Mire, respire, sienta el viento, o el calor, o la brisa, analice las nubes, prediga que va a llover. Y, sobre todo, escuche: no hay sonido más reconfortante más ignorado que el de la vida cotidiana.

Julio Cortázar
¿Cómo aceptar hablar de este amigo? Ni para alabanza ni en interés de alguna verdad. Los rasgos de su carácter, las formas de su existencia, los episodios de su vida, incluso de acuerdo con la búsq…
Origen: Cómo aceptar hablar de este amigo, Maurice Blanchot – Calle del Orco
Pero la defensa de la poesía no es la defensa de cierta profesión, de los libros, de las librerías, de los bibliófilos, de los lectores exaltados, de las veladas poéticas ante veinte personas; no es ni siquiera la defensa de los poetas, pues los poetas están tan lejos de la poesía como casi los juristas del derecho o los guías de montaña de las nubes. La defensa de la poesía es la defensa de algo que alienta en el hombre, la capacidad fundamental de experimentar el milagro del mundo, de descubrir la divinidad en el cosmos y en otro hombre, en una lagartija y en las hojas de los castaños, de asombrarse y de quedar sumido durante un largo instante en ese asombro. Si esta capacidad se marchita, la especie humana seguirá existiendo, pero empeorada, debilitada, de manera distinta a la que ha existido durante milenios, cuando no había civilización que no pusiera la poesía -en una u otra forma- en el centro mismo de los trabajos humanos.

Adam Zagajewski
Tu no ser es mi estar
sentando en esta tumba, en una
siesta de abril, bajo un sol
tierno, y en un lugar al que le dicen
el mundo -el gran en sí
descubierto, a pleno cielo,
sin la luz que titila adentro,
y en el que esta otra luz, de lo que está
sentado y, provisoriamente, nombra y te
nombra, va pasando, indecisa y lenta,
para que todo, para todos, por fin,
o para nadie, mejor, entero,
resplandezca. Hasta aquí se llega
por muchos
caminos.

Con frecuencia se interroga a los autores sobre cuáles son sus hábitos de escritura: qué horas prefieren, si la mañana o la noche, o si trabajan en el ordenador o en cuadernos manuscritos, o qué manías relativas al silencio o la música prefieren o…
Origen: El tiempo de la escritura – Cuadernos Hispanoamericanos
Rudyard Kipling siempre estuvo muy agradecido con la enfermera que cuidó de su hija mayor Josefina, quien enfermó y falleció de neumonía a los 6 años.
Es por eso, que decidió regalarle un manuscrito diciéndole que si algún día necesitaba dinero podría obtener algo con su venta.
Varios años más tarde, efectivamente, la enfermera lo vendió y pudo vivir el resto de su vida con el dinero obtenido.
Kipling le había regalado el manuscrito original de El libro de la selva.

Rudyard Kipling
(Historias de la Literatura)
Sobre Literatura: Su lectura, su creación, sus textos...
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