Thomas Bernhard. Los profesores

Pero al fin y al cabo los profesores no son sólo, en lo que al arte se refiere, los obstaculizadores y los aniquiladores, los profesores, al fin y al cabo, han sido siempre en fin de cuentas los obstaculizadores de la vida y de la existencia, en lugar de enseñar a los jóvenes la vida, de descifrarles la vida, de hacer de la vida para ellos una riqueza realmente inagotable por su propia naturaleza, la matan en ellos, no escatiman nada para matarla en ellos. La mayoría de nuestros profesores son criaturas miserables, cuya tarea en la vida parece consistir en echar el cerrojo a la vida de los jóvenes y, en fin y final de cuentas, convertirla en una horrible «deprimición». Al fin y al cabo, a la profesión de enseñante sólo acuden las pequeñas cabezas sentimentales y perversas de nuestra clase media. Los profesores son los peones del Estado y cuando, como en el caso de este Estado austríaco de hoy, se trata de un Estado espiritual y moralmente totalmente lisiado, de un Estado que no enseña más que el embrutecimiento y el enmohecimiento, y un caos que es un peligro público, también los profesores, como es natural, están espiritual y moralmente lisiados, y embrutecidos y enmohecidos y caóticos. Este Estado «católico» no tiene ningún sentido artístico, y por consiguiente, tampoco los profesores de este Estado lo tienen o tienen por qué tenerlo, eso es lo deprimente. Esos profesores enseñan lo que este Estado católico es y lo que les encarga que enseñen: la estrechez de miras y la brutalidad, la bajeza y la abyección, la depravación y el caos. De esos profesores no pueden esperar los alumnos más que la hipocresía del Estado católico y del poder estatal católico, pensé, mientras observaba a Reger y al mismo tiempo miraba otra vez, a través de «El hombre de la barba blanca» de Tintoretto, dentro de mi infancia. Al fin y al cabo, yo mismo tuve esos profesores horribles y carentes de escrúpulos, al principio los profesores del campo, después los profesores de la ciudad, y una y otra vez, alternativamente, los profesores de la ciudad y los profesores del campo, y todos esos profesores me echaron a perder hasta muy entrada la mitad de mi vida, mis profesores me echaron a perder de antemano para decenios, pienso. Y tampoco nos dieron a mí y a mi generación más que las atrocidades del Estado y del mundo corrompido y destruido por ese Estado. Tampoco me dieron más que las adversidades de ese Estado y del mundo marcado por ese Estado. Tampoco me dieron, como no dan a los jóvenes de hoy, más que su «incomprensión», su «incapacidad», su estupidez, su falta de espíritu. Tampoco a mí me dieron mis maestros más que su «incapacidad», pienso. Tampoco me enseñaron más que el caos. Para decenios aniquilaron también en mí, con la mayor brutalidad, todo lo que había en mí en un principio para desarrollarme realmente, con todas las posibilidades de mi inteligencia, por amor a mi mundo.Así tiene que ser, así es, dicen esos profesores, y no toleran la menor contradicción, porque este Estado católico no tolera la menor contradicción, y no dejan nada a sus alumnos, absolutamente nada propio. En esos alumnos sólo se mete la basura del Estado, nada más, lo mismo que el mijo en los gansos, y esa basura del Estado se mete en las cabezas hasta que esas cabezas se asfixian. El Estado piensa, «los niños son niños del Estado», y actúa en consecuencia y, desde hace siglos, ejerce su efecto devastador. «El Estado» es quien da a luz en verdad a los niños, «sólo nacen niños del Estado», ésa es la verdad. No hay niño libre, sólo hay el niño del Estado, con el que el Estado puede hacer lo que quiera, el Estado trae a los niños al mundo, a las madres sólo se las convence para que traigan a los niños al mundo, «es del vientre del Estado del que salen los niños», ésa es la verdad. Cientos de miles salen todos los años del vientre del Estado como niños del Estado, ésa es la verdad. Los niños del Estado salen del vientre del Estado al mundo y van a la escuela del Estado, donde son enseñados por los profesores del Estado. El Estado da a luz a sus niños en el Estado, ésa es la verdad, el Estado da a luz a sus niños en el Estado y no los deja ya. Vemos, adondequiera que miremos, sólo niños del Estado, alumnos del Estado, trabajadores del Estado, funcionarios del Estado, ancianos del Estado, muertos del Estado, ésa es la verdad. El Estado fabrica y permite únicamente seres del Estado, ésa es la verdad. El ser natural no existe ya, sólo hay seres del Estado y, donde existe aún el ser natural, se le persigue y se le acosa a muerte y/o se le convierte en hombre del Estado. Mi infancia fue tanto una hermosa infancia como una infancia horrible y horrorosa, pienso, en la que, en casa de mis abuelos, podía ser un ser natural, mientras que en la escuela tenía que ser el ser estatal, en casa, con mis abuelos, era el natural, en la escuela era el estatal, medio día era el natural, medio día el estatal, medio día y, por consiguiente, por la tarde, era el natural y por ello el feliz, y medio día y, por consiguiente, por la mañana, era el estatal y por ello el ser infeliz. Por la tarde era el más feliz, pero por la mañana el más infeliz que se puede imaginar. Durante muchos años fui por la tarde el ser más feliz, por la mañana el más infeliz, pienso.

