La enfermedad de leer. Constantino Bértolo

La enfermedad de leer tiene sus ventajas. Otorga silencio, consuelo, oscuridad, compasión y dulce cansancio… Leer para estar en silencio. Leer para aceptar la muerte, la soledad, la herida y el consuelo.

Constantino Bértolo

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Las palabras estallaban sobre mí, Dylan Thomas

Usted quiere saber por qué y cómo empecé a escribir poesía y qué poetas o tipo de poesía me emocionaron e influyeron en mí. Para responder a la primera parte de esta pregunta diría que en primer lu…

Origen: Las palabras estallaban sobre mí, Dylan Thomas – Calle del Orco

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Dos pequeñas historias. Martín Caparrós

Yo nunca decidí que quería ser periodista, escritor. Lo único que tengo claro es que desde siempre escribí. Hay dos pequeñas historias, una respecto a la lectura y otra a la escritura, que pueden responder a la pregunta. Siempre recuerdo, y lo he instituido como una especie de origen mítico en mi relación con la literatura, un día, cuando tenía poco más de cinco años, en que iba en un coche que manejaba mi padre. En el asiento de adelante estaba él, un amigo recostado y yo en medio; detrás estaban mi madre, la mujer del amigo y mi hermano chiquito. Íbamos por una carretera en medio de la lluvia cuando mi padre perdió el control del coche, que empezó a dar vueltas por el campo. Yo iba leyendo un libro de Emilio Salgari, «A la conquista de un imperio», y en medio de las vueltas mi gran preocupación era que no conseguía seguir la historia. Se me movían las líneas mientras estábamos dando vueltas de campana… Al final el coche paró y con el impacto, en medio del campo, saltó por el aire el parabrisas y por el hueco que dejó salió volando mi libro, que recuperé en medio del barro.  Tiempo después pensé que si en medio de una situación tan amenazadora la lectura me había permitido no tener miedo, no era un mal negocio. La segunda historia tuvo lugar un poco más tarde, cuando tenía siete u ocho años. Me gustaba mucho recitar en los actos de la escuela, los días que se celebraba alguna fiesta patriótica; cuando se conmemoraba el día de la madre, el del maestro y similares. Entonces los chicos subíamos al escenario a recitar algo o a hacer alguna obrita de teatro. En algún momento se me ocurrió que además de recitar podía escribir yo mismo los poemas. Ahí fue cuando empecé a escribir: un poema a San Martín, que era el héroe de la patria argentino, otro a mi madre y así sucesivamente.

Martín Caparrós  Martín Caparrós

 

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Cuaderno de poemas. «El amor después del amor». Derek Walcott

El amor después del amor

Llegará el tiempo
en que, con alegría,
te saludarás a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, y en tu propio espejo
cada cual sonreirá ante la bienvenida del otro,

y dirá, siéntate aquí. Come.
Amarás otra vez al extraño que fuiste.
Dale vino. Dale pan. Devuelve tu corazón
a sí mismo, al extraño que te amó

durante toda tu vida, a quién ignoraste
por otro, a quien te conoce de memoria.
Quita las cartas de amor de los estantes,

las fotos, las notas desesperadas,
Arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

Derek Walcott

Derek Walcott

(Versión de Isaias Garde)

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Ventana a YouTube: ¿Qué estás leyendo?. Leila Guerreiro

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Libros del Asteroide. Fotos y vídeos de Instagram

Origen: Libros del Asteroide (@librosdelasteroide) • Fotos y vídeos de Instagram

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CXCVI

Biblioteca callejera

Biblioteca en Albena, en el Mar Negro, en Bulgaria
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Relato. Eduardo Galeano

Enrique Buenaventura estaba bebiendo ron en una taberna de Cali, cuando un desconocido se acercó a la mesa. El hombre se presentó, era de oficio albañil, a sus órdenes, para servirlo:
-Necesito que me escriba una carta. Una carta de amor.
¬-¿Yo?
¬-Me han dicho que usted puede.
Enrique no era especialista, pero hinchó el pecho. El albañil aclaró que él no era analfabeto:
¬-Yo puedo escribir. Pero una carta así, no puedo.
¬-¿Y para quién es la carta?
¬-Para… ella.
¬-¿Y usted qué quiere decirle?
¬-Si lo sé, no le pido.
Enrique se rascó la cabeza.
Esa noche, puso manos a la obra.
Al día siguiente, el albañil leyó la carta:
¬-Eso ¬ dijo, y le brillaron los ojos¬. Eso era. Pero yo no sabía que era eso lo que yo quería decir.

Eduardo Galeano.

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La correspondencia. Ricardo Piglia

Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar (en qué ánimo, con quién) mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo.

Ricardo Piglia

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Crítica: «Diarios». Stefan Zweig

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