerlo un cóncavo jeroglífico. Y las metáforas, que eran un efímero aliento de la pluma, las esculpió en mármol.

En 1618, esperando una pensión vitalicia que no llegaría nunca, vistió la túnica sacerdotal. Perdidos sus protectores, perseguido por las deudas y por los acreedores, que lo acosaron hasta obligarlo a vender su casa de Madrid ni más ni menos que, según se dice, al sulfúreo Quevedo, su peor enemigo, murió postrado por un severo ictus cerebral en Córdoba, el 23 de mayo de 1627.

Aquel día ascendió sin duda al Paraíso, pero ¿a cuál? Convexo el cielo, que allí arriba era rectilíneo como la verdad, convexos los ángeles, e incluso el majestuoso Dios, que alargó los brazos para recibirlo, porque ciertas épocas no están hechas para quien es plano.

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos

Eugenio Baroncelli. Doscientas sesenta y siete vidas en dos o tres gestos.

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Descargas: 10 libros en pdf de Ernesto Sabato para descargar gratis

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Origen: 10 libros en pdf de Ernesto Sabato para descargar gratis | Ortografía Infinita

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Antoine de Saint-Exupéry. Prólogo de «El principito»

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo un motivo importante para ello: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otro motivo, además: esta persona mayor puede entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo aún un tercer motivo: esta persona mayor vive en Francia, donde padece hambre y frío. Tiene mucha necesidad de ser consolado. Si todos estos motivos no son suficientes, quiero, entonces, dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido primero niños. Pero pocos lo recuerdan.

Antoine de Saint-Exupéry  Antoine de Saint-Exupéry.

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Ricardo Piglia: recuerdo del último erudito

Por Walter Lezcano

Cuando se lee toda la obra de un escritor como Ricardo Piglia (1940-2017), un corpus extraordinario de textos que incluyen novelas, cuentos, clases, entrevistas, prólogos y ensayos, entre otros géneros que van mutando hacia formas más personales y anfibias, se llega a la conclusión de que fue un hombre que puso su existencia en función de la literatura y pudo lograr algo increíble: tener una vida realmente aventurera alrededor de la lectura. Su grandeza estuvo en el tamaño de esa […]

Origen: Ricardo Piglia: recuerdo del último erudito | Conexión Brando 

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