CHRISTIAN SCHOLZ: Franz Kafka es un escritor para quien las fotos eran rara vez tranquilizadoras. Usted fue un día a Riva sobre la pista de Kafka, y una foto del poeta aparece en Vértigo. W.G. SEBA…
Me parece el proyecto cognitivo más honrado del ser humano. Nos recuerda que todo conocimiento del mundo procede directamente de su cabeza, como Atenea de la de Zeus. La gente aporta a Wikipedia lo que sabe por sí misma. Si el proyecto sale bien, la enciclopedia, que se renueva cada día, será la mayor maravilla del mundo. Contendrá todo lo que sabemos, cada objeto, definición, acontecimiento y problema que ha ocupado nuestro cerebro; vamos a citar fuentes y proporcionar links. De esta manera empezaremos a tejer nuestra versión del mundo, a arrebujar el globo terráqueo con nuestro propio relato. Lo contendrá todo. ¡A trabajar! Que cada cual escriba aunque sea una sola frase sobre lo que mejor conoce. A veces, sin embargo, dudo de su éxito. Pues solo puede caber allí aquello que sabemos expresar con palabras, las que existen. En este sentido, la enciclopedia nunca será completa. Así que, en aras del equilibrio, deberíamos contar con un segundo compendio de conocimiento, aquello que no sabemos, lo oculto, el revés, el forro, lo imposible de inventariar en una tabla de contenido, uno que ninguno de los buscadores pueda encontrar; debido a su inmensidad, las palabras no sirven de apoyo a nuestras pisadas, que caen en el vacío que las separa, en esos abismos siderales entre los conceptos. Con cada paso perdemos pie y caemos.
Algunos fantasmas son mujeres, ni abstractas ni blancas, de tetas marchitas como pescados muertos. No son brujas, sino fantasmas que aparecen moviendo los inútiles brazos como sirvientas negligentes.
No todos los fantasmas son mujeres, he visto otros; tipos gordos de vientres pálidos, que ostentan sus genitales como trapos viejos. No son diablos, sino fantasmas. Uno de éstos se bambolea descalzo sobre mi cama.
Pero eso no es todo. Hay niños fantasma. No son ángeles, sino fantasmas que giran como tazas de té rosadas sobre las almohadas, pataleando, mostrando sus culos inocentes, berreando para Lucifer.
La escritora Sylvia Plath, en 1954.COURTESY EVERETT COLLECTION / TRES HERMANAS
La publicación en cinco volúmenes de las cartas, muchas inéditas, de la poeta permite asomarse sin intermediarios a una de las vidas (y muertes) más estudiadas de las letras del siglo XX
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los niguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanías. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
No sé si la voluntad de escribir sobre mi infancia –de escribir mi infancia– tiene alguna causa. El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío. En el olvido están los recuerdos. Advierto que mi aprendizaje de vejez no es otra cosa que la forma que adoptan ahora en mí el pasado y sus sombras.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)