Thomas Bernhard3Thomas Bernhard. Maestros antiguos (fragmento sobre los profesores y el Estado)

(A través de “Zoopat”)

 

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Bertolt Brecht: A los hombres futuros

A los hombres futuros

Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos hundido, cuando habléis de vuestras debilidades, pensad también en los tiempos sombríos de los que os habéis escapado. Cambiábamos de país como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella. Y sin embargo, sabíamos que también el odio contra la bajeza desfigura la cara. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros con indulgencia.

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

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Las vocaciones

No hay que esperar a que las vocaciones lleguen: hay que salir a buscarlas. Están en todas partes, más puras cuanto más olvidadas. Son ellas las que sustentan la vida eterna de la música callejera, la pintura primitiva de brocha y sapolín en los palacios municipales, la poesía en carne viva de las cantinas, el torrente incontenible de la cultura popular que es el padre y la madre de todas las artes.

García Márquez  Gabriel García Márquez

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La gran novela del otoño

Una guía para iniciar la temporada pertrechado con las mejores lecturas

Cada nuevo curso, los lectores esperan la gran novela; los editores, también, pero a veces se conforman con que sea la primera en llegar. Se garantiza así la atención de los medios y de los libreros antes de la avalancha de premios nacionales, planetas y nobeles, y antes de la campaña de Navidad, momento de vender lo que ya se vende (la revolución rusa en papel de regalo) […]

Origen: La gran novela del otoño | Babelia | EL PAÍS

Javier Rodríguez MarcosJavier Rodríguez Marcos

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¿Por qué leemos?

Leemos de manera personal por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo a toda la gente que quisiéramos; porque necesitamos conocernos mejor; porque sentimos necesidad de conocer cómo somos, cómo son los demás y cómo son las cosas.

Harold Bloom  Harold Blom

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Descargas: Obra Completa de Alejandra Pizarnik (pdf)

Origen: REVISTA EL HUMO – POESÍA: OBRA COMPLETA DE ALEJANDRA PIZARNIK

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Álbum de librerías incompleto, 75

10 librerías de segunda mano en Madrid en las que deberías perderte

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim) Fuente: La línea de fuego Para los amantes de la literatura hay pocos sitios más mágicos que esos que están llenos de libros antiguos, cada uno con sus historias (a parte de las que ya llevan intrínsecas), sus páginas amarillentas por el tiempo, las tapas desgastadas y los títulos a menudo borrados por el uso.

Origen: 10 librerías de segunda mano en Madrid en las que deberías perderte | El Placer de la Lectura

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Umberto Eco: Cómo escribir bien

Por Umberto Eco

1.- Evita las aliteraciones; solo gustan a los “estúpidos”.

2.- No abuses del subjuntivo: utilízalo solo cuando sea necesario.

3.- Evita las frases hechas: son como la “sopa recalentada”.

4.- Escribe tal y como te expresas. […]

Origen: Cómo escribir bien | El blog de Casa de Letras

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Colección de citas literarias XIV

jules-renard

 

Cuando la verdad rebasa las cinco líneas, es una novela.

Jules Renard

 

 

 

 

Joseph Joubert

 

Sólo buscando las palabras se encuentran los pensamientos.

Joseph Joubert

 

 

 

 

Paul Auster

 

Un libro no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y a veces cambiarlas.

Paul Auster

 

Anatole France

 

 

El artista debe amar la vida y mostrarnos que es bella. Sin él, lo dudaríamos.

Anatole France

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La carta de amor de Pasternak premiada con el Nobel

Borís Pasternak y Olga Ivínskaia quedaron unidos para siempre en ‘Doctor Zhivago’, donde el escritor ruso le rindió homenaje a través del personaje de Lara.

Origen: La carta de amor de Pasternak premiada con el Nobel | Documentos | EL PAÍS Semanal

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